La sostenibilidad ha dejado de ser una rígida normativa a cumplimentar por parte de la empresa para convertirse en una estrategia que da sus frutos a nivel ambiental, social y económico. Ser sostenible vale por tres
08/06/2026 Actualizado a las 12:00h.
Parece impensable que el concepto no se acuñara hasta finales de los años 80 y que hasta hace apenas dos décadas nos resultara prácticamente una desconocida. Hoy escuchamos la palabra sostenibilidad aplicada a infinidad de ámbitos y, obviamente, no es ajena al mundo de la empresa.
De hecho, podríamos decir que en los últimos tiempos ha cambiado radicalmente el modo en el que las compañías miran a la sostenibilidad. Hace no mucho tiempo era poco menos que un engorro, una serie de requisitos a cumplimentar para poder estar en regla. Pero hoy en día se ha convertido en un elemento troncal de las empresas. No es solo que ser sostenible no se negocie, sino que se ha convertido en esencial para ser competitivo. Cada vez más empresas, grandes y pequeñas, incorporan un departamento de sostenibilidad que traza un plan a futuro para que todos los equipos de trabajo de la empresa se desarrollen en base a unos criterios que garanticen que la empresa cuidará del medioambiente y de sus empleados como base para ser viable económicamente a medio plazo.
Huelga decir que la sostenibilidad económica es el objetivo final de cualquier empresa. Sin ella no hay futuro. Pero hace tiempo que los consejos de Administración y los órganos decisorios de las compañías más importantes se han dado cuenta de que conseguir esto dejando de lado las otras vertientes de la sostenibilidad, la ambiental y la social, es prácticamente inviable. Se trata de utilizar la sostenibilidad como medio para alcanzar el éxito y huir del denominado 'greenwashing', una mal llamada sostenibilidad que se asemeja más a una campaña de marketing que a la integración de este concepto como parte de la estrategia empresarial.
AmbientalEs, probablemente, el primer ámbito del término 'sostenibilidad' que nos viene a todos a la cabeza al escucharlo. Todo lo relacionado con el cuidado del entorno, con la reducción de la huella ecológica y con la optimización de los recursos naturales. Hoy en día, uno de los objetivos a largo plazo de muchas industrias es la neutralidad climática. Dando por hecho que en muchos de los sectores resulta prácticamente utópica, todas las empresas trabajan por reducir sus emisiones al máximo. La descarbonización sería el objetivo que aparece en el horizonte. Es muy compleja en algunos casos, pero otros conceptos como el reciclaje, la reducción del consumo de agua, las energías renovables o la economía circular ya forman parte de la idiosincrasia de muchas compañías.
Y no solo en materia de producción sino también en el propio producto final, cada vez más enfocado a generar poco residuo durante su empleo y a que la mayor parte de sus materiales puedan ser reutilizados.
El propio Estado ha ubicado una serie de objetivos para el horizonte 2030 pero, más allá de las exigencias ambientales para cada empresa, probablemente la prueba más evidente del avance en esta materia es que buena parte del parque empresarial europeo, con empresas de todos los tamaños, hace suyos esos objetivos y trabaja por ser más sostenibles por convicción y no por imposición.
SocialCon el paso de las décadas, la sociedad y las empresas en general han ido cambiando su forma de enfocar el negocio y la persona ha ido ocupando un espacio cada vez más central. Probablemente, este sea el eje fundamental de la denominada sostenibilidad social, pero esta impacta más allá de la propia empresa y adquiere un compromiso con el entorno, con la comunidad, con los proveedores o con los clientes.
Empezando por 'intramuros', por el empleado, la sostenibilidad social habla de salarios dignos, conciliación o condiciones laborales justas. La igualdad entre todos los empleados y el compromiso con la diversidad y la inclusión también son puntos básicos de una empresa que pretende ser socialmente sostenible. Se trata de que la empresa se olvide de géneros, culturas, edades o capacidades a la hora de contratar y de promocionar a sus empleados, que cualquier compañía sea un entorno libre de discriminación.
La sostenibilidad social debe empezar a aplicarse por la parte más alta de la pirámide empresarial. La gobernanza de una empresa socialmente sostenible debe ser transparente y participativa, debe tener una comunicación honesta tanto hacia el trabajador como hacia la comunidad y debe hacer gala de ese compromiso con el entorno a través de una inversión en proyectos sociales, educativos o relacionados con la salud. Es algo muy visible en algunos casos a través de la obra social, de los patrocinios de determinadas pruebas deportivas o actividades culturales. Es, probablemente, la forma más tangible de impactar en la comunidad, en la gente del entorno de la empresa y esto, además, tiene un retorno en forma de reputación y de confianza en quienes son tus consumidores potenciales.
Se puede decir que Gipuzkoa es un territorio avanzado en sostenibilidad social, puesto que desde hace décadas es referente en un modelo que pone a las personas en el centro y que tiene un enorme impacto sobre el entorno: el cooperativismo. La denominada economía social es el ejemplo más claro de sostenibilidad social y bajo este modelo se han creado algunas de las empresas punteras del territorio, que demuestran que la competitividad también se puede lograr con la persona en el centro y con un modelo de gobernanza democrático en el que cada persona, cada trabajador, tenga un voto y, por ende, voz en el futuro de la empresa para la que trabaja.
EconómicaPuede decirse que la suma de todos los ámbitos de la sostenibilidad lleva, indefectiblemente, a la sostenibilidad económica. Es el objetivo final de cualquier empresa, pero en los últimos años han caído en la cuenta de que sin una política de sostenibilidad a todos los niveles es mucho más complejo alcanzar esa viabilidad económica. Porque una política ambiental clara y decidida, una política social que cuide al empleado, ahonda directamente en un mejor rendimiento y en una mayor competitividad.
La sostenibilidad económica pasa por la rentabilidad y esta también pasa por invertir en eficiencia energética, por invertir en formación o por invertir en el bienestar de los trabajadores para multiplicar su eficiencia. Y, sobre todo, pasa por planificar, por tener un plan a medio-largo plazo que permita un desarrollo sostenible de la empresa y que sea rentable durante los próximos ejercicios, sujetando de esta forma en el tiempo su apuesta por la sostenibilidad y por el entorno social en el que vive.
Huelga decir que, si bien todas las sostenibilidades aportan en pos de la económica, ninguna es viable sin esta última. Es evidente que todas están interrelacionadas y que ninguna por sí sola es viable.
Por ello, es crucial entroncar el concepto de sostenibilidad en las raíces de la empresa y que este sea transversal, que desde la filosofía empresarial abarque todas las áreas para que la compañía continúe evolucionando.