La experta en medicina felina y nutrición clínica explica por qué algunos gatos se obsesionan con la comida durante una dieta y recuerda que adelgazar bien exige atender tres frentes: nutrición, bienestar emocional y un dolor crónico
Bienvenidos al consultorio de Peludos. En este espacio, veterinarios, educadores y especialistas en comportamiento animal responden cada semana a las dudas de nuestros lectores. Aquí encontrarás respuestas prácticas y recomendaciones pensadas para mejorar la convivencia y el bienestar de los animales. ¿Tienes preguntas sobre tus peludos? Envíanoslas a peludos@lavanguardia.es y los expertos las resolverán.
Pregunta: ¿Cómo conseguir que un gato adelgace sin sufrir ansiedad por la comida?
La obesidad es uno de los problemas de salud más frecuentes en los gatos que viven en casa. Y cuando el veterinario recomienda que el animal adelgace, muchas familias se topan con una escena difícil: el gato maúlla antes de la hora, sigue a sus cuidadores por el pasillo y convierte cualquier movimiento hacia la cocina en una expectativa.
Pero adelgazar no tiene por qué significar pasar hambre. “Uno de los errores más frecuentes es pensar que un programa de pérdida de peso consiste en dar menos comida. Para que funcione, hay que trabajar sobre una tríada: una nutrición adecuada, un manejo ambiental que cuide su bienestar emocional y la detección de posibles situaciones de dolor crónico”, explica Judith González Ruiz, veterinaria especializada en medicina felina y nutrición clínica al frente de Namasvet.
¿Es normal que un gato tenga más hambre mientras adelgaza?
No necesariamente. Al reducir el aporte energético, algunos gatos muestran los primeros días un interés mayor por la comida. Pero una ansiedad sostenida, con vocalizaciones persistentes o búsqueda compulsiva de alimento, no es el peaje inevitable de una dieta: es una señal de que el plan hay que revisarlo. Un gato en un programa de pérdida de peso no debería vivir obsesionado con la comida durante meses. Si ocurre, hay que valorar si la restricción energética es adecuada, si la dieta genera suficiente saciedad o si intervienen factores relacionados con su entorno, su estado emocional o con el dolor. Además, la conducta se aprende: si maullar consigue una sola vez adelantar la toma, el gato habrá comprobado que insistir funciona.

¿Puede pedir comida por aburrimiento?
Sí. En muchos gatos de interior, la comida acaba siendo el acontecimiento más estimulante del día. En libertad, un felino dedicaría buena parte de la jornada a acechar y capturar presas pequeñas repartidas en varias tomas; en casa, el alimento aparece de golpe en un cuenco y se resuelve en unos minutos. Desde el punto de vista nutricional, un cuenco puede cubrir perfectamente sus necesidades. Pero comer también es una conducta. Para algunos gatos, recibir toda la comida de una vez y sin ninguna estimulación significa pasar gran parte del día esperando la siguiente toma.
¿Puede pedir comida por aburrimiento?
De ahí que recortar la ración sin cambiar nada más suela traducirse en frustración. Antes de dar por hecho que el gato tiene hambre, conviene mirar cómo es su día: si juega, si explora o si la comida se ha convertido en su única fuente de entretenimiento.
Lee también
¿Qué tiene que ver el dolor crónico con la ansiedad por la comida?
Más de lo que suele suponerse. Los gatos son expertos en disimular el dolor: pueden convivir con molestias articulares o dentales sin cojear ni quejarse. El asunto es especialmente relevante en animales con sobrepeso, porque el exceso de kilos carga las articulaciones y agrava los problemas de movilidad. Un gato con dolor reduce su actividad, juega menos y pasa más tiempo tumbado. A veces lo interpretamos como que es tranquilo o perezoso, cuando en realidad está evitando movimientos que le resultan incómodos. El círculo se realimenta: se mueve menos, gasta menos energía y gana peso, lo que le complica todavía más moverse. Con menos ocasiones de explorar y de jugar, la comida gana protagonismo.
¿Cómo se consigue que un gato se sienta más saciado?
No hay una receta única: el alimento, la cantidad y el reparto de las tomas se ajustan a cada animal. Lo común a todos los casos es evitar recortes drásticos, porque en esta especie una pérdida de peso demasiado rápida puede desencadenar problemas hepáticos graves. El objetivo nunca es que pierda peso cuanto antes. Queremos que reduzca su grasa corporal de forma progresiva, que mantenga la masa muscular y que siga recibiendo todos los nutrientes que necesita.
Judith González
Veterinaria
¿Qué podemos hacer a partir de ahí?
A partir de ahí hay margen: repartir la ración en varias tomas, valorar dietas con más humedad, esconder porciones por la casa o servir parte del alimento en comederos interactivos y juguetes dispensadores. Eso sí, con una condición. El enriquecimiento tiene que adaptarse a las capacidades de cada gato. Uno mayor o con artrosis no debería verse obligado a saltar para acceder a su comida: lo que estimula a un gato joven puede resultar doloroso para otro.
¿Y el entorno?
Conviene revisarlo también —juego diario adaptado, zonas elevadas accesibles, rascadores, sitios seguros de descanso— y, en casas con varios animales, los recursos. Un gato puede parecer ansioso por comer cuando detrás hay competencia o inseguridad: cada animal debería poder comer sin sentirse vigilado.
¿Cuándo hay que consultar?
Si durante la dieta aparecen cambios llamativos de comportamiento, vocalización excesiva, irritabilidad, conductas compulsivas o búsqueda constante de comida, conviene volver a la consulta. También hay que vigilar la velocidad de la pérdida: los gatos toleran mal los ayunos prolongados y una restricción mal planteada puede acabar en complicaciones serias.
El objetivo no es solo que pese menos.
La obesidad afecta a la movilidad, aumenta el riesgo de determinadas enfermedades y recorta la calidad de vida: alcanzar una condición corporal saludable importa. Pero la báscula no debería ser el único indicador de éxito. Hay que desterrar la idea de que un gato con sobrepeso tenga que estar frustrado para adelgazar. No queremos un gato que coma menos y pese menos: queremos un gato más sano, que se mueva con comodidad, que exprese sus conductas naturales y mantenga una buena calidad de vida.
Para esta respuesta se ha consultado con profesionales veterinarios y especialistas de la red de Pets&Vets. La información proporcionada se basa en criterios generales y recomendaciones orientativas. En ningún caso sustituye una consulta veterinaria personalizada, necesaria para valorar cada caso de forma individual, integral y clínica.