Confundir haber estado expuesto a un virus con tener capacidad de contagio alimenta un miedo que la ciencia y la ley desmienten
Un animal puede estar expuesto a una infección sin estar enfermo. Puede enfermar y recuperarse, necesitar tratamiento o, en algunos casos, padecer una enfermedad grave, exactamente igual que los humanos. El reto de compartir territorio con otros seres vivos no consiste en conseguir un mundo estéril, sino en aprender a prevenir, detectar y tratar las patologías sin culpabilizar al animal que enferma.
Hay algo especialmente interesante en observar una colonia de gatos. Seleccionan dónde comen, beben, descansan y se sienten seguros. Dedican parte importante de su conducta al acicalamiento y cubren sus excrementos si disponen del sustrato adecuado. La limpieza no es una exigencia humana: forma parte de su repertorio natural. Quien los observa a diario conoce bien estos patrones y detecta síntomas o cambios de comportamiento para activar la atención veterinaria.
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Haber estado expuesto a una infección no significa estar enfermo2
Tener una infección no implica desarrollar la enfermedad3
Estar enfermo no equivale a tener capacidad de contagio4
Un resultado positivo en una prueba no convierte al animal en un peligro públicoEl sistema inmunitario de los animales combate continuamente microorganismos. Enfermar forma parte de estar vivo, pero la lógica cambia cuando hablamos de animales comunitarios. Si a una persona enferma le preguntamos qué tiene y cómo tratarla; cuando le ocurre a un gato de colonia, la reacción inmediata suele ser cuestionar si es peligroso o si hay que retirarlo.
Antes de calificar de peligroso a un animal, debemos entender cómo se transmite la enfermedad. La palabra ‘zoonosis’ —enfermedad transmisible entre animales y personas— no define por sí sola el riesgo real. La OMS reconoce más de 200 zoonosis con mecanismos de transmisión muy distintos: algunas requieren contacto directo, otras agua o alimentos, y muchas dependen de vectores como los insectos.
La leishmaniosis es un claro ejemplo de esta complejidad. Un gato, un perro o una persona pueden infectarse, pero nadie contagia la enfermedad por acariciar o convivir con un gato infectado: requiere la picadura de un insecto vector.
No estamos ante un simple “gato con leishmaniasis”, sino ante un ecosistema donde interactúan personas, animales, insectos y medio ambiente. La pregunta, por tanto, no es solo qué hacer con el gato, sino qué ocurre en ese entorno.

La palabra ‘reservorio’ no significa que todos los individuos contagien. Indica que un microorganismo se mantiene en una especie y participa en su ciclo bajo ciertas condiciones. La ciencia utiliza desde hace décadas especies centinela para analizar la salud del entorno.
Un estudio realizado entre 2005 y 2007 (publicado en 2022) con 291 gatos de vida libre en Murcia relacionó su exposición infecciosa con el paisaje urbano y agrícola, demostrando su valor como indicadores ambientales. Asimismo, una revisión científica masiva de 88 países constató que los gatos con familia que salen al exterior tienen una probabilidad de infección similar a la de los gatos comunitarios.
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El centinela no es el culpable de lo que detecta. Un resultado positivo es información, no una sentencia. Además, en España la Ley 7/2023 prioriza la permanencia de los gatos comunitarios en sus colonias y limita estrictamente su retirada o sacrificio a criterios veterinarios motivados. Investigar es necesario, pero interpretar bien los datos también: ante un positivo debemos preguntarnos si el animal está enfermo, cómo se transmite el microorganismo y qué atención requiere.
Olvidamos con frecuencia que los humanos modificamos los territorios, transportamos especies y alteramos el clima, creando condiciones para la propagación de enfermedades. No somos observadores externos. La respuesta social no puede ser eliminar a las especies que alojan microorganismos, sino aplicar prevención, vacunación y tratamiento. Esta es la esencia del enfoque ‘One Health’: la salud humana, animal y ambiental son una sola. Proteger a las personas y a los animales no son objetivos enfrentados, sino complementarios.

Soy educadora en el vínculo humano-felino, especializada en el comportamiento de las gatas y los gatos, formada en Antrozoología y en la IAABC con certificación internacional. Busco el beneficio para la vida de todos los seres vivos.