No hay consuelo posible. El enfado es monumental y ni siquiera el punto obtenido en un campo tan difícil como Ipurua alivia la rabia que siente el mallorquinismo por lo que sucedió este sábado ante el Eibar. La rajada de Luis García, que siempre suele ser prudente ante los micrófonos, evidencia el sentir de un equipo que no entiende cómo no ganó. El nombre del colegiado navarro Iosu Galech Apezteguía está en boca de todos por sus errores, que perjudicaron decisivamente a los bermellones, pero también el de Juan Luis Pulido Santana, responsable del VAR, por no corregirle.
No hay consuelo posible. El enfado es monumental y ni siquiera el punto obtenido en un campo tan difícil como Ipurua alivia la rabia que siente el mallorquinismo por lo que sucedió este sábado ante el Eibar. La rajada de Luis García, que siempre suele ser prudente ante los micrófonos, evidencia el sentir de un equipo que no entiende cómo no ganó. El nombre del colegiado navarro Iosu Galech Apezteguía está en boca de todos por sus errores, que perjudicaron decisivamente a los bermellones, pero también el de Juan Luis Pulido Santana, responsable del VAR, por no corregirle.
Está por ver las consecuencias que tendrá este resultado en el desenlace de la Liga, pero lo que es seguro es que el Mallorca se las prometía muy felices con el 0-1, hasta que en el minuto 82 el colegiado consideró que John Chetauya cometía penalti sobre Iván Gil. El contacto existe, cierto, pero llega después de que el atacante del Eibar hubiera disparado a portería. Es una acción residual, como se cansó de repetir Luis García, que no debería haberse señalado. Lo peor es que eso provocó que el zaguero bermellón viera la segunda tarjeta roja y dejara a los suyos con diez durante los últimos ocho minutos, más el descuento. Arnau Tenas adivinó la intención de Martón y despejó la pena máxima con una soberbia parada. La euforia se disparaba, pero todavía quedaba trabajo por delante.
Y en el tiempo extra, cuando parecía que el 0-1 iba a ser una realidad, llegó otra jugada digna de estudio. Guille Fernández, que había salido media hora antes, se acercó demasiado a Adu Ares, que se internaba en la frontal del área. El ex del Barcelona quizá fue demasiado ingenuo al intentar quitarle la pelota, pero lo que es seguro es que, en su afán por hacerlo, no contacta con el jugador armero, que ni siquiera acierta a golpear el balón y se tira como si le hubieran derribado. Lo que resulta difícil de entender para el Mallorca es que el árbitro del VAR ni siquiera instase a su compañero a revisar la jugada. Pareció que tenían prisa en que Iván Gil marcara el gol y dejara el marcador en 1-1.
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