En una tranquila calle del barrio barcelonés de Gràcia, una campanilla hace las veces de timbre en ESMA Events. Lejos del ajetreo de las pasarelas, dentro de este estudio reformado con patio interior al fondo donde crecen plantas tropicales se respira el aroma de velas prendidas por toda la planta baja. Hay cuadros apilados en el suelo, con fotos en blanco y negro de modelos famosas y 'shows', que antes estuvieron colgados en la antigua sede de Rambla de Catalunya de esta agencia de producción de desfiles, cástings y eventos de moda para marcas de lujo, nacionales e internacionales. Seguir leyendo....
En una tranquila calle del barrio barcelonés de Gràcia, una campanilla hace las veces de timbre en ESMA Events. Lejos del ajetreo de las pasarelas, dentro de este estudio reformado con patio interior al fondo donde crecen plantas tropicales se respira el aroma de velas prendidas por toda la planta baja. Hay cuadros apilados en el suelo, con fotos en blanco y negro de modelos famosas y 'shows', que antes estuvieron colgados en la antigua sede de Rambla de Catalunya de esta agencia de producción de desfiles, cástings y eventos de moda para marcas de lujo, nacionales e internacionales.
El ambiente también es zen en la planta de arriba, con grandes mesas y pantallas donde se diseñan los escenarios que verán miles de personas, por ejemplo, en la próxima 080 Barcelona Fashion, que comienza este martes. En la gran mesa de cristal de la planta baja nos recibe Esther Garcia Capdevila (Escaldes, Andorra, 1967) con su habitual 'total look' negro de trabajo. La mujer que lleva casi 40 años moviendo los hilos, los focos y el negocio de la moda en España habla rápido y le brillan los ojos mientras encadena nombres famosos, cifras de Guinness y recuerdos emocionantes, de esos que ponen la piel de gallina solo de escucharlos.

Garcia Capdevila, en la puerta de su estudio en Gràcia, tras cambiarse 'el uniforme de trabajo' por un segundo 'look' más casual.. / Jordi Otix / EPC
Después de varios años en el sector, fundó ESMA en 1997, y ha dirigido o producido más de 3.000 desfiles. Su firma trabaja en 080 Barcelona Fashion, Mercedes-Benz Fashion Week Madrid -"desde los tiempos de Gaudí y Cibeles", puntualiza-, y Gran Canaria Swim Week. También ha trabajado en Nueva York, Moscú, China... Pero ella no busca 'flashes'; porque prefiere moverse cual gacela en el 'backstage'. "Para mí lo importante es el cliente, el producto que presenta. Mi trabajo es darle vida, identidad y emoción", asegura.
A pesar de su larga experiencia, admite que aún se pone nerviosa ante cada desfile. "Tengo mucho miedo en realidad, sobre todo a los fallos eléctricos: los tres minutos que tarda en responder un generador pueden hacerse interminables", confiesa. Y es que en un desfile no hay segunda toma.

La directora, productora y escenógrafa, 'en acción', antes de un desfile de la 080 Barcelona Fashion. / ESMA
La era de las modelos diosasLlegó al mundo de la moda casi de rebote. Se fue de Andorra a estudiar diseño en Barcelona, pasó por Londres y terminó en un departamento de 'casting'. No tenía ni idea de desfiles, ni de cómo funcionaba el sector de la moda. Aprendió sobre la marcha y terminó organizando 'castings' de modelos, y poniendo orden y profesionalizando un sector que aún estaba por organizar. Y justo llegó el 'boom' de las supermodelos de los 90.
Esther recuerda con nostalgia la época de las grandes 'tops', cuando figuras como Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Linda Evangelista o Judit Mascó eran auténticas estrellas. "Esto sí que lo añoro un poco", admite. Fue una etapa fascinante, aunque no exenta de dificultades para quienes organizaban los desfiles. "Si el cliente quería a Claudia Schiffer y ella no podía, era insustituible". Aquellas modelos eran auténticas diosas y despertaban una enorme expectación mediática. "La prensa tenía mucho interés en hacerles entrevistas, en conocerlas, en saber más", recuerda. De aquellos años conserva también una experiencia especialmente emocionante: su participación en el desfile de modelos y diseñadores en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.

Garcia Capdevila, en el patio de su agencia ESMA Events, en otro momento de la entrevista. / Jordi Otix / EPC
Hacia 2008, cuenta, nació la fiebre por descubrir caras nuevas, hasta llegar a la actualidad, en que el protagonismo se reparte con actrices e 'influencers', porque, según Garcia, "al final, Instagram es lo que la gente sigue y es lo que la gente ve". Antes, recuerda, se cuidaba especialmente el encuadre de los fotógrafos; hoy, cualquier asistente graba desde cualquier rincón. "Hoy la pasarela es 360 grados. Hay que esconder cables, integrar focos y vigilar incluso qué aparece detrás de un zapato en las imágenes", detalla.
Los nuevos tiempos también han traído otras preocupaciones. "Hay más autocensura. Me pienso dos veces las propuestas susceptibles de herir sensibilidades religiosas o de causar polémica por incluir animales o niños. Siempre puedes ofender a alguien", lamenta. En su profesión, un detalle puede eclipsar meses de trabajo: "Ahora vamos con pies de plomo".

Esther Garcia Capdevila, en su escritorio, junto a un cuadro con dedicatoria de David Delfín, con el que trabajó y a quien añora muchísimo. / Jordi Otix / EPC
Ojo clínicoDespués de seleccionar a miles de modelos, García ha desarrollado un ojo clínico capaz de detectar el potencial de una candidata en cuestión de segundos. "Se trata de proporciones, de cuerpo, cara, facciones, movimiento y luego el magnetismo con la cámara", explica.
Cuenta que un desfile que dura ocho minutos puede implicar a 300 o 500 profesionales: "Carpinteros, herreros, iluminadores, electricistas, cámaras, peluqueros, maquilladores, vestidoras, seguridad....". En 080, por ejemplo, se coordinan unos 80 modelos con pruebas, horarios y cambios de vestuario, que han de ajustarse al milímetro. En su estudio se encargan de hacer esa magia 17 personas, entre ellas, sus hijos, Coco, de 29 años, dedicada al 'casting' y la logística, y Joel, de 25, a producción, a los que ha transmitido la pasión por su oficio.

Esther Garcia Capdevila lleva casi 40 años moviendo los hilos, los focos y el negocio de la moda en España. / Jordi Otix / EPC
Recuerda los años 90, cuando algunos profesionales llegaban de un 'after' directamente al trabajo. "Conmigo, esto se acabó", dice orgullosa del cambio.
Desde su perspectiva, no hay complejo español que valga frente a las pasarelas de París o Nueva York: "Evidentemente, está el grupo LVMH, que es un monstruo, que tiene muchísimo dinero y unas capacidades muy grandes de crear eventos espectaculares durante todo el año. Nosotros no tenemos esos recursos, pero con los que tenemos creo que hacemos cosas realmente maravillosas", subraya. Y pone de ejemplos, tres trabajos que le vienen con especial emoción a la memoria: el de Mango en la Caja Mágica de Madrid, uno de Delpozo en Nueva York durante la etapa de Josep Font y el de Bulgari en Basilea.
Antes de organizar esta 080, ha dirigido un desfile para la firma Silbon junto al puente romano de Córdoba. Porque lo que más le fascina es "unir arquitectura, historia y moda"; y lo que más le apasiona, ponerse nuevos retos: "Desfilar en Andorra, en la nieve, o que las modelos caminen sobre el agua, o montar un desfile en el aire".
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