La música puede provocar una reacción que va mucho más allá de lo que percibimos con los oídos. Una canción puede generar tensión, emoción, escalofríos...Seguir leyendo....
La música puede provocar una reacción que va mucho más allá de lo que percibimos con los oídos. Una canción puede generar tensión, emoción, escalofríos...
Para observar qué ocurre en el organismo cuando una melodía despierta una respuesta emocional, el cardiólogo José Abellán ha llevado a cabo un experimento en el que ha monitorizado en tiempo real la respuesta fisiológica de un grupo de personas mientras escuchaban canciones del grupo musical de rock alternativo español Arde Bogotá.
La prueba permitió observar cómo diferentes momentos de una canción pueden ir acompañados de cambios en la actividad cardiovascular.
El efecto de orientación"Cuando empezamos a escuchar un tema, nuestro cuerpo responde con el efecto de orientación, la expectativa", explica Abellán. Según el cardiólogo, en ese primer momento el organismo entra en "un pequeño modo de alerta" mientras se prepara para lo que va a ocurrir a continuación.
A medida que avanza una canción, la respuesta fisiológica puede cambiar. En el experimento, los participantes escucharon uno de los temas del nuevo álbum de Arde Bogotá mientras sus constantes eran monitorizadas.
Variabilidad de la frecuencia cardiaca"Cuando la canción sube de intensidad nos llega a las entrañas", explica Abellán. En esos momentos, señala, "nuestro corazón responde, aumenta la frecuencia cardiaca y, un parámetro que se llama variabilidad de la frecuencia cardiaca, cae en picado".
La variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) mide las pequeñas diferencias que existen entre los intervalos de tiempo de un latido y el siguiente. Es un parámetro utilizado para estudiar la interacción entre el corazón y el sistema nervioso autónomo, y puede variar en función del estado de activación del organismo.
La ciencia dice estoLa relación entre música y respuesta cardiovascular no es nueva para la ciencia. Una revisión publicada en 2015 en el 'European Heart Journal' analizó los estudios disponibles sobre los efectos de la música en el corazón y encontró que la música puede modificar la frecuencia cardiaca, la respiración y la presión arterial.
Los autores observaron, además, que la música excitante se asociaba con una mayor frecuencia cardiaca y respiratoria que la música tranquilizadora, mientras que durante los llamados "escalofríos musicales", producidos al escuchar un pasaje musical emotivo o inesperado, también aumentaban ambos parámetros.
La misma revisión encontró que escuchar música excitante se relacionaba con una reducción de la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Los investigadores, sin embargo, subrayan que los estudios presentan diferencias importantes en sus métodos y que, en general, los efectos de la música sobre el corazón son pequeños y variables.
Depende de la personaOtros trabajos experimentales han observado también cambios en la frecuencia cardiaca y en su variabilidad asociados a las emociones provocadas por la música. Un estudio publicado en 2009 en 'Annals of the New York Academy of Sciences', por ejemplo, encontró modificaciones en estos parámetros durante la percepción y la interpretación musical.
La reacción ante una canción no es idéntica para todo el mundo. La música que genera excitación en una persona puede producir una respuesta mucho más moderada en otra, y las preferencias individuales también desempeñan un papel importante.
Riesgo en las investigacionesUna revisión sistemática que analizó en 2020 29 estudios, con un total de 1.368 participantes, encontró que la música puede influir en la variabilidad de la frecuencia cardiaca y, por tanto, en la actividad del sistema nervioso autónomo. Los autores, no obstante, señalaron un riesgo elevado de sesgo en los trabajos analizados y reclamaron investigaciones con metodologías más sólidas.
La evidencia más reciente mantiene esa cautela. Una revisión publicada en 2026, que analizó 28 estudios sobre música y variabilidad de la frecuencia cardiaca mediada por el nervio vago (nervio más largo del cuerpo humano, encargado de conectar el cerebro con la mayoría de los órganos vitales), encontró indicios de un aumento de este parámetro durante intervenciones musicales, pero también una elevada heterogeneidad entre los estudios y un alto riesgo de sesgo. Sus autores consideran necesario seguir investigando cómo medir e interpretar estas respuestas.
Una afirmación con cautelaPor tanto, el experimento de Abellán se enmarca en un fenómeno fisiológico que ya ha sido estudiado: las emociones provocadas por la música pueden acompañarse de cambios medibles en el funcionamiento cardiovascular.
Además, Abellán observa el comportamiento del corazón mientras avanza la música: "A veces incluso tus latidos se sincronizan con el ritmo de la canción", afirma el cardiólogo. La afirmación resulta especialmente llamativa, aunque requiere cierta cautela desde el punto de vista científico.
La revisión publicada en 'European Heart Journal' no encontró estudios que aportaran evidencia suficiente de una sincronización directa de la frecuencia cardiaca con los pulsos de la música.
Esto no significa que la música no pueda modificar el ritmo cardiaco. La evidencia disponible sí muestra que determinados estímulos musicales pueden alterar la frecuencia cardiaca y otros parámetros fisiológicos. Lo que no está establecido de forma general es que el corazón llegue a acompasarse directamente con el ritmo de una canción.
150 latidos por minutoDurante el experimento realizado por Abellán, además, se registraron momentos en los que la frecuencia cardiaca de los participantes superó los 150 latidos por minuto. Estas variaciones aparecen en el contexto de los cambios de intensidad de la música y sirven para visualizar cómo una experiencia emocional puede traducirse en una respuesta física.
Eso sí, la caída de la variabilidad cardiaca tampoco debe interpretarse por sí sola como una medición directa de una descarga de adrenalina. La VFC es un indicador de la regulación autonómica del corazón, pero su comportamiento depende de múltiples factores y requiere una interpretación conjunta con el resto de parámetros fisiológicos.
"Nuestro corazón no puede evitar emocionarse"La experiencia permite poner números a algo que resulta familiar para cualquiera que haya sentido un escalofrío al escuchar una canción, haya notado cómo se acelera el pulso durante un momento musical especialmente intenso o haya experimentado una reacción física ante una melodía asociada a un recuerdo.
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"Nuestro corazón no puede evitar emocionarse cuando algo nos llega tan dentro como la música", concluye Abellán. La ciencia respalda que esa relación entre emoción y fisiología existe: la música puede modificar la actividad cardiovascular y del sistema nervioso autónomo, aunque la intensidad y el sentido de esa respuesta varían según la persona, el tipo de música y el contexto.