Según los expertos, en general a estas áreas les falta espacio, seguridad y enriquecimiento ambiental para que realmente sean espacios de bienestar para los animales
Se estima que en España hay algo más de 2.000 pipicanes o áreas caninas, según Dogpark. Datos más concretos son los que ofrece, por ejemplo, el Ayuntamiento de Barcelona, que afirma que en la ciudad hay 116 áreas para perros, 46 de ellas de más de 400 metros cuadrados, o el de Madrid, que asegura que cuenta con unas 325 áreas caninas.
En España, hay 7,5 millones de perros; en Barcelona, según los datos del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya —el registro del Ayuntamiento no distingue por tipos de mascotas—, hay unos 175.000 perros, esto es, a grosso modo y sin atender a la distribución de los mismos, que por cada área canina hay unos 1.500 perros. En Madrid, la cifra no es mucho mejor; hay casi 1.000 perros por cada zona para perros.
Además de pocas, el problema de estas áreas es que no están diseñadas precisamente pensando en el bienestar animal. “Se diseña desde el humano que cree que tiene que diseñar algo para un perro, pero no responde a sus necesidades. Se intenta hacer como una ordenación del espacio, creyendo que generando un espacio para cada colectivo, se hace un buen diseño de un parque”, explica María Figuerola, arquitecta del paisaje especializada en bienestar animal, que apunta la falta de variedad de estos espacios que adolecen de graves problemas.
“Están pensados para un único tipo de perro, que es un perro joven, activo y excesivamente social. Además, solamente responden a una única necesidad, la social, y todo el resto del repertorio de conductas que necesitaría un perro para cubrir sus necesidades de bienestar, como de olfateo o de descanso en el exterior, no se cubren”, sentencia Figuerola.

De la misma opinión es Daniel Jiménez, responsable de educación canina en la Fundación SrPerro Colega, que cree que estos lugares presentan tres grandes problemas, de espacio, de seguridad y de falta de enriquecimiento. “Gran parte de la comunicación entre perros ocurre a distancia: poder acercarse, alejarse, rodear a otro individuo o simplemente decidir no interactuar. Cuando encerramos a varios perros en pocos metros cuadrados, eliminamos muchas de esas posibilidades y aumentamos la probabilidad de conflicto”, asegura Jiménez.
Además, ambos expertos señalan que la mayoría de las vallas son demasiado bajas y perros con gran agilidad, como border collies o malinois, podrían saltarlas sin problemas, al igual que, si el espacio entre el vallado no está bien sellado, razas pequeñas como chihuahuas o teckel podrían colarse fácilmente.
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En cuanto al enriquecimiento, es habitual encontrar elementos de agility o similares. “Yo preferiría encontrar vegetación, arbustos, zonas de diferentes sustratos, arena donde poder excavar, espacios de sombra o lugares que inviten a explorar mediante el olfato”, señala Jiménez, que reclama que para el diseño de estos espacios se cuente con especialistas en comportamiento y bienestar canino.
Figuerola enumeró los materiales — “materiales, en plural”, insiste— que serían necesarios para una buena área pensada para perros. “Una zona que fuera de gravilla para que los perros que corran no se resbalen; otra zona que tuviera césped y una zona con cantos rodados, con piedras, que ahí siempre se van a filtrar un montón de olores. Un trozo, que sea el central, que sea más para correr y juego más activo y luego todo lo que es el contorno con diferentes tipos de espacios y de sustratos”, relata la experta, que aboga por aprovechar elementos como las hojas secas o las ramas como elementos para el enriquecimiento de los animales.
Y por supuesto, la sombra, tanto para los perros como para sus tutores. Figuerola alude a un concepto que está tomando protagonismo, el de One Welfare (Un solo bienestar, en su traducción del inglés) que reconoce la conexión profunda entre el bienestar animal, el humano y el medio ambiente.
María Figuerola
Arquitecta especializada en bienestar animal
Cualquiera que pasee cerca de una de estas áreas podrá comprobar que es mucho más habitual de lo deseable ver a los tutores mucho más pendientes de su móvil o de la conversación con otra persona que de su perro. “El error más frecuente es pensar que por darles un espacio ya hemos respondido y nosotros ya no tenemos nada que hacer, pero tú tienes que seguir siendo el responsable de tu perro”, advierte Figuerola.
Precisamente porque, tal y como están diseñados, responden especialmente a promover las conductas sociales, es muy importante saber cómo gestionar esos encuentros para evitar perros que se saturan, saturan a otros o conflictos.
Jiménez se rebela contra esa creencia de que todos los perros necesitan socializan con otros. “El problema es que muchas veces entendemos el juego como un simple acto de ocio, cuando en realidad va mucho más allá. A través del juego, los cachorros aprenden reglas sociales, practican su comunicación y adquieren herramientas que después utilizarán en sus relaciones con otros perros. En los adultos, además, el juego puede cumplir funciones muy diferentes. A veces forma parte de una interacción realmente lúdica, pero otras puede utilizarse como una estrategia social”. señala el educador canino.
Como normas básicas que se deberían tener en cuenta, hay que evitar que los perros se agolpen alrededor de la puerta cuando entre otro; se debe tener especial atención con juguetes y comida para no crear tensiones; es mejor que se evite este espacio si tenemos una perra en celo o si nuestro perro es miedoso o no se relaciona bien con otros, especialmente cuando el pipican está saturado; y, por supuesto, hay que seguir pendiente del animal e intervenir si es necesario.
“Yo intervendría si uno intenta marcharse continuamente, busca refugiarse junto a su tutor, se esconde, permanece junto a la puerta o trata repetidamente de poner fin a la interacción y el otro perro no responde. También observaría los cambios de rol. En un juego equilibrado suele haber cierta alternancia. Y otra señal es la intensidad, si solo aumenta y aumenta sin pausas, es fácil que escale a un conflicto”, resume Jiménez, para quien estos espacios se quedan muy cortos: “Para la mayoría de perros será mucho más enriquecedor realizar un paseo por un parque utilizando una correa larga que permanecer sueltos dentro de un recinto pequeño con varios perros desconocidos”.