Soy un teleadicto desde hace años y este es mi menú diario
"En TVE siempre están echando el mismo programa", la Defensora responde
Se llamaba Aylan Kurdi, tenía tres años de edad, era de origen sirio-kurdo, y falleció el 2 de septiembre de 2015 en una playa de Bodrum, en la costa de Turquía. La fotografía tomada por la fotógrafa turca Nilüfer Demir se convirtió en el símbolo global del drama de los refugiados en el Mediterráneo.
Los sucesos de estos días en Ceuta suman en torno a los sesenta muertos. Ahogados sin nombre. Cuerpos anónimos. Asunto que en plena operación salida, y también de relevo por parte de buena parte de presentadores, informadores y tertulianos por las vacaciones de agosto, la televisión no abordó con la profundidad que merecía. Ensombrecido por los restos de los incendios en la península y por el ático de 6 millones de euros en Chamberí que la Comunidad de Madrid compró en abril como despacho de Ayuso.
De haber tenido lugar un lunes de octubre, un día laborable cualquiera del año, el alcance de la noticia habría trascendido durante semanas. Pero en agosto, ya se sabe, no ocurre nada noticiable. El caudal informativo se detiene. Los diarios se llenan de las habituales secciones de verano, los columnistas habituales descansan y los reportajes de carácter atemporal llenan las páginas.
A mí, que por suerte todavía no me ha inmunizado esa rutina a través de la cual otros son capaces de asistir a imágenes tremendas como quien ve llover, me dolieron tanto algunas de las secuencias de la invasión a nado de las playas del Tarajal, que no me quedó más remedio que abandonar su visionado. Envueltas en musiquilla y sensacionalismo parecían las de la llegada a una rave inocente.
La llegada de un niño, prácticamente un bebé, con su flotador en forma de patito, me hizo llorar. Lo siento. Soy así de débil.