Los acontecimientos que se han vivido desde este jueves en Ceuta tienen poco que ver con el flujo migratorio. Estamos ante una repetición de lo que sucedió en 2021. Marruecos vuelve a utilizar, de forma absolutamente condenable, a miles de personas para que crucen la valla, poniendo en riesgo sus vidas, con el fin de desestabilizar a nuestro país. Estamos ante un gesto muy grave de hostilidad de un país vecino que se mueve en una zona gris. No se provoca un conflicto abierto que requeriría una respuesta convencional, pero sí algo muy parecido.Meses después de la entrada masiva de migrantes de 2021, Sánchez cambia la postura tradicional de la política internacional respecto al Sahara. El Gobierno asumió la posición de Marruecos sobre el control de un territorio sobre el que no tiene soberanía. Sánchez nunca explicó a cambio de qué había realizado ese cambio anunciado Rabat de forma unilateral. No hubo debate en el Congreso, no hubo transparencia. Pero se supuso que al menos se habría obtenido una posición menos beligerante respecto a la presión de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.Más allá de la polémica en torno a si era posible el jueves declarar la emergencia de interés nacional para dar una respuesta rápida, es evidente que el Ejército tenía que haber reforzado antes a la Guardia Civil en la frontera. Una labor de inteligencia adecuada y una mínima previsión podrían haber proporcionado una respuesta más adecuada.
Los acontecimientos que se han vivido desde este jueves en Ceuta tienen poco que ver con el flujo migratorio. Estamos ante una repetición de lo que sucedió en 2021. Marruecos vuelve a utilizar, de forma absolutamente condenable, a miles de personas para que crucen la valla, poniendo en riesgo sus vidas, con el fin de desestabilizar a nuestro país. Estamos ante un gesto muy grave de hostilidad de un país vecino que se mueve en una zona gris. No se provoca un conflicto abierto que requeriría una respuesta convencional, pero sí algo muy parecido.
Meses después de la entrada masiva de migrantes de 2021, Sánchez cambia la postura tradicional de la política internacional respecto al Sahara. El Gobierno asumió la posición de Marruecos sobre el control de un territorio sobre el que no tiene soberanía. Sánchez nunca explicó a cambio de qué había realizado ese cambio anunciado Rabat de forma unilateral. No hubo debate en el Congreso, no hubo transparencia. Pero se supuso que al menos se habría obtenido una posición menos beligerante respecto a la presión de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.
Más allá de la polémica en torno a si era posible el jueves declarar la emergencia de interés nacional para dar una respuesta rápida, es evidente que el Ejército tenía que haber reforzado antes a la Guardia Civil en la frontera. Una labor de inteligencia adecuada y una mínima previsión podrían haber proporcionado una respuesta más adecuada.