Una devolución supone para el animal una nueva ruptura después del proceso de adaptación a un hogar y puede agravar las dificultades de conducta que ya aparecen durante los primeros días
En España, las adopciones de perros y gatos cayeron en 2025 hasta las 120.000, según el estudio Él nunca lo haría de la Fundación Affinity. Esa cifra representa el 42% de los animales que llegaron a los centros de acogida durante el año y supone un descenso del 18,9% respecto a 2024.
Asimismo, detrás de cada adopción hay un proceso de adaptación que no siempre resulta sencillo. Un perro que acaba de llegar a una casa necesita tiempo para conocer nuevos espacios, personas, rutinas y normas. Pancho Cavero advierte precisamente de que devolverlo al refugio no equivale a empezar de cero. “Es un segundo abandono y deja una huella distinta al primero”, señala el veterinario en una publicación de Instagram.
Los primeros días pueden ser más complicados de lo esperado
Lo que una familia interpreta como agresividad, desobediencia o ingratitud puede estar relacionado en realidad con el miedo y la inseguridad que acompañan a un cambio de entorno. De hecho, las investigaciones han observado que los perros recién adoptados atraviesan un periodo de adaptación en el que su comportamiento puede cambiar considerablemente.
Un estudio publicado en PLOS One siguió durante seis meses a 99 perros adoptados procedentes de cinco refugios estadounidenses. Los investigadores observaron que los problemas de conducta podían variar con el tiempo y que algunas respuestas, como las relacionadas con el miedo, disminuían a medida que los animales se adaptaban a su nuevo hogar.
Asimismo, el trabajo también señala que el comportamiento observado inmediatamente después de la adopción no representa necesariamente cómo será el peludo cuando se encuentre completamente adaptado.
Por otra parte, otro estudio realizado con 132 adoptantes encontró que dos tercios habían experimentado algún problema de comportamiento después de llevar al perro a casa. Entre quienes devolvieron al animal durante los tres primeros meses, las expectativas sobre su comportamiento, su salud y el vínculo con la familia eran más elevadas que entre quienes mantuvieron la adopción. Por eso, la adaptación no debería medirse únicamente por cómo se comporta el perro durante los primeros días.
Elegir por emoción puede terminar en una devolución
Esta idea está estrechamente relacionada con lo que explica Maribel Vila, formadora y experta en terapias asistidas con animales e instructora de educación canina y de perros de asistencia. Tras años trabajando con familias, insiste en que no basta con enamorarse de un animal por su aspecto, su raza o la fama de determinadas características.
La genética, la energía, el carácter y las necesidades individuales pueden condicionar la convivencia. Vila recuerda el caso de una familia que adoptó un border collie porque lo consideraba especialmente inteligente, pero que no podía ofrecerle el ejercicio, las tareas y la estimulación que necesitaba. Tres años después tuvieron que buscarle otra familia.
Para la experta, la educación y el conocimiento previo pueden reducir este tipo de situaciones. Un perro necesita límites, rutinas, estimulación cognitiva, juego y una educación coherente. La educación en positivo, además, permite trabajar conductas sin basar el vínculo en el miedo o la presión.
Adoptar también implica asumir el periodo de adaptaciónSegún las investigaciones mencionadas anteriormente, los problemas de conducta y la incompatibilidad con otros animales estaban entre los motivos más frecuentes de devolución. Además, hay que tener algo en cuenta: algunos animales eran retornados más de una vez, lo que muestra que las dificultades de adaptación y convivencia pueden repetirse si no se abordan correctamente.

Por eso, Cavero insiste en que adoptar no debería entenderse como un gesto puntual de solidaridad. Supone comprometerse con un animal que necesitará tiempo para adaptarse, educación y estabilidad. Y cuando aparecen problemas, buscar asesoramiento profesional puede ser más útil que interpretar una reacción inicial como una muestra de “ingratitud”.