Una cojera después de jugar puede desaparecer en unas horas, pero si el perro deja de apoyar una extremidad, presenta hinchazón o dolor, conviene no esperar porque detrás puede existir una lesión articular
Ver a un perro cojear suele provocar una duda inmediata: ¿se le pasará solo o hay que llevarlo al veterinario? En algunos casos, una molestia después de un juego intenso puede mejorar con reposo, pero esperar demasiado ante una lesión articular puede complicar su evolución.
El veterinario Antonio Cañadillas aborda precisamente esta situación en una publicación en Instagram y diferencia entre las cojeras que pueden vigilarse durante unas horas y aquellas que requieren atención veterinaria. Su mensaje parte de una idea sencilla: “Se le pasará solo” puede ser cierto en ocasiones, pero no debería convertirse en la respuesta automática ante cualquier problema de movilidad.
¿Cuándo se puede vigilar la cojera en casa?
Según Cañadillas, existen situaciones en las que se puede observar al perro durante las siguientes 24 horas. Es el caso de una cojera que aparece después de un juego intenso cuando el animal continúa apoyando la pata, aunque lo haga con cierta molestia, y mejora después de un rato.
La ausencia de otros signos también es relevante. Si no existe hinchazón, la zona no está caliente y el perro no manifiesta dolor cuando se le toca, puede ser razonable observar su evolución durante ese periodo, evitando actividades intensas.
Sin embargo, el veterinario recomienda acudir a consulta cuando el perro directamente no apoya la pata, existe hinchazón o calor en la articulación o se queja al tocar la zona. También señala como motivo para consultar que la cojera se mantenga durante más de tres días.
Hay situaciones todavía más claras en las que no recomienda esperar al día siguiente: si las patas traseras ceden de repente, el animal no consigue levantarse o la cojera aparece después de un atropello.
Una cojera puede esconder un problema articular
La razón para no restar importancia a determinados episodios está en que la cojera puede ser la manifestación visible de una lesión que necesita tratamiento. Cañadillas apunta a tres diagnósticos que encuentra con frecuencia: la rotura del ligamento cruzado, la displasia de cadera o codo y la luxación de rótula.
El veterinario señala que las tres situaciones tienen tratamiento si se detectan a tiempo. Para determinar qué ocurre, no basta con observar cómo camina el perro en casa. En consulta se realiza una exploración ortopédica completa, se comprueba la estabilidad de las articulaciones y pueden ser necesarias radiografías con un posicionamiento específico.
La importancia de detectar pronto estos cambios también ha sido tratada por el veterinario Adrián Conde, que ha explicado que la osteoartrosis es la enfermedad degenerativa articular más frecuente en las articulaciones sinoviales del perro.
El especialista recomienda prestar atención a cambios como que el animal se quede atrás durante los paseos, deje de jugar como antes, tenga dificultades para subir al coche o empiece a cojear al ponerse en movimiento. “Su forma de decir 'me duele' es dejar de hacer cosas muchas veces o cambiar la forma de hacerlas”, explica Conde.
No hay que asumir que es solo cuestión de edad
Las dificultades de movilidad también pueden aparecer durante el envejecimiento. Desde el Centro Veterinario Integral La Cañada explican que los perros grandes y gigantes pueden considerarse sénior a partir de los seis o siete años, mientras que en razas pequeñas y medianas este proceso suele comenzar más tarde.
La historia de Duna, una terranova de ocho años, muestra cómo algunos cambios pueden pasar desapercibidos hasta que afectan directamente a las rutinas. Su tutora, Paloma Díaz, contó que el animal dejó de subir a su cama y comenzó a tumbarse en el suelo, hasta que el veterinario confirmó la aparición de artrosis.
Por eso, una cojera nueva o un cambio repentino en la movilidad merece atención. No siempre será una lesión grave, pero observar al animal y consultar cuando existen señales de alarma permite evitar que un problema tratable termine condicionando su movilidad durante años.