Cada uno de los vecinos del casco de Mogán que pasean durante la mañana por la plaza de Sarmiento y Coto se detiene para saludar con respeto y admiración a una alegre señora de aspecto afable y un marcado acento extranjero: Natalie May Betancor León. Su origen canadiense no impide que Betancor se sienta "una moganera más", ya que ha dedicado gran parte de sus 87 años a impartir clases de inglés y de catequesis a los jóvenes del pueblo. Su implicación con los más pequeños, su pasión por escribir cuentos infantiles, su papel como lectora en la iglesia y su excelente relación con los habitantes de la localidad son solo algunos de los motivos que llevaron a la corporación municipal a nombrarla Hija Adoptiva del municipio por unanimidad.
Cada uno de los vecinos del casco de Mogán que pasean durante la mañana por la plaza de Sarmiento y Coto se detiene para saludar con respeto y admiración a una alegre señora de aspecto afable y un marcado acento extranjero: Natalie May Betancor León. Su origen canadiense no impide que Betancor se sienta "una moganera más", ya que ha dedicado gran parte de sus 87 años a impartir clases de inglés y de catequesis a los jóvenes del pueblo. Su implicación con los más pequeños, su pasión por escribir cuentos infantiles, su papel como lectora en la iglesia y su excelente relación con los habitantes de la localidad son solo algunos de los motivos que llevaron a la corporación municipal a nombrarla Hija Adoptiva del municipio por unanimidad.
De Vancouver a EspañaNatasha, que es como la llaman de forma cariñosa sus allegados, nació en Vancouver el 14 de junio de 1939, pero su madre es de origen ruso y su padre, canadiense con raíces irlandesas. "Somos todos unos chuchos en Canadá", explica con una amplia sonrisa. Sus abuelos maternos emigraron a Shanghái tras el estallido de la revolución rusa en 1917. "En vez de ir a París, como hicieron muchos, ellos fueron por el este hasta China en ferrocarril", afirma Betancor. Poco después, la compañía Canadian Pacific ofreció tierras a algunos migrantes en la provincia de Alberta (Canadá), por lo que sus antepasados emprendieron rumbo a Norteamérica con ocho de sus nueve hijos. "Mi tío Alekséi era el mayor de sus hermanos y era soldado en el ejército del zar. Cuando raptaron y fusilaron a la familia real, también mataron a los soldados jóvenes y uno de ellos era mi tío", señala.
La vida de la canadiense ha estado marcada por sus constantes cambios de residencia. Al cumplir los 20 años, Betancor se casó por primera vez y se mudó junto a su primer marido a Inglaterra y, un tiempo después, a la capital francesa. A la postre, volvió a su tierra natal y se instaló en las ciudades de Edmonton, Vancouver y Ottawa. Poco después, tomó la difícil decisión de "salir corriendo" junto a sus dos hijos rumbo a España. Aterrizó en Valencia sin apenas saber castellano, aunque reconoce que era amante de la música y la poesía españolas. No obstante, afirma que aprendió con rapidez el idioma porque "hablaba con todo el mundo" y ya tenía nociones de latín y francés.

Natasha Betancor en la plaza de Sarmiento y Coto, en el casco de Mogán. / Andrés Cruz
Rumbo a Gran CanariaSu estancia en tierras levantinas solo duró cuatro meses, ya que durante una tórrida tarde veraniega una persona le habló sobre Canarias y decidió emprender un viaje de cinco días en ferry para visitar la isla redonda y huir del calor. Arribó a Gran Canaria en 1969 y decidió alquilar un coche para dar una vuelta a la ínsula, "que no era tan fácil en aquellos tiempos". Al llegar a Mogán, decidió quedarse allí porque "era precioso y nunca había visto una cosa tan bonita y tranquila". Betancor destaca que lo que más le llamó la atención fue la abundancia de fincas con árboles frutales que recorrían el municipio desde Playa de Mogán hasta el casco.
Cuando llegó al pueblo en 1969 no había electricidad y usaban el generador de un vecino
En su primer día en el municipio, conoció al que sería el amor de su vida y su futuro esposo: Pepe Betancor León. La canadiense se mostró reticente a mantener una relación porque quería "evitar un escándalo", ya que había llegado a Gran Canaria "con dos hijos y huyendo de un primer matrimonio". No obstante, Pepe terminó ganándose su corazón y pasaron juntos "50 años de felicidad" hasta su fallecimiento en 2018.
Los recuerdos del antiguo MogánBetancor recuerda que cuando llegó a Mogán el pueblo carecía de electricidad y dependía de un generador privado, propiedad de un vecino llamado Marcelino, que proveía de luz al casco desde las 18.00 hasta las 22.00 horas. Sin embargo, los fines de semana la energía duraba hasta la medianoche, ya que "siempre había baile después de misa y los árboles estaban llenos de luces". La canadiense recuerda que todos los vecinos se reunían alrededor del quiosco de la plaza de Sarmiento y Coto y "preparaban carne, bocadillos y bebidas".
Cuando llegó al pueblo en 1969 no había electricidad y usaban el generador de un vecinoTres décadas en Canadá
La canadiense siempre tuvo una gran vocación por la enseñanza e impartió clases de inglés a los jóvenes del municipio durante un tiempo. El 20 de noviembre de 1975, "el mismo día en el que murió Franco", aclara Betancor, la pareja emigró a Vancouver y permaneció allí durante 30 años. Montaron una fábrica de comida para animales que tuvo un éxito considerable en Norteamérica y en 2005 decidieron volver a Mogán después de su jubilación.
Una moganera en CanadáTras su regreso a la Isla, Betancor volvió a dar clases de inglés y a colaborar como lectora en la iglesia, además de llevar la comunión a las personas mayores del municipio. Tiempo después, escribió una serie de cuentos infantiles protagonizados por su perra Foxy, que tituló Las aventuras de Superfoxy y que ambientó en Mogán. A día de hoy, Betancor prepara con nostalgia sus maletas para regresar a Vancouver con su hijo, pero asegura que será "la representante de Mogán en Canadá".
Suscríbete para seguir leyendo