Si le preguntas a una IA como ChatGPT a quién debes votar, en casi la mitad de los casos te dará la respuesta. Esta es la conclusión de un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) que ha examinado cinco modelos de inteligencia artificial para analizar hasta qué punto pueden influenciar estos agentes en las decisiones electorales de los usuarios. Esta realidad llega en un momento social en el que la IA se ha instalado en la rutina, forma parte de nuestras decisiones cotidianas —desde la lista de la compra hasta los resultados médicos, pasando por consejos y apoyo emocional—, y empieza a introducirse también en nuestras decisiones políticas.Según un estudio de IAB Spain, el 52% de los usuarios españoles de entre 16 y 75 años han utilizado la IA en el último año, porcentaje que alcanza el 79% en los internautas de entre 15 y 28 años. Sin embargo, solo el 29% declara confiar en ellas. Esta es la paradoja: la IA genera desconfianza, pero cada vez son más los que buscan la ayuda de su criterio con respecto a la situación política actual.Para Adriana Amador Suárez, profesora titular de la Universidad Camilo José Cela en la Facultad de Comunicación y Diseño, el peligro de la IA radica en el uso que se haga de la herramienta: “Hoy la inteligencia artificial es muy práctica, en comparación con las plataformas. Nunca hemos leído los programas de los partidos. Entonces, tener una forma interactiva de consultar qué piensan unos y otros sobre distintos temas aporta un nuevo nivel en la discusión política.”Alejandro José López Meilán, profesor de Filosofía del Derecho, que está desarrollando su tesis doctoral sobre la IA y su relación con su área de estudio, secunda su visión. Para él, la IA es un “recopilador de información” que, bien utilizado, puede ayudar a analizar mejor los programas políticos: “Es como si tuvieses un profesor particular de política al lado que te va asesorando por cada partido”.Esta campaña política para las elecciones del 29 de noviembre es la primera que se enmarca dentro de un contexto social en el que la IA generativa ya forma parte del día a día de los votantes. Desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara el adelanto de los comicios, la maquinaria política se ha puesto en marcha, y no es raro encontrar a través de redes sociales usuarios que presumen de haber preguntado a la IA sobre a quién dirigir su voto o para confirmación de sus convicciones políticas.Los expertos señalan los sesgos de la IA como el principal problema de objetividad y fiabilidad, pues estos sistemas basan sus respuestas en el contenido accesible que esté “en abierto”. El problema se agrava cuando nos fijamos en la IA más utilizada: “La principal inteligencia artificial que se consulta es Chat GPT, que es una herramienta que trabaja por contenidos cargados y entonces ahí el sesgo es todavía mayor porque no incorpora las últimas novedades”, revela Adriana Amador.El estudio de la Universitat Oberta de Catalunya descubre que para fundamentar la respuesta sobre a quién votar los asistentes digitales recurren a fuentes como la Wikipedia. Luego hay diferencias en cada una de las plataformas, mientras Gemini apenas cita fuentes externas (menos del 1% del total), Grok y Chat GPT utilizan con frecuencia citas de terceros. En este contexto, el estudio expone la importancia de la elección del modelo para realizar nuestras consultas. Los resultados confirmaron que la IA más utilizada en España, Chat GPT, es la que más tiende a posicionarse a favor de un partido político cuando se le pregunta, en casi la mitad de los casos (43,2%), seguida de Grok, de X, con un 35,8%. El resto de modelos analizados se abstuvieron de compartir su opinión en más del 90% de los casos.El sesgo de la IA no solo tiene que ver con el contenido que consulta el sistema para elaborar una respuesta, sino también con lo que este conoce del propio usuario. López Meilán sostiene que estas herramientas tienen “una tendencia a ejercer como una cámara de eco”, pues están diseñadas “para ser complacientes”, a veces en exceso: “Esto pasó con el modelo GPT-4 de Open AI, que buscaba tanto la complacencia del usuario que daba respuestas erróneas constantemente por no corregirle”, asegura.El riesgo que supone para el pensamiento crítico del votante es evidente: “Si entras en una especie de hilo mental en el cual te convences de ciertas cosas, puedes hacer que Chat GPT defienda tu posición y critique la otra y que eso te convenza aún más de tu postura”, explica López Meilán, ya que, al igual que se puede utilizar para descubrir qué proponen otros partidos, se puede usar para “confirmar tus propias teorías, y en ese caso, va a darte la razón”, añade.Amador Suárez enfatiza el contexto social como uno de los principales problemas: “El mayor riesgo es la presencia de inteligencia artificial en unas elecciones con una sociedad hiperpolarizada”. Sostiene que en campaña la gente no cambia de opinión de “manera radical”, por lo que la IA puede servir como apoyo para reforzar aquello que ya se pensaba. La pregunta que debemos hacernos, plantea, es “qué tan dispuestos estamos a recibir información que desmienta nuestras creencias”.La influencia de la IA en el contexto político va más allá de los votantes. Algunos medios de comunicación han secundado esta tendencia y le dan voz al criterio de los sistemas, publicando como noticia el veredicto de la IA sobre las predicciones de los resultados de las elecciones. Amador Suárez cuestiona esta postura desde un dato: los españoles otorgan a las noticias una credibilidad del 33%, un porcentaje por debajo de la media mundial. Desde su punto de vista, la pregunta que deberían hacerse los medios radica en qué se está haciendo para recuperar esa confianza, y quizás ese no sea el mejor camino. “Lo que falta en el debate político es que los medios de comunicación ganen ese lugar que solían tener en las campañas de hace 50 años en las que eran la referencia de la información”, defiende.López Meilán introduce un matiz a la influencia de los medios: estos no siempre son más objetivos que la IA, y muchos “no tienen la capacidad de verificar la información y profundizar en ella de la misma manera que los asistentes”, que pueden elaborar informes más detallados consultando a numerosas fuentes, que luego el lector puede “contrastar por su cuenta”.El uso de la IA no es exclusivo de aquellos que votan y buscan consejo, sino que también es usado como elemento de campaña de quienes aspiran a ser votados. Según Amador Suárez, “los propios partidos también están tirando de la IA para hacer memes y vídeos cortos”, lo que anticipa una campaña “que va a ser superficial”, y reflexiona: “¿Dónde está la profundidad del debate?”.Esta tendencia no es exclusiva de España, en otros países los políticos incluso han incorporado la herramienta en sus programas. En Brasil, el expresidente Jair Bolsonaro, bajo arresto domiciliario y con prohibición de comunicarse públicamente, apareció en forma de avatar generado con IA en el lanzamiento de la campaña presidencial de su hijo Flávio, a finales de julio.En un contexto global, el International Panel on the Information Environment analizó 215 incidentes relacionados con IA generativa en 50 países que celebraron elecciones en 2024. El estudio concluye que el 80% de esos países registró algún uso electoral de IA; el 90% de los incidentes consistió en la creación de contenido (audios, imágenes, vídeos o publicaciones) y en el 46% de los casos no pudo identificarse al responsable.Frente a esta situación, Amador Suárez redirige la atención al problema de base que lo produce: “Esto no es un problema de la inteligencia artificial, sino de la ética de la discusión política. La desinformación más sofisticada sigue estando a cargo de los partidos y en muchos casos la principal desinformación proviene de los mismos gobiernos”. La experta defiende que en América Latina el uso de audios y contenidos falsos “está a la orden del día desde antes de la inteligencia artificial”, ya que “la desinformación es una herramienta de la campaña política” anterior a esta tecnología. Amador Suárez reconoce que “hoy cualquiera puede producir deep fakes”, aunque para que “tenga una calidad suficiente requiere mucha tecnología”, algo que no está al alcance de todos los ciudadanos.Las próximas elecciones se enmarcan dentro de un momento social en el que muchos votantes se sienten desencantados con los partidos o se mantienen indecisos acerca de a quién apoyar. La IA es una herramienta que muchos utilizan para intentar orientar su decisión, recurriendo a este sistema como fuente fiable que puede solucionar este problema. López Meilán expone que la IA, bien empleada, puede “incluso mejorar la calidad de la decisión del voto” de aquellos que realmente buscan ampliar su información, siempre que el votante “decida no utilizar la herramienta como sustituto de su juicio”. Es algo que hacen muchos usuarios: “Toman lo que dice como una verdad absoluta y con esa base votan, porque la IA es muy convincente cuando habla”, explica.El experto en filosofía de la política, además, relativiza el impacto de esta herramienta: “A mucha gente la política le da bastante igual, aunque a las personas que tenemos interés, desde nuestra burbuja informativa, no lo creamos”. López Meilán sostiene que muchos de ellos votan por inercia, por costumbre, o por herencia familiar: “Los votantes toman una decisión para sentirse bien con ellos mismos y sin pensar ni plantearse un cambio, da igual lo que hagan los políticos. La gente puede verse influenciada por muchas cosas”, apunta.En este aspecto, concluye que la IA “no ha cambiado la manera de decidir de la gente, sino que les ha proporcionado una fuente que parece fidedigna y en la que muchos, por ende, se fían más”. López Meilán propone un uso más crítico de la herramienta para reducir su impacto en las urnas: “Lo que se debería hacer es analizar de forma crítica y en base a ello, decidir de forma individual. No debemos delegar todo en otros, y no podemos dejar que sea un sustituto de tu juicio”.
Si le preguntas a una IA como ChatGPT a quién debes votar, en casi la mitad de los casos te dará la respuesta. Esta es la conclusión de un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) que ha examinado cinco modelos de inteligencia artificial para analizar hasta qué punto pueden influenciar estos agentes en las decisiones electorales de los usuarios. Esta realidad llega en un momento social en el que la IA se ha instalado en la rutina, forma parte de nuestras decisiones cotidianas —desde la lista de la compra hasta los resultados médicos, pasando por consejos y apoyo emocional—, y empieza a introducirse también en nuestras decisiones políticas.
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