"Diez escaños y un penalti". Si son de los que siguen con fruición la demoscopia electoral, reconocerán esa frase textual que repite a diario en todos los medios Iván Redondo. Desde que se convocaron las generales, el que fuera el estratega más influyente de Pedro Sánchez en sus primeros años en la Moncloa sostiene no solo que el PSOE no lo tiene todo perdido, sino que está más cerca de lo que parece de revalidar el Gobierno. Con todo, el consultor político y exdirector del Gabinete de la Presidencia del Gobierno no va tan lejos como el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que ha dado a los socialistas 12 puntos de ventaja sobre el PP la misma semana en la que un porrón de encuestas, entre ellas la del GESOP para Prensa Ibérica, han pronosticado la victoria de Alberto Núñez Feijóo y una sólida mayoría a la suma de PP y Vox. Pero, ¿es realista pensar que el 29N está mucho más igualado de lo que muestran los sondeos?Seguir leyendo....
"Diez escaños y un penalti". Si son de los que siguen con fruición la demoscopia electoral, reconocerán esa frase textual que repite a diario en todos los medios Iván Redondo. Desde que se convocaron las generales, el que fuera el estratega más influyente de Pedro Sánchez en sus primeros años en la Moncloa sostiene no solo que el PSOE no lo tiene todo perdido, sino que está más cerca de lo que parece de revalidar el Gobierno. Con todo, el consultor político y exdirector del Gabinete de la Presidencia del Gobierno no va tan lejos como el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que ha dado a los socialistas 12 puntos de ventaja sobre el PP la misma semana en la que un porrón de encuestas, entre ellas la del GESOP para Prensa Ibérica, han pronosticado la victoria de Alberto Núñez Feijóo y una sólida mayoría a la suma de PP y Vox. Pero, ¿es realista pensar que el 29N está mucho más igualado de lo que muestran los sondeos?
En primer lugar, expliquemos la tesis de Redondo. Sus cálculos se basan en los efectos de la Ley d'Hondt en las provincias más pequeñas, que reparten pocos escaños. En estos territorios, el último diputado suele adjudicarse por muy pocos votos de diferencia, lo que se conoce como los 'restos'. En los años del bipartidismo, la representación en esos feudos se la repartían PP y PSOE. Pero en el tablero actual, el último escaño pueden jugárselo los socios minoritarios de cada bloque: Vox y Frente Amplio. Cada asiento que consiga uno de estos partidos se lo estará quitando al bloque contrario. En ese pulso se basan los "diez escaños y un penalti" de la metáfora de Redondo, quien asegura que hay hasta 28 provincias empatadas en las encuestas, y que la campaña será clave para deshacer esa igualdad a favor de un bloque u otro.
La izquierda tiene motivos para inquietarse en las circunscripciones pequeñas porque el empuje de Vox contrasta con la debilidad de todo el espacio progresista. Es el caso de Albacete, Ávila, Burgos, Cáceres, Cuenca, Guadalajara, Huesca, León, Lugo, Ourense, Palencia, La Rioja, Salamanca, Segovia, Soria, Teruel y Zamora. A estas provincias hay que sumar aquellas en las que la batalla por el último escaño en 2023 se decidió entre PP y PSOE. Dos ejemplos: por 1.587 votos se llevó Feijóo el último diputado por Asturias; por 1.956 papeletas se hizo Sánchez con el último asiento en Baleares. En total hubo 31 provincias donde la última acta se la disputaron el bloque de la derecha con el de la izquierda, y en 24 de ellas la pugna fue entre PSOE y PP. Hacia qué lado se incline cada una de estas balanzas el 29N dependerá de la capacidad de movilización de cada bloque, sobre todo del progresista.
Mapa coroplético que muestra las batallas entre la izquierda y la derecha.
Las primeras encuestas tras el adelanto electoral no reflejan signos de remontada en la izquierda. La teoría de Redondo se apoya en que parte del millón y medio de votantes que en los sondeos aparecen en la abstención acaben votando a la izquierda por el miedo a Vox, como sucedió en 2023. Y que, a su vez, Sánchez recupere unos 700.000 votantes suyos que se han pasado a PP o Vox. Según el GESOP, el 27,4% de quienes se abstuvieron en 2023 ya han decidido que votarán a PP o Vox, el 20,3% tiene intención de volver a quedarse en casa, el 15% está indeciso y solo el 14,5% ha decidido votar a PSOE o Frente Amplio. En paralelo, Sánchez perdería más de 625.000 votos a favor de Feijóo y más de 234.000 a favor de Santiago Abascal. Casi 860.000 papeletas socialistas pasarían al bloque conservador.
En definitiva, para que se cumpla la tesis de Redondo, el PSOE necesita una remontada mucho mayor que la que protagonizó en 2023 y una participación en las urnas se acerque o, incluso, bata récords, porque la derecha sí está muy movilizada y alcanza, en conjunto, los 11 millones de votos desde hace 30 años. ¿Imposible? En seis semanas todo puede pasar, pero el contexto es mucho más adverso por la erosión que acumula Sánchez, la flaqueza del espacio a su izquierda y la fortaleza de la derecha. El propio Redondo asevera que Vox está ahora en los 80 escaños (el GESOP le pronosticaba hasta 72). Si eso es así, teniendo en cuenta la lógica de los bloques, el PP tendría que bajar de los 100 diputados para que Sánchez tuviera opciones de salvar la Moncloa.
Fuente: El Periódico