A expensas de que concluya el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla, es de justicia anticipar la felicitación por el acierto que supone, desde muy diversas perspectivas: el mensaje de apoyo, ante todo a los habitantes, las autoridades, los militares y las fuerzas de seguridad de las dos ciudades, en especial a los de Ceuta, que han padecido y seguirán padeciendo los efectos de una invasión insensata y de funestas consecuencias; el aviso a todos -sobre todo a los instigadores- de que este es para España un asunto de Estado en el que no hay ni habrá vacilaciones; y la compasión hacia las víctimas que han perdido la vida a causa de su instrumentalización, y a sus familias, un asunto del que habrá que ir exigiendo todas las consecuencias, sin dejar una. Era y es un viaje de riesgo, diplomático y de todo orden, pero asumir riesgos forma parte de la vida de un país y quienes lo encabezan.
A expensas de que concluya el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla, es de justicia anticipar la felicitación por el acierto que supone, desde muy diversas perspectivas: el mensaje de apoyo, ante todo a los habitantes, las autoridades, los militares y las fuerzas de seguridad de las dos ciudades, en especial a los de Ceuta, que han padecido y seguirán padeciendo los efectos de una invasión insensata y de funestas consecuencias; el aviso a todos -sobre todo a los instigadores- de que este es para España un asunto de Estado en el que no hay ni habrá vacilaciones; y la compasión hacia las víctimas que han perdido la vida a causa de su instrumentalización, y a sus familias, un asunto del que habrá que ir exigiendo todas las consecuencias, sin dejar una. Era y es un viaje de riesgo, diplomático y de todo orden, pero asumir riesgos forma parte de la vida de un país y quienes lo encabezan.
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