La avalancha de Olavide se produjo porque la Junta Municipal de Chamberí o el organismo competente dio el permiso (se supone, como en otras ocasiones) para instalar todo tipo de puestos y tenderetes de venta de ropa de señora, jóvenes, niños/as y bebés y muchos de quincallería en el sentido más noble del término artesano
El sábado, día 19 de septiembre, se produjo una avalancha de 8.000 personas en la plaza de Olavide de Madrid. Si utilizamos el lenguaje del Partido Popular y de Vox respecto de Ceuta, fue una invasión de la plaza. Una invasión con fines comerciales y, por tanto, pacífica, como fue la avalancha de Ceuta en un principio con el objetivo de conseguir una vida mejor. Otra cosa fueron los objetivos de quienes la planearon.
La avalancha de Olavide se produjo porque la Junta Municipal de Chamberí o el organismo competente dio el permiso (se supone, como en otras ocasiones) para instalar todo tipo de puestos y tenderetes de venta de ropa de señora, jóvenes, niños/as y bebés y muchos de quincallería en el sentido más noble del término artesano, algunos puestos de quesos y otros productos alimenticios. Alrededor de 50, aunque la Junta no ha facilitado el número. En resumen, un mercadillo gigante en un espacio reducido, porque, aunque la plaza tiene 10.000 mts2 de superficie, muchos de sus diferentes espacios están permanentemente ocupados. Para que se entienda no es el coso de una plaza de toros o la misma Plaza Mayor de Madrid. Describimos con brevedad la limitación de la superficie:
Uno, en la plaza se hallan instaladas 12 terrazas, que invaden todo el perímetro exterior. Dichas terrazas ocupan ya un 20% de la plaza y estuvieron llenas durante todo el día y la noche por 1.500 jóvenes.A este perímetro exterior se le une otro perímetro circular de zona verde y arbolado que reduce la superficie útil de la plaza otro 5%.
Dos, las dos áreas de juego para los niños con una extensión del 8% de la plaza, así mismo estuvieron ese sábado ocupadas plenamente con la supervisión de los padres o cuidadores.
Tres, el interior propio de la plaza alberga: la fuente ornamental en el centro, las jardineras y alcorques del arbolado, el ascensor y las escaleras para la utilización del aparcamiento subterráneo y otros utensilios útiles y necesarios, como los bancos, bancadas y mesas, distribuidos irregularmente por el interior.
Por tanto, en los espacios libres y vacíos se instalaron los 50 tenderetes, alguno tapando la entrada o salida de la plaza con sus respectivos dueños y futuros clientes. Alrededor de 5.000 personas, miraban, curioseaban, observaban precios, pedían explicaciones, compraban y se trasladaban en marea de tenderete en tenderete. Contribuyó al éxito de la invasión una temperatura casi veraniega. Estos son los hechos, saquemos las conclusiones:
Primera, La plaza de Olavide es un espacio urbano para uso vecinal fundamentalmente, un derecho a la ciudad, al barrio, para el disfrute de los vecinos, de su ocio, tranquilidad y descanso. En muchas ciudades y pueblos se celebran mercadillos semanales, ofreciendo productos de la tierra o artesanales, pero en lugares apartados. Si se celebran en las plazas mayores o vecinales, su duración no pasa de dos, tres, cuatro horas. En Olavide fueron 12 horas.
Segunda, el hecho de que la plaza de Olavide se haya internacionalizado y de que figure en todas las guías turísticas como un espacio, lamentablemente malentendido, como paradisiaco, edénico, ha transformado categóricamente la plaza de Olavide en un conflicto de intereses contrarios al deseo apacible y el bienestar de los vecinos: ruidos, suciedad, destrozos, utilización abusiva de cualquier espacio para comer, etc.
Tercera, según la opinión vecinal el barrio ha cambiado radicalmente, no es lo que era, un escaparate de alcohol. En el intercambio de whatsapp me escribía Ángel, también firmante, también vecino del barrio, que el sábado bajó de su vivienda para recibir a un amigo uruguayo, que se encontraba perdido y le preguntó que veía. “Es un tipo que ha vivido en Canadá, en Qatar, en Chile, en México y le contestó ”que no ha visto nunca nada parecido“.
Extraigo de una entrevista en El País a Manuel Delgado, catedrático emérito de Antropología Religiosa y Antropología Urbana, que ha escrito el ensayo, “Todas las ciudades están poseídas”, porque “todas las ciudades están poseídas por el demonio de lo urbano” y estas otras afirmaciones: “Cuando los políticos hablan de crear espacios urbanos de calidad, debes pensar si tú eres de suficiente calidad para ese espacio. A lo mejor tú sobras”. ¡Menuda predicción!. “Los alcaldes conciben las urbes como productos en venta”. “Si peatonalizan una calle, con frecuencia piensan en convertirla en un centro comercial al aire libre”.
Cuando termino estas líneas, se está utilizando la plaza para una actividad de concienciación muy seria y de gran utilidad en el día mundial: la ayuda y colaboración necesarias para la investigación contra el cáncer Bienvenida esta actividad. La ciencia al poder.
El sábado, día 19 de septiembre, se produjo una avalancha de 8.000 personas en la plaza de Olavide de Madrid. Si utilizamos el lenguaje del Partido Popular y de Vox respecto de Ceuta, fue una invasión de la plaza. Una invasión con fines comerciales y, por tanto, pacífica, como fue la avalancha de Ceuta en un principio con el objetivo de conseguir una vida mejor. Otra cosa fueron los objetivos de quienes la planearon.
La avalancha de Olavide se produjo porque la Junta Municipal de Chamberí o el organismo competente dio el permiso (se supone, como en otras ocasiones) para instalar todo tipo de puestos y tenderetes de venta de ropa de señora, jóvenes, niños/as y bebés y muchos de quincallería en el sentido más noble del término artesano, algunos puestos de quesos y otros productos alimenticios. Alrededor de 50, aunque la Junta no ha facilitado el número. En resumen, un mercadillo gigante en un espacio reducido, porque, aunque la plaza tiene 10.000 mts2 de superficie, muchos de sus diferentes espacios están permanentemente ocupados. Para que se entienda no es el coso de una plaza de toros o la misma Plaza Mayor de Madrid. Describimos con brevedad la limitación de la superficie:
Uno, en la plaza se hallan instaladas 12 terrazas, que invaden todo el perímetro exterior. Dichas terrazas ocupan ya un 20% de la plaza y estuvieron llenas durante todo el día y la noche por 1.500 jóvenes.A este perímetro exterior se le une otro perímetro circular de zona verde y arbolado que reduce la superficie útil de la plaza otro 5%.
Dos, las dos áreas de juego para los niños con una extensión del 8% de la plaza, así mismo estuvieron ese sábado ocupadas plenamente con la supervisión de los padres o cuidadores.
Tres, el interior propio de la plaza alberga: la fuente ornamental en el centro, las jardineras y alcorques del arbolado, el ascensor y las escaleras para la utilización del aparcamiento subterráneo y otros utensilios útiles y necesarios, como los bancos, bancadas y mesas, distribuidos irregularmente por el interior.
Por tanto, en los espacios libres y vacíos se instalaron los 50 tenderetes, alguno tapando la entrada o salida de la plaza con sus respectivos dueños y futuros clientes. Alrededor de 5.000 personas, miraban, curioseaban, observaban precios, pedían explicaciones, compraban y se trasladaban en marea de tenderete en tenderete. Contribuyó al éxito de la invasión una temperatura casi veraniega. Estos son los hechos, saquemos las conclusiones:
Primera, La plaza de Olavide es un espacio urbano para uso vecinal fundamentalmente, un derecho a la ciudad, al barrio, para el disfrute de los vecinos, de su ocio, tranquilidad y descanso. En muchas ciudades y pueblos se celebran mercadillos semanales, ofreciendo productos de la tierra o artesanales, pero en lugares apartados. Si se celebran en las plazas mayores o vecinales, su duración no pasa de dos, tres, cuatro horas. En Olavide fueron 12 horas.
Segunda, el hecho de que la plaza de Olavide se haya internacionalizado y de que figure en todas las guías turísticas como un espacio, lamentablemente malentendido, como paradisiaco, edénico, ha transformado categóricamente la plaza de Olavide en un conflicto de intereses contrarios al deseo apacible y el bienestar de los vecinos: ruidos, suciedad, destrozos, utilización abusiva de cualquier espacio para comer, etc.
Tercera, según la opinión vecinal el barrio ha cambiado radicalmente, no es lo que era, un escaparate de alcohol. En el intercambio de whatsapp me escribía Ángel, también firmante, también vecino del barrio, que el sábado bajó de su vivienda para recibir a un amigo uruguayo, que se encontraba perdido y le preguntó que veía. “Es un tipo que ha vivido en Canadá, en Qatar, en Chile, en México y le contestó ”que no ha visto nunca nada parecido“.
Extraigo de una entrevista en El País a Manuel Delgado, catedrático emérito de Antropología Religiosa y Antropología Urbana, que ha escrito el ensayo, “Todas las ciudades están poseídas”, porque “todas las ciudades están poseídas por el demonio de lo urbano” y estas otras afirmaciones: “Cuando los políticos hablan de crear espacios urbanos de calidad, debes pensar si tú eres de suficiente calidad para ese espacio. A lo mejor tú sobras”. ¡Menuda predicción!. “Los alcaldes conciben las urbes como productos en venta”. “Si peatonalizan una calle, con frecuencia piensan en convertirla en un centro comercial al aire libre”.
Cuando termino estas líneas, se está utilizando la plaza para una actividad de concienciación muy seria y de gran utilidad en el día mundial: la ayuda y colaboración necesarias para la investigación contra el cáncer Bienvenida esta actividad. La ciencia al poder.