Lo primero que quiero deciros son estas tres cosas: ¡Abrid un libro! ¡Algo va a despertarse si lo hacéis! ¡Leer es sobre todo un hermoso lugar a donde ir!
Lo primero que quiero deciros son estas tres cosas: ¡Abrid un libro! ¡Algo va a despertarse si lo hacéis! ¡Leer es sobre todo un hermoso lugar a donde ir!
Los libros nos salvan la vida y nos llenan las horas y los días. Los libros nos construyen y levantan puentes entre nosotros. Cuando tenía ocho o nueve años y supe que había escritores y había Literatura me dio mucha alegría, comencé a ser otro y sentí cómo los quitanieves encontraban muy bien su camino en mi alma. Comencé a existir desenchufado de una rutina antigua y me hice otra persona más libre y creativa.
Escribir, leer, pensar, todo eso es un tesoro y una forma de esperanza que nos ha sido dada. Muchas personas no tendrán en la vida una mejor defensa y una mejor propiedad inmaterial y social que el dominio del lenguaje y del pensamiento, que el poder de leer y comprender el mundo.
Sentirse vivoUno lee y escribe para sentirse vivo. Creedme. Es así. Esa manera de sentirte vivo que te produce leer un libro es superior a un tik tok. El lenguaje es lo más valioso que tenemos. Valioso en el sentido en que es valiosa una barra de pan o un vaso de zumo o un medicamento que te sana. Valioso en el sentido de la felicidad más natural, humilde y absoluta.
Yo pertenezco a una generación que creyó en la importancia de las palabras, que veneró los libros y el conocimiento que hay dentro de ellos. Yo me salvé de algo gracias a los libros. Desde muy pequeño no quería que se me hiciera tarde para vivir, y leí y viví todo cuanto pude. Desde muy pequeño sabía distinguir un almendro de un cerezo. Desde muy pequeño aprendí el olor de la lluvia en los caminos. Desde muy pequeño leí libros enteros y difíciles. He cumplido casi todos mis sueños gracias a los libros: Trabajé en lo que más me gustaba, publiqué y viajé mucho gracias a ellos y a los premios literarios que recibí. Y ahora, si miro hacia atrás siento gratitud por el tiempo que me tocó vivir y si miro hacia delante, me preocupo porque no sé muy bien qué va a pasar o qué está pasando ya con respecto a nuestros modos de vida y a nuestras ilusiones y esperanzas inmediatas.

Cartel anunciador de la presentación del libro 'Habitaciones de existir' de Miguel Sánchez Robles / L.O.
Me pregunto, por ejemploMe pregunto, por ejemplo: ¿Por qué os estáis alejando de la naturaleza? ¿Por qué vivimos todos cada vez más dentro de las pantallas como si ya no hubiera mundo, como si todo lo que está fuera de internet estuviera condenado a oxidarse? ¿Cuántos de vosotros sabe por dónde sale el sol o sabría indicar con el dedo dentro de esta habitación, ahora mismo, hacia dónde es el Norte o el Sur? ¿Cuántos de vosotros sabe identificar árboles, distinguir un álamo de una encina? ¿Cuántos de vosotros ha cortado una rama de tomillo o de romero y ha aspirado su olor y se la ha dejado metida en el bolsillo de la camisa? ¿Quién ha tocado alguna vez un fósil o ha visto dormir a un caballo? ¿Cuántos de vosotros habéis leído alguna vez un libro entero y difícil? ¿Cuántos de vosotros habéis sentido atracción por esa poesía que está emparentada con la belleza del pensamiento? Temo que algún día todo eso sea considerado ‘desfasado’, se pierda para siempre y quede desterrado de vuestras vidas a favor de todo el entretenimiento masivo que producen ese puñado de empresas tecnológicas a las que les han encargado que fabriquen vuestra felicidad.
Mi padre me decía siempre que lo más importante era entender de qué iba la vida. Mi padre me enseñó por dónde salía el sol y me llevó un verano, cuando yo era muy niño a ver dormir a un caballo. ¡Cuánto me he acordado después de todas aquellas cosas que me enseñó mi padre! ¡Anda que no he pensado yo en la vida! Pensar en la vida no te ralla, al contrario, te hace amarla más. Porque la vida es un misterio que no se puede comprender del todo. Es una luz maravillosa entre dos oscuridades absolutas, una oscuridad es antes de haber nacido y la otra es después de morir. Ahí en medio está todo. Ahora mismo estamos todos nosotros ahí, en ese instante de luz que tenemos la obligación de aprovechar. Y la literatura y los libros ayudan mucho a eso.
AlumnosTuve un alumno en un bachillerato con el que me llevé siempre muy bien, era de esos alumnos con quienes sintonizas, con los que guardas una conexión especial. Una mañana muy soleada del mes de junio, habían acabado las clases y vino a recoger las notas, me lo encontré en ese pasillo luminoso que da a la piscina y hablamos un poco como despidiéndonos de algo, porque él ya se iba a la Universidad. Entonces, al irnos, me confesó: «No sé qué voy a hacer el resto de mi vida, Miguel», y yo le respondí: «Lee libros difíciles».
Y también me acuerdo mucho de aquella chica de 4º de ESO que una vez en clase, después de haber analizado unas diapositivas, levantó la mano y me preguntó: «¿Profe, se hundirá algún día, verdad, o el mundo va a ser así de hermoso siempre?». Eso es fundamental: Hacerse preguntas, no creer demasiado en las verdades publicitarias de vuestro tiempo, leer libros intensos, alejarse del ruido y de las modas.
No es una cosa normalUn libro no es en absoluto una cosa normal. Una cosa normal es un dedal, una tinaja, un tenedor, una avispa... Pero un libro no. En un libro puedes incluso hasta meterte a vivir. Un libro es un iglú. Y es posible que mientras lo lees o lo escribes, tengas una alegría o un delirio. En un libro es posible encontrar ese sueño fantástico que puede ser tu vida.
Hay demasiada gente que no sabe que la Literatura puede hacerte feliz mucho más que cualquier otra cosa, mucho más que el vodka con naranja o la cerveza o las tartas de moka o los videojuegos. Es una felicidad más honda. Más natural. Más productiva. Quienes descubren eso actúan y se comportan como una especie de mirlo que colecciona cosas preciosas y brillantes. Se salvan de algo, porque en los libros hay sobre todo salvación.
No sé si alguna vez os habéis hecho esta pregunta: ¿Quedarnos quietos también es vivir? Sí, quedarnos quietos también es vivir. Pensar es vivir. Mirar es vivir. Leer es vivir. Cerrar los ojos para soñar un poco también es vivir. Porque, queridos alumnos del ahora: la vida mancha y un libro te lo limpia. n
(Palabras para un acto con alumnos de Bachillerato del IES Ginés Pérez Chirinos).
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