La calle Santa Clara es de las más típicas del Burgos del siglo XX, llena de vida, sigue siendo lugar bullicioso en mediodías y noches por su buen ambiente
07/10/2026 a las 08:02h.
Hay rincones en Burgos donde la historia no solo se estudia en los libros: se respira al doblar una esquina. Y para entender las entrañas del barrio Sur, hay que pararse a escuchar lo que nos cuentan sus piedras. Decía el padre Carlos Conde en su ya imprescindible 'Burgos, su memoria callejera' —rescatando aquellas palabras de Tomás de Celano— aquello de «Clara de nombre, pero más clara por su vida», para definir a esta italiana medieval que tiene su calle en el distrito sur de Burgos.
Nacida en la Asís de 1193, la trayectoria de Santa Clara avanzó siempre compasada a la de San Francisco. En 1212 dio el salto, vistió el hábito y emprendió una auténtica aventura espiritual hasta fundar las clarisas, la rama femenina de la familia franciscana. Desde el convento de su ciudad natal ejerció como superiora, defendiendo a su comunidad a fuerza de oración y Eucaristía frente a las embestidas piratas.
Pero la huella de Clara no tardó en cruzar fronteras. Apenas dos años después de su muerte en 1253, e incluso con la santa aún en vida hacia 1234, un pequeño grupo de mujeres comenzó a reunirse en Burgos bajo su regla. Así nació el actual convento de Santa Clara, hoy por hoy el tercero más antiguo de toda España.
Su iglesia sigue siendo un ir y venir constante de devotos franciscanos y de curiosos que se acercan a disfrutar de su sosiego. Por cierto, aquí se mantiene intacta una de las costumbres entrañables de Burgos: esa tradición de llevar una docena de huevos a las monjas para encomendarles el buen tiempo, sobre todo cuando hay boda o fiesta grande a la vista.
Traspasar hoy la calle Santa Clara es adentrarse en una de las arterias más vivas y con más solera del distrito Sur. Es una vía populosa, repleta de comercio de toda la vida y de esos bares donde los vinagrillos siguen siendo religión a la hora del aperitivo. Su trazado arranca en la calle Miranda y se estira hasta dar salida a Casillas, dejándose cruzar en su camino por Santa Cruz y Progreso, mientras abre rendijas hacia Ramón y Cajal o Zatorre.