En una de las áreas más tranquilas de Asturias, donde la vegetación ha terminado cubriendo antiguos caminos y numerosas casas permanecen vacías desde hace décadas, Álvaro se ha convertido en el guardián de una parte importante de su historia familiar. Leer la noticia completa
En una de las áreas más tranquilas de Asturias, donde la vegetación ha terminado cubriendo antiguos caminos y numerosas casas permanecen vacías desde hace décadas, Álvaro se ha convertido en el guardián de una parte importante de su historia familiar.
Hace seis años regresó a la zona por motivos laborales y decidió instalarse allí para evitar que desapareciera por completo el pueblo en el que creció su abuela. "Mi padre me contaba muchas anécdotas de cuando venía de pequeño en verano, que todavía vivía mi bisabuelo, y él amaba mucho esta tierra", cuenta Álvaro, de 39 años, durante un vídeo publicado en el canal de YouTube @hilux_aventura, dedicado a recorrer lugares abandonados y descubrir las historias de quienes vivieron en ellos.
Un hombre por y para su puebloÁlvaro pretende conservar las condiciones necesarias para que el lugar pueda seguir siendo visitado y no quede completamente aislado. "Uno de mis objetivos principales es mantener el pueblo, por lo menos el acceso en carretera, que esté bien, que tenga agua y que la gente lo disfrute cuando venga", señala.
Su intención es mantener con vida un enclave que, pese a encontrarse prácticamente vacío, todavía conserva numerosos recuerdos y elementos vinculados a generaciones anteriores. Álvaro es el único residente permanente del pueblo, aunque conoce el lugar desde su infancia. Sus visitas familiares se producían cuando el núcleo ya había perdido buena parte de sus habitantes y llegar hasta allí suponía toda una pequeña expedición. "Cuando veníamos de pequeños, solíamos quedarnos en la casa familiar grande que hay allí detrás y teníamos que dejar el coche en el pueblo de arriba. Con las mochilas, el cámping gas y víveres, para 15 días más o menos, bajábamos andando y era un poco una aventura", recuerda.
La relación de su familia con el pueblo también está vinculada a la construcción de una vivienda. Su padre siempre había querido disponer de una propiedad propia en aquel entorno y finalmente decidió comprar un terreno, contar con trabajadores de la zona y utilizar materiales procedentes de los alrededores. La nueva casa fue levantada además tomando como referencia la vivienda de su bisabuelo, con la intención de conservar ese vínculo con el pasado familiar. Aunque su padre solamente pudo disfrutarla durante unos años antes de fallecer en 2018, Álvaro decidió trasladarse allí para ocuparse de la propiedad y mantener viva esa conexión con su familia.
La vivienda familiar constituye además uno de los principales testimonios históricos que todavía se conservan en el lugar. Según una inscripción localizada en su interior, el edificio fue construido en 1794 y contiene numerosos objetos antiguos. Entre ellos aparecen gramófonos, antiguos baúles de piel de cocodrilo procedentes de América, un diploma universitario fechado en 1906, periódicos de la Segunda República e incluso un banco de carpintería que ha permanecido en la casa durante generaciones.
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"Esto son auténticas joyas", repite Álvaro varias veces durante el recorrido, mientras enseña habitaciones con camas de hierro forjado, sombreros colgados y armarios intactos desde mediados del siglo pasado.