En la provincia, el CICR presta apoyo a la rehabilitación funcional de personas en situación de discapacidad, mediante su aporte al centro de Rwankole, en especial, a través de la provisión de aparatos ortopédicos, prótesis, sillas de ruedas y otros dispositivos de ayuda a la movilidad. Desde su creación, en 2023, el centro atiende a una gran cantidad de personas en situación de discapacidad, de las cuales, el 80 % proviene de los territorios afectados por los conflictos armados y la violencia.
Como muchas de estas personas, Kimareki Bonhomme llegó a este establecimiento no solo afligido por el dolor que sentía en las axilas a causa de la presión y el apoyo prolongado sobre la muleta, sino mucho más aún, por las miradas estigmatizantes a su alrededor. Irse del centro con una prótesis era todo lo que esperaba, sin saber que eso le abriría las puertas a un nuevo camino.
“Cuando llegué al centro apoyado por el CICR, encontré varias pelotas de rehabilitación en la sala. Me divertía dando pequeños saltos con ellas, aunque solo tuviera un pie”, recuerda.
Gracias a las sesiones de sensibilización organizadas por la Liga Paralímpica en el centro de Rwankole, Kimareki se unió rápidamente al equipo local de baloncesto en silla de ruedas, antes de que lo seleccionaran para jugar a nivel nacional.
“Jugué mi primer partido en esa categoría en Kinsasa, contra República Centroafricana. Mi familia, que se había quedado en Bunia, no lo podía creer. Cuando volví de Kinsasa, les mostré los vídeos de los partidos. Su percepción sobre este deporte cambió totalmente pero, sobre todo, cambiaron la que tenían sobre mí”, dice sonriendo.
Tabo Chantal, de 44 años, también recibe atención en un centro de rehabilitación apoyado por el CICR. En 2006, perdió el uso de sus dos piernas debido a que pisó una mina en una aldea, cerca de la ciudad de Bunia.
Las minas antipersonal en Ituri surgieron con los conflictos armados de los años 1990, pero siguieron afectando a la población hasta los años 2000.
“Fui a buscar agua con mis dos hijos, y estaba embarazada. No sabía que había una mina en los alrededores de la fuente de agua. Explotó y salí despedida. Perdí al bebé que llevaba en el vientre y uno de mis hijos resultó herido en la cabeza. Mi marido me abandonó, porque pensaba que ya no podía realizarse ninguno de nuestros proyectos de vida.”
Tabo Chantal recién pudo recibir sus primeras prótesis 12 años más tarde. El CICR tuvo que llevarla al centro Heri Kwetu de Bukavu, a unos 500 kilómetros de Ituri. Actualmente, Chantal cuenta con el centro Rwankole de Bunia para renovar periódicamente sus aparatos. La autonomía que le brindan para su movilidad le permitió reconstruir su vida.
“Con mis prótesis, puedo hacer tareas domésticas. También comencé a cultivar mandioca, maíz, bananas y verduras, y a vender algunos productos.”