El violinista sevillano Javier Comesaña (Alcalá de Guadaira, 1999) debuta en el mundo discográfico con una grabación de la integral de las
Seis sonatas para violín solo
del compositor belga Eugène Ysaÿe (1858-1931)
Me confiesa vía telefónica que aún está quitándose la arena del verano mientras prepara la nueva temporada, que comienza con este lanzamiento crucial, nada menos que el ciclo completo de Ysaÿe. Dice llevar trabajando estas obras desde los 14 años, pero el paso del tiempo ha transformado su mirada. Tras la espectacularidad instrumental ha descubierto una música de extraordinaria densidad polifónica y estructural. Grabado el pasado mes de marzo para el sello tinerfeño Anaga Classics, el disco supone para Comesaña una primera oportunidad de dejar fijada su visión de un repertorio que forma parte de su historia personal.
Pregunta.¿Cómo ha cambiado en este tiempo su relación con estas sonatas?
Respuesta.Ha sido una evolución muy paulatina. La primera que estudié fue la Tercera, la Ballade, pero a lo largo de los años he trabajado mucho repertorio franco-belga de la época de Ysaÿe. Eso me ha ayudado a reconocer en sus Sonatas las distintas influencias que confluyen en ellas. Se habla mucho del virtuosismo, que indudablemente tienen las obras, pero no es sólo un virtuosismo técnico. Eso se queda muy corto. Se trata de un virtuosismo completo, que abarca muchas más facetas.
P.Es significativo que unas obras aparentemente concebidas para exhibir las posibilidades del violinista estén llenas de indicaciones como “sin prisa”, “calmato” o “cuasi lento”.
R.Exactamente. Si uno piensa que son piezas virtuosas para lucir la técnica o la velocidad, resulta llamativo que haya docenas de indicaciones de ese tipo y prácticamente un solo veloce en todo el ciclo, al final de la Sexta Sonata. Eso sirve para entender que Ysaÿe no escribió estas piezas solo para exigir brillantez técnica, sino para sacarles mucho más jugo.
P.También está Bach detrás de ellas, ¿hasta qué punto lo ha condicionado esa concepción polifónica del violín solo?
R.Lo he tenido muy presente. Tomar los movimientos con un tempo más reposado ayuda a resaltar ese perfil armónico y a dibujar mejor la polifonía. Son piezas para un instrumento solo, así que en teoría la libertad del intérprete es casi absoluta en materia de tempo y de rubati, que es algo que además formaba parte del estilo del propio Ysaÿe como intérprete. En las pocas grabaciones que se conservan de él se percibe que utilizaba esa libertad prácticamente en cada compás.
P.¿Cómo ha conciliado esa aparente contradicción de una partitura llena de detalles y, al mismo tiempo, esa libertad que parecen pedir las obras?
R.Ahí reside precisamente la dificultad interpretativa. Hay que tener en cuenta ambas cosas y la percepción puede ir cambiando con el tiempo. No es una receta en la que tengas que poner siempre exactamente la misma cantidad de cada ingrediente. Lo que hoy me parece una idea buenísima dentro de diez años puede parecerme un horror. Eso va moldeando el gusto del intérprete. Incluso en un concierto puede cambiar en una fracción de segundo la idea que tenías antes de salir al escenario.
P.¿Hasta qué punto cambia una obra de un concierto a otro?
R.Muchísimo. Y creo que es una de las mejores partes del oficio de intérprete. Puede influir cómo te encuentres ese día o las condiciones de la sala. A veces descubres matices que ni tú mismo esperabas. Es lo que diferencia a un intérprete de otro: el conocimiento objetivo de la partitura y del estilo están ahí y todos tenemos acceso a él, pero después está el instinto de cada uno.
Javier Comesaña
/ Gemma Escribano
P.Ysaÿe dedicó cada sonata a un violinista diferente. ¿Hay alguna con la que sienta una identificación especial?
R.Aunque Ysaÿe propone de alguna manera un retrato de esos violinistas, al final su propia personalidad musical está muy presente. Delimitar hasta dónde está retratando al violinista y hasta dónde se está retratando a sí mismo es algo que queda abierto a conjeturas. Me encanta el ciclo entero y me cuesta elegir una obra favorita, porque todas tienen un nivel altísimo. Pero, si tengo que escoger, diría la Quinta. Me parece una auténtica maravilla.
P.Este es su primer disco. ¿Qué quería contar con él?
R.Un poco quién soy como músico en este momento. Tengo 27 años y, después de toda mi etapa de estudios fuera de Sevilla, después de absorber tanta información, repertorio y experiencias, tenía la motivación y las ganas de empezar a dejar plasmados los frutos de esos años en Madrid y Berlín en una grabación.
P.En 2021 su triunfo en el Concurso Jascha Heifetz de Vilna lo lanzó nacional e internacionalmente. ¿Cómo han sido estos primeros años de carrera?
R.Me han enseñado a moderar mis expectativas. He tenido muchas alegrías y momentos que he disfrutado muchísimo, pero uno empieza una carrera sin tener ni idea de cómo se hace una carrera. Tienes que aprender muchas cosas sobre la marcha y muchas veces casi por tu cuenta. Por eso intento no aferrarme demasiado a las expectativas. No significa no tenerlas, sino aprender a disfrutar de lo que vaya surgiendo.
P.¿Hay alguna experiencia reciente que considere especialmente significativa?
R.Haber trabajado con un director como Pablo González ha sido un privilegio. Pero fíjese que recuerdo especialmente un proyecto camerístico en Hannover en el que hice de segundo violín en un cuarteto junto a Christian Tetzlaff, Volker Jacobsen y Gustav Rivinius. Tocábamos Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz de Haydn. Tener al lado a alguien como Tetzlaff, a quien admiro muchísimo, y verlo llegar a los ensayos hablando muy poco pero comunicando muchísimo con el instrumento fue una experiencia extraordinaria. Salía de cada ensayo pensando que estaba rindiendo incluso por encima de mis posibilidades. Me marcó mucho.
P.¿Y qué tiene ahora en perspectiva?
R.En noviembre vuelvo a Milán, con la Sinfónica, para hacer el Concierto de Mendelssohn con Pablo González, y a Vilna, con la Orquesta Nacional de Lituania, donde tocaré por primera vez el Concerto gregoriano de Respighi, un compositor que me encanta. También tengo para febrero y marzo un proyecto de recital que me hace mucha ilusión, con los Schumann y Szymanowski. Tocaré por primera vez Mitos, que es una obra que me entusiasma e incorporo a mi repertorio.
P.¿Ha tocado mucho las Sonatas de Ysaÿe en escena?
R.No demasiado. Las he trabajado sobre todo para clases, masterclasses y concursos. Durante la temporada pasada, mientras preparaba la grabación, sí fui alternando movimientos como propinas después de conciertos con orquesta, pero en realidad ha sido un trabajo bastante de ermitaño, que ha visto la luz casi directamente. Más un trabajo de laboratorio que de cara al público.
Ysaÿe. Sonatas. Javier Comesaña (Anaga Classics)
EUGÈNE YSAŸE (1858-1931)
Seis sonatas para violín solo Op.27 [1923]
Nº1 en sol menor. Dedicada a Joseph Szigeti.
Nº2 en la menor. Dedicada a Jacques Thibaud.
Nº3 en re menor Ballade. Dedicada a George Enescu.
Nº4 en mi menor. Dedicada a Fritz Kreisler.
Nº5 en sol mayor. Dedicada a Mathieu Crickboom.
Nº6 en mi mayor. Dedicada a Manuel Quiroga.
Javier Comesaña, violín
Anaga Classics
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