Animaría a la gente que viniera a leer. Decirle que la literatura es enriquecedora, que nos forma como persona, porque tener una mente bien amueblada favorece que puedas después tomar decisiones de manera independiente. Pero además es un entretenimiento que puede sustituir a cualquier plataforma que se te ocurra, porque la mente es muy poderosa. Yo participaré las tres jornadas consecutivas. El jueves, a las 19.30 horas, en el debate Clichés, estereotipos y algunos prejuicios, con Jon Arretxe. El viernes, a la misma hora, con el tema Cuánto vale, junto a Carlos Zanón y Bea Osa. Y el sábado, a las 10.00, en La ciudad, la isla, el territorio literario, con Sergio Mira Jordán y Santiago Gil.
Animaría a la gente que viniera a leer. Decirle que la literatura es enriquecedora, que nos forma como persona, porque tener una mente bien amueblada favorece que puedas después tomar decisiones de manera independiente. Pero además es un entretenimiento que puede sustituir a cualquier plataforma que se te ocurra, porque la mente es muy poderosa. Yo participaré las tres jornadas consecutivas. El jueves, a las 19.30 horas, en el debate Clichés, estereotipos y algunos prejuicios, con Jon Arretxe. El viernes, a la misma hora, con el tema Cuánto vale, junto a Carlos Zanón y Bea Osa. Y el sábado, a las 10.00, en La ciudad, la isla, el territorio literario, con Sergio Mira Jordán y Santiago Gil.
¿Qué destacaría de su primer debate?Estoy con Jon Arretxe, al que conozco bien, con el que he compartido mesa un montón de veces y que escribimos en la misma zona geográfica. El tema del debate sobre los clichés parte de que damos por sentado que lo que vemos por delante corresponde con ideas preconcebidas y no siempre es así. Por ejemplo, desde muy pequeños nos ponen la idea de que las mujeres son muy buenas, y en realidad hay mujeres asesinas y perversas. Igual que hay adolescentes malvados o niños que han cometido asesinatos. Y que tampoco un finlandés es más feliz que tú por ser de Finlandia. Los estereotipos y los clichés nos juegan mañas pasadas. En Detective Touré, la serie basada en las novelas de Jon Arretxe, el protagonista es un inmigrante negro guineano que malvive en Bilbao y que casi siempre aclara un crimen. Ponemos los estereotipos sobre la mesa y a través de nuestras novelas invitamos a la gente a pensar y reflexionar sobre todo esto.
Según el experto en psicopatía Iñaki Piñuel, el rasgo nuclear de todo psicópata es su capacidad formidable de caerle bien a todo el mundo.Son encantadores porque le dicen a todos lo que quieren oír. Precisamente, otro cliché extendido es que la cara es el reflejo del alma. Mira qué guapísimos son algunos asesinos, y cómo despiertan simpatía por su rostro, pero como planificó y ejecutó su acto criminal. Mira el caso de Luigi Mangione o Dani Sancho. Por eso estos estereotipos nos ponen en peligro porque nos fiamos de cualquiera. En lugar de escuchar y ver como son las personas una a una, las juzgamos por su aspecto y eso es terrible.
¿Y cómo afronta su segundo debate?Estoy con Carlos Zanon, un escritor tremendo y maravilloso, impecable en su prosa. Y con Bea Osa a la que conozco como autora de True crime. La mesa se llamará Cuánto vale y hablaremos de los que nos pregunte, porque vale para cualquier cosa. Pero una muy precisa sería cuánto vale una vida porque estamos hablando de novela negra, de sicariatos, de motivos para matar. Cuánto vale poner precio a la vida que vas a quitar. En la novela negra ponemos la muerte en ficción, pero las novelas son crueles porque siempre hay una víctima. Lo que pasa es que nos quedamos en la investigación, pero la vida humana es lo único que no tiene precio.
Realmente, la persona que es víctima de un asesinato, lo es por mala suerte.Y el asesino se carga de razones. Dice cosas como porque me ha provocado, porque me ha robado. Solo el 1 % de los homicidas o asesinatos son enfermos mentales. Se mata por venganza, por dinero, por cabreo. La que mató al niño Gabriel no fue psicópata. Ni José Bretón ni Miguel Carcaño. El 99 % de personas que están en la cárcel por asesinatos u homicidios no tienen trastornos mentales.
Y llegamos a la tercera charla sobre el territorio literario.La tercera charla me gusta muchísimo. Estoy con Sergio Mira y Santiago Gil, que son escritores isleños. Nos centraremos en la diferencia que hay entre cómo escribo yo como autora peninsular y cómo escriben ellos como insulares; hasta qué punto el territorio marca la literatura que creamos, y creo que es un ejercicio interesante.
El mar es un personaje permanente en la literatura canaria.Y en mi caso es la lluvia, porque yo soy de Pamplona. A veces empieza a llover un lunes y acaba tres semanas después. Yo el mar ni lo menciono en mis novelas, pero sí lo es el monte, y los días cortos y las noches larguísimas. Hay dos millones de cámaras, pero aquí en invierno vamos con abrigos oscuros y bajo un paraguas, y no te reconoce nadie. Eres anónimo. Nosotros podemos matar mejor que ustedes.
¿En qué va a consistir su próximo libro?La primera que escribo a medias con otra persona, con la criminóloga Paz Velasco, y sale el 3 de febrero, y el tema central que mueve a todos los personajes es la venganza. Aquí en Navarra no hace mucho hubo una tragedia con tres muertos por un tema de rencillas entre familias.
Yo creo realmente que el problema es la mediocridad en la que vivimos.La mediocridad se premia. Vivimos en el planeta de los mediocres. Se han hecho con el poder, arrinconan a los que saben más porque los temen y utilizan a los que saben menos porque son manipulables. Mira alrededor: incluso muchos de los libros que triunfan no son libros maravillosamente escritos, sino fáciles de leer.
Tienes dos sagas muy conocidas, la del inspector David Vázquez y la inspectora Marcela Pieldelobo.La de David está cerrada, pero la de Marcela quiero escribir una cuarta parte para cerrarla. En la trilogía del inspector Vázquez desarrollo la idea de que una vez que descubres que la violencia te soluciona un problema, cada vez que tengas un problema vas a recurrir a la violencia. Y eso es lo que Irene Ochoa hace. Fue increíble crear este personaje y meterlo en un huracán de violencia del que no podía salir y verla avanzar. Es un personaje tan fuerte como el propio inspector.
¿Y se inspiró en alguien?En cada novela hay algún caso real de fondo. Por ejemplo en Sin retorno está por debajo el caso de Ana Orantes, la mujer que denunció que su marido la maltrataba. Y por eso mi novela es una justicia poética hacia ella por como comienza. Es una escena en la que ella provoca un incendio de su casa con el marido dentro.
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¿Y en Macela Pieldelobo?La primera novela, Bajo la piel, me exigió muchas páginas para presentar a la protagonista porque una característica de mis novelas es que apenas utilizo a un narrador y dejo que mis personajes se presenten con sus actos. Yo te doy páginas en las que te enseño el carácter del personaje.
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