"Son cosas de la edad" es uno de los mitos que rodean a la pérdida auditiva que más dificultan el diagnóstico, restan importancia a las consecuencias y a las soluciones para mejorar la situación, según ha denunciado este lunes la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) con motivo del Día Internacional de las Personas Sordas. Seguir leyendo....
"Son cosas de la edad" es uno de los mitos que rodean a la pérdida auditiva que más dificultan el diagnóstico, restan importancia a las consecuencias y a las soluciones para mejorar la situación, según ha denunciado este lunes la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) con motivo del Día Internacional de las Personas Sordas.
Los otorrinos han difundido cinco creencias que llegan frecuentemente a sus consultas y perjudican un correcto abordaje de la pérdida auditiva, entre ellas confundir el envejecimiento con la hipoacusia y no pedir ayuda.
La SEORL ha hecho un llamamiento a no identificar la pérdida de audición con el envejecimiento porque pensar que "es la edad dificulta la detección y el tratamiento". Es cierto que el paso de los años es uno de los principales factores asociados a oír cada vez peor, "pero que un problema de salud sea más frecuente conforme envejecemos no significa que deba considerarse normal ni que no haya nada que hacer", según los otorrinos. "Cuando una persona y su entorno interpretan las dificultades para oír simplemente con 'cosas de la edad', es más probable que se le reste importancia y que transcurran años sin una valoración especializada.
Frente a esta situación, los otorrinolaringólogos defienden que se solicite ayuda siempre que haya pérdida de audición y que la atención integral de la hipoacusia se convierta en una prioridad sanitaria, social y económica en una sociedad cada vez más envejecida. Por ello, junto con las sociedades científicas de Atención Primaria y Geriatría y organizaciones de pacientes, reclaman campañas sistemáticas de cribado auditivo y un modelo asistencial coordinado que permita identificar precozmente a las personas con pérdida auditiva y orientarlas hacia la solución adecuada.
Oír no consiste únicamente en detectar sonidos. Una persona puede percibir que el habla y, sin embargo, tener dificultades para comprender, particularmente cuando varias personas hablan simultáneamente o hay ruido. La investigación está mostrando, además, que determinadas dificultades pueden no quedar reflejadas en una audiometría convencional. Investigadores de la Universidad de Gante trabajan actualmente en una nueva prueba para detectar la “pérdida auditiva oculta”, una alteración de las conexiones entre las células sensoriales de la cóclea y las fibras del nervio auditivo que puede dificultar la comprensión del habla con ruido, incluso en personas cuyo audiograma no muestra una pérdida auditiva.
La prueba se encuentra en fase experimental pero demuestra lo que los especialistas quieren trasladar a la población: una prueba aislada no debe sustituir a la valoración clínica. Por ello, la SEORL-CCC recomienda consultar cuando aparecen señales como pedir reiteradamente que se repitan palabras, aumentar el volumen de la televisión, perder partes de las conversaciones o tener cada vez mayores dificultades para comprender el habla en restaurantes, reuniones u otros lugares con ruido.
Otro de los problemas es que los audífonos no restituyen una audición idéntica a la de una persona sin pérdida auditiva, ni proporcionan los mismos resultados en todos los pacientes. Por eso, muchas personas concluyen que no les funcionan correctamente. Pero, según recalcan, una indicación adecuada, una correcta adaptación y el seguimiento posterior permiten mejorar la audición funcional y la comunicación de muchas personas con hipoacusia. Además, la SEORL-CCC reclama un acceso más equitativo y con ayudas en todas las comunidades.
Otra de las barreras frecuentes es que muchos pacientes y su entorno consideran que a edades avanzadas "ya no merece la pena un implante coclear". Sin embargo, cuando la pérdida auditiva es suficientemente importante y los audífonos correctamente adaptados no proporcionan una audición útil, el implante puede constituir una opción también en pacientes mayores. El problema es que hay una baja utilización y desigualdades entre comunidades autónomas en indicaciones y tiempos de acceso. El sistema sanitario financia el implante coclear, pero la Sociedad considera necesario mejorar la información y garantizar que cualquier paciente que pueda beneficiarse sea valorado con independencia de su edad.
Otro error es pensar que "para lo que hay que oír, casi mejor no enterarse". La evidencia demuestra, por el contrario, que la pérdida auditiva puede dificultar las relaciones personales, reducir la participación en actividades y favorecer el aislamiento y la soledad no deseada. Un estudio con más de 400 adultos mayores encontró que la pérdida auditiva se asociaba con un 78% más de riesgo de fragilidad social, entendida como vivir solo, carecer de apoyos o presentar una baja participación. La pérdida de audición puede generar, además, un círculo progresivo: cuanto mayor es la dificultad para seguir una conversación, mayor puede ser la tendencia a evitar reuniones, comidas, celebraciones o actividades en las que comunicarse requiere un esfuerzo.
Y, en relación con anterior, la pérdida de audición se asocia con peores resultados cognitivos, porque el cerebro tiene que realizar un mayor esfuerzo para descifrar sonidos, completar palabras y comprender conversaciones.
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