Repartió vacunas contra la malaria en Senegal, recorrió medio centenar de países, siente predilección por el sudeste asiático. Trabajó en Barcelona en decoración y estudios de mercado
Rafael Escriña, uno de los tres primeros funcionarios de Hacienda
Llamaron por teléfono a casa y me dijeron: “Rojos, os vamos a matar a todos. No va a quedar ni la semilla; os vamos a llevar a todos al paredón”. Tenía catorce años, estaba sola con un hermano de nueve y otro de meses. Fue el día del fallido golpe de Estado de Tejero [23 de febrero de 1981]. Para mí, escuchar eso marcó en mi vida un antes y un después. Había vivido en mi casa, que mi padre le dijera a mi madre: “Manoli, llévate a los niños que viene la Guardia Civil a hacer un registro; hay que quitar los panfletos de la bañera”. Eso fue cuando murió Franco [20 de noviembre de 1975]. Después de la amenaza, llegó la llamada de un compañero de mi padre, que nos recomendaba tener preparados los pasaportes, por si tuviéramos que salir corriendo, y si eso ocurría, nos advirtió de que no fuéramos para la carretera de Ojén. Había falangistas apostados con las escopetas preparadas, recuerda Fabiola Mora, que llegó a Marbella hace 55 años.
En Granada, estudié Interiorismo y técnico en Empresas Turísticas. Cuando acabé, quise dar un paso más y en 1989 decidí ir a Barcelona, en vísperas de la movida de las Olimpiadas de 1992. Tuve la suerte de conocer gente del mundo de la cultura y del diseño; trabajé en tiendas de decoración. Unas para gente corriente y otras para la clase pudiente. Aprendí la importancia que para algunas personas tienen las apariencias. Conocí a gente de las villas elegantes de Pedralbes, que se gastaban un dineral en tener una casa divina y el frigorífico vacío; hablabas con ellos y tenían unas carencias muy básicas. Querían decorar su casa para cuando viniera o recibieran a alguien, no para crear un hogar.
Apoyo a la comunidad ucraniana
/ M. H.
En los años noventa teníamos en Barcelona unos amigos cubanos exiliados. Nos despertó interés por conocer su país y visitar a su familia en La Habana. Partimos a Cuba con la maleta repleta de cartas y cosas para repartir. La familia de nuestro amigo nos agasajó con un plato de arroz con lonchas finas de beicon y un flan. La locura. Pasé al cuarto de baño y descubrí un mueblecito con tubos de pasta de dientes apurados y aplastados en un cajoncito. Al volver a la mesa les dije: Me encanta la instalación artística que tenéis en el baño.
¬ ¿Qué instalación artística?
¬ La cajita con los tubos gastados de pasta de dientes, uno encima del otro.
¬ No, cariño, nosotros los cortamos, los abrimos y los rebañamos.
Sentí entonces que me acababan de dar un bofetón.
El padre de mi hijo llevaba una empresa de estudios de mercado, empecé a trabajar con él y lo compaginaba con trabajos de decoración. Me salió la decoración de 47 villas , destinadas al turismo rural, Las Zagrillas, cerca de Cabra (Córdoba). Me cautivó el proyecto de interiorismo y trabajar con arquitectos, me propuse recuperar la artesanía de Córdoba, la madera de olivo, estudiar el tipo de muebles de la zona y la alfarería. Con una fábrica de Palma del Río hicimos los diseños de cabeceros, sillas y mesas; con el alfarero aprendí muchísimo sobre las lámparas y complementos para recuperarlos. De vuelta a Barcelona, estudié marketing y publicidad; aposté por dedicarme en la oficina de estudios de mercado, a captar nuevos clientes, aunque nunca dejé la decoración.
En 1998 viajé a Israel, país del que tenía una idea, y allí se me cayó el antifaz. En la acera judía se podía comer en el suelo, todo estaba perfecto, y del otro lado de la calle las casas sin agua ni electricidad. Estaba en una cafetería, enfrente había una familia de palestinos celebrando una boda y, de repente, los soldados israelíes equipados a la última cogieron a los niños y los tiraron al suelo; a los que estaban allí les apuntaron con armas y los corrieron.
Fabiola Mora, interiorista y activista social
/ M. H.
En Barcelona he colaborado en temas de voluntariado con la Fundación Vicente Ferrer y en 2001 me apunté con Nouvelles Frontières para llevar vacunas y medicinas a Senegal. Íbamos a los poblados ocho personas en un camión del ejército francés, con un guía y un conductor, dormíamos en tiendas de campaña y nos trasladábamos a sitios donde solo se podía llegar andando. Llevábamos, entre otras, vacunas y medicinas para la malaria, enfermedad que causaba el 30 por ciento de la mortalidad de los niños. En un poblado me encontré con dos niños, mellizos y huérfanos, de tres meses, a los que iban a llevar al orfanato de las monjas en Dakar. Yo no tenía hijos, me propuse adoptar a esos hermanos. Hice trámites en Senegal y en Barcelona continué los papeles de idoneidad para la adopción. Las monjas de Dakar me dijeron que el consulado español no daba trámites a los permisos de adopción. Resultaba difícil porque el Gobierno español no estaba por la labor. Al día siguiente de conocer esta situación, me enteré de que estaba embarazada; mi hijo Simón fue el regalo de mi vida.
Después de vivir doce años en Barcelona, regresé a Marbella con mi hijo de siete meses para trabajar en temas de empresas. Estuve siete años subiendo a Monda, llevaba la oficina, personal y la administración de la cantera. Por las tardes y los fines de semana hacía proyectos de decoración. Venía de Barcelona, cuna del diseño, y la joyería Gómez y Molina me ofreció la decoración de su tienda de Puerto Banús. Le propuse trabajar con elementos naturales, diseñar con piedras blancas y negras, todo natural; hiedras en las columnas, suelo de hormigón y domotización de la iluminación. Mezclaba piedras y plantas; tecnología y tradición.
Un señor árabe francés que vio este trabajo, se interesó; quería hacer reformas en su vivienda. Cuando llegué a la casa, me encontré con el personal uniformado y presencié cómo los chicos se dirigían a una señora mayor del servicio y que el padre no la trataba de la mejor manera. Para mí era una obra muy interesante, pero no solo miro la rentabilidad económica. Cuando el contratista me dijo que podíamos empezar, me excusé y no acepté el encargo. El clasismo no lo soporto.
En las islas Togian de Indonesia.
/ M. H.
En Monda hice la decoración de una discoteca con motivos de Gaudí. Mi último trabajo fue la dirección de la reforma de la joyería de Gómez y Molina en la Alameda. Lo hice con el arquitecto de Barcelona Iñigo Amezola, que trabaja por todo el mundo, con un concepto de espacio que me encanta. Él quería que entendiera su proyecto y llevara la dirección de obras. Depositó en mí la confianza, cuando hago un trabajo, estoy ahí, en el lugar, desde primera hora de la mañana como un trabajador más.
Desde hace treinta años viajo. Soy una enamorada del sudeste asiático; me he alojado en habitaciones, casas particulares, hotelitos; allí aprendí que menos es más. De todos los sitios, el mejor es Malasia, donde conviven la china mandarina; India; malayos indonesios y la mezcla continental. La unión de diferencias nos engrandece ante los discursos de odio; cuando escucho a los políticos actuales, me duele, tendrían que viajar un poco más. A Singapur lo conozco como a Marbella, he visto su evolución; es mi país de entrada o salida a Asia. En Indonesia me quedé en una isla, que necesitas todas las vacaciones para conocerla, con una biodiversidad marina increíble. Allí hay que ir con tiempo; tiene una sola carretera, recorrer un tramo puede suponer 24 horas, debido a los desprendimientos y las lluvias de arena.
He viajado sola, en grupo o en familia. Me muevo por el boca a boca, tengo planificado donde quiero ir. En Laos fui a Luang Prabang, la ciudad con más templos budistas y en Vang Vieng, donde vi una naturaleza inmensa, sin la intervención del hombre; era tan abrumadora, que he llorado. Tuvimos lluvia, un monzón, y nos fuimos en avión a Borneo, que estaban en la época seca, al parque natural de orangutanes, donde quise hacer voluntariado y se me pasó la edad. Conocimos personas que nos recomendaron visitar un parque nacional, unas cuevas, donde no hay turismo, donde se mueven ellos. Odio a los instagramers, los he padecido en una playa, era verlos llegar pendientes del móvil, con la cara hasta el suelo, y luego cambiarla por una maravillosa para hacerse un selfie y colgarla en las redes. Invitaban a la masificación de la playa, cuando no eran capaz de vivir el momento.
En un viaje a Senegal
/ M. H.
Me gustaría poder irme a una isla pequeña de Malasia, mi refugio, del que no daré su nombre para que no se masifique. Siempre me he quedado en el mismo sitio, en un pequeño bungaló, entre la selva y la playa, con una familia musulmana, que tiene una carretera de cinco kilómetros, por donde solo pasan motos y bicicletas, y gente maravillosa. Tanto años yendo allí, que en el futuro quiero pasar allí largas temporadas, quedarme tres meses. De noviembre a abril llega solo un barco una vez al mes, y un helicóptero para los locales, en la época seca.
En 1996 fui a Bali, que cambió mucho, como Marbella. No hicimos el recorrido turístico, sino uno alternativo, que supone más tiempo, andar y esfuerzo. Dimos con una isla para bucear con miles de peces. Para llegar a ella había que pasar un día en coche, viajar luego, como sardinas, en una barquita con los locales para llegar a otra isla donde no había nada. Luego en una barca llegamos a otra isla y estabas en el paraíso. En las islas pequeñas vi las dos caras, la que ellos manejan con cuidado la biodiversidad y las de latifundios de grandes compañías, dedicadas a la producción de aceite de palma.
Con su hijo Simón en Malasia
/ M. H.
Siempre he estado en asociaciones solidarias. He tenido en mi casa a una familia de ucranianos el segundo día de empezar la guerra y hemos sufrido juntos la suerte de su familia. He trabajado por un aula de niños con altas capacidades, cuando le detectaron esa condición a mi hijo; en Marbella Activa; en la plataforma del Trapiche para la recuperación de la azucarera, o en la de las lindes de la vivienda de la alcaldesa entre Marbella y Benahavís. Estoy en la plataforma Marbella por sus árboles, que luchamos contra la tala de ejemplares centenarios de la alameda para reemplazarlos por algún arbolito y flores de temporada. Conseguí el proyecto y lo compartí. Celebramos, con otros colectivos, una concentración en la Alameda y lo paramos. Otros, como la tala de árboles en la zona del Trapiche, que es patrimonio natural, industrial y cultural, no lo conseguimos. En la Asociación de Recuperación del Trapiche, soportamos las mentiras de cada año que se acercaban las elecciones y el Ayuntamiento ponía la misma piedra. Seguimos pidiendo el arreglo del convento de la Trinidad; una joya, ahora convertida a un montón de piedras que se están cayendo. El centro de Marbella es un parque temático; se ha echado a los vecinos. A Marbella le han quitado el alma, ha perdido su identidad, cambiando florecitas cada quince días en la zona pudiente del bulevar, y los barrios abandonados.
En una protesta medioambiental
/ M. H.
Mis padres fueron emigrantes, se tuvieron que marchar a trabajar a Alemania y, con pocos meses, me dejaron bajo el cuidado de una tía. Me pusieron Fabiola de pura casualidad. El cura de Andújar (Jaén), el pueblo donde nací, no quería bautizarme con ese nombre. Mis padres habían vivido fuera y el nombre de Fabiola les encantaba. El cura le dijo que no era un nombre católico, cuando ella fue una santa patricia romana del cristianismo. Finalmente, lo aceptó con la condición de que debía ir acompañado de María de la Soledad de la Santísima Trinidad Inmaculada. Solo así me bautizaron como Fabiola.
| # | Наименование новости | Тональность | Информативность | Дата публикации |
|---|---|---|---|---|
| 1 | Paco Ostos, el misionero en África que siempre vuelve a Marbella | 0 | 8.76 | 27-09-2026 |
| 2 | «Nos aterra discrepar en la dictadura de la corrección política» | 0 | 7.16 | 14-09-2026 |
| 3 | Мечтать надо вслух, или Чему меня научили 4 главных путешествия ... | 0 | 6.8 | 28-09-2026 |
| 4 | Adriana Riva: «Hay que dejar de infantilizar a los viejos» | 0 | 8.52 | 12-09-2026 |
| 5 | CaixaBank reelige a Tomás Muniesa como consejero | 0 | 7.28 | 19-02-2026 |
| 6 | Belarra y Montero celebran la acampada en Sol y auguran "un otoño de movilizaciones" | 0 | 5.1 | 27-09-2026 |
| 7 | A Carmen Mola le molan los malos | 0 | 9.3 | 09-09-2026 |
| 8 | 'Objetivo Igualdad' regresa a TVE, día y canal para verlo | 0 | 7.79 | 26-09-2026 |
| 9 | Мечтать надо вслух, или Чему меня научили 4 главных путешествия ... | 0 | 6.8 | 27-09-2026 |