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Los hijos de “san Tarrant” ya están aquí

Дата публикации: 21-09-2026 04:00:34

Hay emergencias y emergencias. Y resulta que hay una nueva cuyo alcance, modus operandi, sesgo ideológico y efecto real cuesta incluso calibrar. El pasado 31 de mayo un niño de 12 años, que está grabando la escena con su móvil, intenta acuchillar a su profesor en su escuela de San Vito lo Capo (Sicilia). Tras requisarle el teléfono, los Carabineros encuentran en un chat de Telegram algo mucho más espeluznante: un plan con ecos de manifiesto escrito en inglés (Central European time around 8 o’clock) en el que el chico menciona a Brenton Tarrant y Payton Grendon, los asesinos supremacistas de Christchurch y Buffalo. El chaval apunta claro: “Mis principales objetivos son tres musulmanes tontorrones de mi clase, otro inmigrante musulmán de otra clase y una chica negra, aunque no sé a qué clase asiste…”. El muchachito dice haberse gastado 200€ en un casco y una máscara. Le preocupa su outfit. Ha sopesado bien las consecuencias: “Teóricamente quisiera que me consideraran responsable, pero en Italia los menores de 14 años no pueden ser llevados ante un tribunal penal”. El móvil le queda claro: “Lo hago por razones políticas”. “¿Te matarás después?”, le pregunta su amigo en el chat. “No, va contra la religión cristiana”. Un potencial asesino “cristiano” de 12 años.Tan solo dos meses antes, el 26 de marzo, un chico de 13 años de Trescore Balneario (Bérgamo) que apuñaló a su profesora de francés había operado con muy parecida dinámica: otro manifiesto online, también en inglés, en el que expresaba su rabia y prometía “venganza”, término que lucirá en su camiseta (My clothing choices). El título de su manifiesto: “La solución final”. Confiesa el muchacho su móvil: “No encontré el valor para matar a mi padre. Llegué a la conclusión de que no puedo vivir una vida así […] Estoy cansado de todo esto, así que he decidido que la solución perfecta es tomar el control de la situación. Mataré a mi profesora de francés. La decisión no es casual, sino pensada… No es sólo un acto de venganza, sino un modo para romper la aburrida rutina de la manera más extrema posible. Estoy harto de ser un tipo banal, de tener que hacer siempre lo mismo [...] En cuanto a mi ideología política, no me identifico con ninguna ideología bien definida, porque lo único que importa soy yo, nadie más importa, ninguna vida importa fuera de la mía”. Asombra en estos manifiestos la banalidad, pero también la fidelidad a la liturgia. Parecerían casos aislados; sin embargo, este año la Policía italiana ha detenido a grupos de menores neonazis en Siena (13 menores investigados por odio racial), Perugia, L’Aquila, Roma.Los datos son terroríficos: el alcance es global y la tendencia al alza. En Francia, 18 menores fueron procesados ​​por delitos de terrorismo en 2024, lo que representa el 20% de los casos de terrorismo. En Bélgica, el 18% de las amenazas extremistas analizadas por la Unidad de Coordinación para el Análisis de Amenazas (CUTA) en 2024 provenían de menores. El servicio de inteligencia belga (VSSE) afirma que un tercio de sus investigaciones sobre terrorismo entre 2022 y 2024 involucraba a menores. En el Reino Unido, 82 menores fueron detenidos por delitos relacionados con el terrorismo en el periodo 2023-2024. En Australia, el servicio de inteligencia ASIO informó que alrededor del 20% de sus casos prioritarios de antiterrorismo involucran a jóvenes: son 35 menores desde 2020. Da lo mismo Canadá que Singapur: la radicalización juvenil es una de las mayores preocupaciones de todas las agencias antiterroristas del mundo. El fenómeno ya ha salpicado a España: el pasado 3 de agosto fue noticia la detención en Gipuzkoa de un chico de 17 años que lideraba la red extremista “764” en España y que había amenazado con ataques armados o tiroteos a decenas de escuelas, ayuntamientos y bibliotecas del territorio. Tan grave es la cuestión que el Comité de Ministros de Interior de la UE recomienda en una resolución adoptada en abril de este año lo siguiente: “Los Estados miembros deben fomentar y apoyar activamente la investigación continua sobre el proceso evolutivo de la radicalización en línea y el atractivo que ejercen las narrativas y tácticas terroristas y extremistas violentas sobre las personas en situación de riesgo, incluidos los jóvenes y los niños de edades cada vez más tempranas.”¿Cómo pueden tantos menores radicalizarse e intentar pasar a la acción en tan poco tiempo? Comencemos por dos razones obvias: la vulnerabilidad propia de la edad y un caldo de cultivo en plataformas de gaming y chats vinculados a ellas fuera de control adulto, que brindan gancho estético y cierta impunidad a quienes lanzan toda suerte de mensajes y contenidos de glorificación neonazi, yihadista, racista, antisemita, satanista, aceleracionista, conspiranoico, homófobo, misógino o antifeminista. Ahí actuaban los supremacistas de The Base detenidos en Castellón en 2025. Ahí reclutan para comunidades aún más violentas a los individuos más frágiles o más aislados. En ese tipo de plataformas colgaron sus manifiestos y los vídeos de sus matanzas los “santos” –así los llaman sus seguidores– de la “Nueva Cruzada”: Tarrant, Grendon, etc. Según el Global Terrorism Index 2026, otra novedad del fenómeno reside en la velocidad: “En 2005, transcurría una media de 18 meses desde la primera exposición a material radical hasta la ejecución de un ataque. Para 2016, este intervalo se había reducido en más de un 25 por ciento, impulsado principalmente por la difusión de contenido extremista en línea. Hoy en día, la radicalización puede producirse con tal rapidez que apenas unas pocas semanas separan la primera exposición del ataque. Cada vez más rápido, cada vez más, cada vez más jóvenes. ¿Cómo es posible? Según Barbara Sargenti, Fiscal Experta del Consejo de Europa, debido a una combinación de al menos tres factores: mejor amplificación algorítmica, propaganda más breve, más contundente y, sobre todo, la IA, cuyo impacto se advierte en dos sentidos: la producción de propaganda más atractiva aún para los más menores y el énfasis no tanto en la ideología, como haría un humano, sino en el paso al acto. El arreón se advierte no sólo en el lado virtual, y es que la separación entre lo cibernético y lo cinético se estrecha. La propaganda en red y la acción real se hibridan, se retroalimentan: la acción es propaganda y la propaganda, acción.Que toda generación encuentre espacios de socialización propios no debería resultar extraño a nadie. Ahora bien: que esos espacios, habiendo ocurrido las matanzas que han ocurrido, sigan presentando graves fallas, pese a los esfuerzos por moderar contenidos, es alarmante. Que los boomers no conozcamos qué significa modding ni sepamos cómo funciona Roblox (380 millones de usuarios mensuales, 56% menores de 16) ni hayamos chateado nunca en Discord no es extraño: nuestro mundo fue otro. Las leyes que protegen esos espacios frecuentados por menores, en cambio, deberían pertenecer al presente, no al pasado. Con todo, los investigadores advierten del peligro de concentrar la lucha judicial exclusivamente en las redes. Censurarlas entrañaría ofuscar la investigación; la actividad de los investigados se precipitaría durante un tiempo en abismos virtuales fuera del alcance policial.En cuanto al aspecto ideológico del problema, resulta llamativo que ya operen en el ámbito de la Yihad o del supremacismo de la Yihad Blanca (White Jihad) estos chavales comparten un pentágono performativo con idénticos vértices: religión, emoción, política, manipulación, pulsión. El análisis del problema nos expone también a un sesgo ideológico. Lidiamos con una cuestión terminológica donde se pierde la matriz geográfica y política del fenómeno. El chaval detenido en Gipuzkoa, según El País, había sido el responsable de las amenazas de muerte a Irene Montero (Podemos) y a la tertuliana Sarah Santaolalla, entre otros. Tales blancos resultan indicios irrefutables sobre la ideología ultraderechista que el muchacho transmitía en red.Ahora bien: los documentos policiales no suelen hablar tan claro al examinar estos casos. El mencionado Global Terrorism Index 2026 hace hincapié en la “flexibilidad ideológica” de estos chicos (p. 69). A su vez, en el informe de Europol de 2026 sobre la situación y las tendencias del terrorismo en la UE, aparece por vez primera la expresión “extremismo violento nihilista”, empleada también por el FBI para abordar la cuestión de menores víctimas vulnerables online. En dicho documento europeo, se menciona una tendencia a “difuminar los límites de las ideologías”, una línea argumental que ya expresó en 2020 el director del FBI, cuando, tras mencionar la existencia de numerosas milicias de extrema derecha, señaló la dificultad de calificar su ideario debido a su "ensalada ideológica". No hay mejor modo de ocultar la matriz ultraderechista de la violencia que apuntando sus infinitas aristas. Fijándose en las varillas, uno puede olvidarse de que lo que tiene entre manos es, sencillamente, un paraguas. Un paraguas que cobija múltiples expresiones de ultraderecha. En EEUU, todos los asesinatos relacionados con el extremismo en 2024 fueron perpetrados por extremistas de derecha de diversa índole; ocho de las 13 muertes fueron obra de supremacistas blancos y las cinco restantes estuvieron vinculadas a extremistas antigubernamentales de extrema derecha. 2024 fue el tercer año consecutivo en que se vinculó a extremistas de derecha con la totalidad de los asesinatos identificados relacionados con el extremismo. En Europa los números cambian: en 2025, 10 Estados miembros notificaron 45 atentados terroristas, se detuvo a 486 sospechosos de terrorismo en 21 Estados miembros. El yihadismo representó 24 de los atentados notificados y 347 de las detenciones notificadas. El peligro ultraderechista en Europa parece cuantitativamente menor que el que representa la pléyade de milicias armadas ultraderechistas estadounidenses.Si algo inquieta en Europa es que ha calado hondo el enfoque estadounidense del problema. Presentar los casos de terrorismo ultraderechista –sean los responsables menores o no lo sean– como actos de “lobos solitarios” carentes de lazos claros con grupos políticos de ultraderecha, y, por tanto, carentes de ideología clara, desenfoca, relativiza y maquilla la emergencia. Es un hecho que la ultraderecha ha ganado mucho terreno y muchos prosélitos entre ciertos gamers y ciertos gymbros, en los dormitorios de ciertos incels y en ciertos gimnasios.Caleb Vazquez, de 18 años, uno de los dos asesinos del centro islámico de San Diego, fue de los que orgullosamente pasó al acto. En su manifiesto Hijos de Tarrant. La Nueva Cruzada confesaba: “El objetivo principal de esta 'Nueva Cruzada' es reactivar y recuperar el impulso que inició 'San Tarrant', convencer a otros muchos aspirantes a 'santo' de que el momento es ahora y, lo que es más importante, desencadenar la guerra racial […] Mi religión es la raza blanca”.Ese manifiesto tiene poco de “ensalada ideológica”. Los hijos de “san Tarrant” ya están aquí, no son pocos y, pese a sus peculiaridades individuales, piensan parecido. Definir su actuación como “nihilista” implica despolitizar el principio y fin de su odio. Es una maniobra de “distracción blanca”. El paso al acto de esos chavales no sólo depende de la imitación de los rituales de sus “santos” de referencia, sino que crece gracias al ecumenismo del odio que siembran políticos legales como Trump, Vox, el general Vannacci o Núcleo Nacional. Es decir, gracias al supremacismo blanco más legal.Concluyamos con dos preguntas de muy difícil respuesta. Primero, ¿qué hacer? La fiscal Barbara Sargenti apunta varias líneas de actuación: en lo judicial, trabajar en aras de una homogeneización legal europea que tipifique mejor conductas delictivas como la descarga de instrucciones para construir armamento en 3D, aumentar el personal en las Unidades de menores del Ministerio fiscal y, ante un problema de alcance transnacional, lograr que estas no operen sólo a nivel provincial, sino también nacional y, de manera coordinada, transnacional; y en lo policial, más efectivos y mejor preparados. El pasado jueves, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció la propuesta de ley KIDS que prohíbe que las plataformas de redes sociales accedan a niños menores de 13 años y establece una edad mínima en la UE para que los menores abran una cuenta propia (15 años). Los servicios de redes sociales, intercambio de vídeos, videojuegos en línea, compañeros de IA y chatbots tendrán que demostrar que sus servicios son apropiados para la edad y seguros desde el diseño. En los párrafos 30 y 36 de esa propuesta regulatoria se aborda el problema del alistamiento en red de menores con fines terroristas. Muy oportuna noticia, sin duda.Segundo y último: no cabe duda de que el efecto último de este fenómeno es la desestabilización de los Estados democráticos. Medra un terrorismo innovador para cuyo combate se requieren muchos recursos. ¿A quién beneficia? ¿Acaso se emplea también a estos chicos, igual que a los migrantes, como armas geopolíticas desestabilizadoras?PS: Al cierre de este texto un chavalín de 13 años había acuchillado a otra profesora en Roma. El ritual parece “ortodoxo”: grabación en directo y transmisión por Telegram. Alusión a Adam Lanza, de 20 años, autor de la matanza de la escuela primaria de Sandy Hook (26 muertos).P.D. Al cierre de este texto un chavalín de 13 años había acuchillado a otra profesora en Roma. El ritual parece “ortodoxo”: grabación en directo y transmisión por Telegram. Alusión a Adam Lanza, de 20 años, autor de la matanza de la escuela primaria de Sandy Hook (26 muertos).___________________Gorka Larrabeiti es profesor de español residente en Roma.

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Hay emergencias y emergencias. Y resulta que hay una nueva cuyo alcance, modus operandi, sesgo ideológico y efecto real cuesta incluso calibrar. El pasado 31 de mayo un niño de 12 años, que está grabando la escena con su móvil, intenta acuchillar a su profesor en su escuela de San Vito lo Capo (Sicilia). Tras requisarle el teléfono, los Carabineros encuentran en un chat de Telegram algo mucho más espeluznante: un plan con ecos de manifiesto escrito en inglés (Central European time around 8 o’clock) en el que el chico menciona a Brenton Tarrant y Payton Grendon, los asesinos supremacistas de Christchurch y Buffalo.

El chaval apunta claro: “Mis principales objetivos son tres musulmanes tontorrones de mi clase, otro inmigrante musulmán de otra clase y una chica negra, aunque no sé a qué clase asiste…”. El muchachito dice haberse gastado 200€ en un casco y una máscara. Le preocupa su outfit. Ha sopesado bien las consecuencias: “Teóricamente quisiera que me consideraran responsable, pero en Italia los menores de 14 años no pueden ser llevados ante un tribunal penal”. El móvil le queda claro: “Lo hago por razones políticas”. “¿Te matarás después?”, le pregunta su amigo en el chat. “No, va contra la religión cristiana”. Un potencial asesino “cristiano” de 12 años.

Tan solo dos meses antes, el 26 de marzo, un chico de 13 años de Trescore Balneario (Bérgamo) que apuñaló a su profesora de francés había operado con muy parecida dinámica: otro manifiesto online, también en inglés, en el que expresaba su rabia y prometía “venganza”, término que lucirá en su camiseta (My clothing choices). El título de su manifiesto: “La solución final”.

Confiesa el muchacho su móvil: “No encontré el valor para matar a mi padre. Llegué a la conclusión de que no puedo vivir una vida así […] Estoy cansado de todo esto, así que he decidido que la solución perfecta es tomar el control de la situación. Mataré a mi profesora de francés. La decisión no es casual, sino pensada… No es sólo un acto de venganza, sino un modo para romper la aburrida rutina de la manera más extrema posible. Estoy harto de ser un tipo banal, de tener que hacer siempre lo mismo [...] En cuanto a mi ideología política, no me identifico con ninguna ideología bien definida, porque lo único que importa soy yo, nadie más importa, ninguna vida importa fuera de la mía”. Asombra en estos manifiestos la banalidad, pero también la fidelidad a la liturgia. Parecerían casos aislados; sin embargo, este año la Policía italiana ha detenido a grupos de menores neonazis en Siena (13 menores investigados por odio racial), Perugia, L’Aquila, Roma.

Los datos son terroríficos: el alcance es global y la tendencia al alza. En Francia, 18 menores fueron procesados ​​por delitos de terrorismo en 2024, lo que representa el 20% de los casos de terrorismo. En Bélgica, el 18% de las amenazas extremistas analizadas por la Unidad de Coordinación para el Análisis de Amenazas (CUTA) en 2024 provenían de menores. El servicio de inteligencia belga (VSSE) afirma que un tercio de sus investigaciones sobre terrorismo entre 2022 y 2024 involucraba a menores. En el Reino Unido, 82 menores fueron detenidos por delitos relacionados con el terrorismo en el periodo 2023-2024. En Australia, el servicio de inteligencia ASIO informó que alrededor del 20% de sus casos prioritarios de antiterrorismo involucran a jóvenes: son 35 menores desde 2020.

Da lo mismo Canadá que Singapur: la radicalización juvenil es una de las mayores preocupaciones de todas las agencias antiterroristas del mundo. El fenómeno ya ha salpicado a España: el pasado 3 de agosto fue noticia la detención en Gipuzkoa de un chico de 17 años que lideraba la red extremista “764” en España y que había amenazado con ataques armados o tiroteos a decenas de escuelas, ayuntamientos y bibliotecas del territorio.

Tan grave es la cuestión que el Comité de Ministros de Interior de la UE recomienda en una resolución adoptada en abril de este año lo siguiente: “Los Estados miembros deben fomentar y apoyar activamente la investigación continua sobre el proceso evolutivo de la radicalización en línea y el atractivo que ejercen las narrativas y tácticas terroristas y extremistas violentas sobre las personas en situación de riesgo, incluidos los jóvenes y los niños de edades cada vez más tempranas.”

¿Cómo pueden tantos menores radicalizarse e intentar pasar a la acción en tan poco tiempo? Comencemos por dos razones obvias: la vulnerabilidad propia de la edad y un caldo de cultivo en plataformas de gaming y chats vinculados a ellas fuera de control adulto, que brindan gancho estético y cierta impunidad a quienes lanzan toda suerte de mensajes y contenidos de glorificación neonazi, yihadista, racista, antisemita, satanista, aceleracionista, conspiranoico, homófobo, misógino o antifeminista. Ahí actuaban los supremacistas de The Base detenidos en Castellón en 2025. Ahí reclutan para comunidades aún más violentas a los individuos más frágiles o más aislados. En ese tipo de plataformas colgaron sus manifiestos y los vídeos de sus matanzas los “santos” –así los llaman sus seguidores– de la “Nueva Cruzada”: Tarrant, Grendon, etc.

Según el Global Terrorism Index 2026, otra novedad del fenómeno reside en la velocidad: “En 2005, transcurría una media de 18 meses desde la primera exposición a material radical hasta la ejecución de un ataque. Para 2016, este intervalo se había reducido en más de un 25 por ciento, impulsado principalmente por la difusión de contenido extremista en línea. Hoy en día, la radicalización puede producirse con tal rapidez que apenas unas pocas semanas separan la primera exposición del ataque. Cada vez más rápido, cada vez más, cada vez más jóvenes. ¿Cómo es posible? Según Barbara Sargenti, Fiscal Experta del Consejo de Europa, debido a una combinación de al menos tres factores: mejor amplificación algorítmica, propaganda más breve, más contundente y, sobre todo, la IA, cuyo impacto se advierte en dos sentidos: la producción de propaganda más atractiva aún para los más menores y el énfasis no tanto en la ideología, como haría un humano, sino en el paso al acto. El arreón se advierte no sólo en el lado virtual, y es que la separación entre lo cibernético y lo cinético se estrecha. La propaganda en red y la acción real se hibridan, se retroalimentan: la acción es propaganda y la propaganda, acción.

Que toda generación encuentre espacios de socialización propios no debería resultar extraño a nadie. Ahora bien: que esos espacios, habiendo ocurrido las matanzas que han ocurrido, sigan presentando graves fallas, pese a los esfuerzos por moderar contenidos, es alarmante. Que los boomers no conozcamos qué significa modding ni sepamos cómo funciona Roblox (380 millones de usuarios mensuales, 56% menores de 16) ni hayamos chateado nunca en Discord no es extraño: nuestro mundo fue otro. Las leyes que protegen esos espacios frecuentados por menores, en cambio, deberían pertenecer al presente, no al pasado. Con todo, los investigadores advierten del peligro de concentrar la lucha judicial exclusivamente en las redes. Censurarlas entrañaría ofuscar la investigación; la actividad de los investigados se precipitaría durante un tiempo en abismos virtuales fuera del alcance policial.

Que toda generación encuentre espacios de socialización propios no debería resultar extraño a nadie. Ahora bien: que esos espacios, habiendo ocurrido las matanzas que han ocurrido, sigan presentando graves fallas, pese a los esfuerzos por moderar contenidos, es alarmante

En cuanto al aspecto ideológico del problema, resulta llamativo que ya operen en el ámbito de la Yihad o del supremacismo de la Yihad Blanca (White Jihad) estos chavales comparten un pentágono performativo con idénticos vértices: religión, emoción, política, manipulación, pulsión.

El análisis del problema nos expone también a un sesgo ideológico. Lidiamos con una cuestión terminológica donde se pierde la matriz geográfica y política del fenómeno. El chaval detenido en Gipuzkoa, según El País, había sido el responsable de las amenazas de muerte a Irene Montero (Podemos) y a la tertuliana Sarah Santaolalla, entre otros. Tales blancos resultan indicios irrefutables sobre la ideología ultraderechista que el muchacho transmitía en red.

Ahora bien: los documentos policiales no suelen hablar tan claro al examinar estos casos. El mencionado Global Terrorism Index 2026 hace hincapié en la “flexibilidad ideológica” de estos chicos (p. 69). A su vez, en el informe de Europol de 2026 sobre la situación y las tendencias del terrorismo en la UE, aparece por vez primera la expresión “extremismo violento nihilista”, empleada también por el FBI para abordar la cuestión de menores víctimas vulnerables online. En dicho documento europeo, se menciona una tendencia a “difuminar los límites de las ideologías”, una línea argumental que ya expresó en 2020 el director del FBI, cuando, tras mencionar la existencia de numerosas milicias de extrema derecha, señaló la dificultad de calificar su ideario debido a su "ensalada ideológica".

No hay mejor modo de ocultar la matriz ultraderechista de la violencia que apuntando sus infinitas aristas. Fijándose en las varillas, uno puede olvidarse de que lo que tiene entre manos es, sencillamente, un paraguas. Un paraguas que cobija múltiples expresiones de ultraderecha. En EEUU, todos los asesinatos relacionados con el extremismo en 2024 fueron perpetrados por extremistas de derecha de diversa índole; ocho de las 13 muertes fueron obra de supremacistas blancos y las cinco restantes estuvieron vinculadas a extremistas antigubernamentales de extrema derecha. 2024 fue el tercer año consecutivo en que se vinculó a extremistas de derecha con la totalidad de los asesinatos identificados relacionados con el extremismo. En Europa los números cambian: en 2025, 10 Estados miembros notificaron 45 atentados terroristas, se detuvo a 486 sospechosos de terrorismo en 21 Estados miembros. El yihadismo representó 24 de los atentados notificados y 347 de las detenciones notificadas. El peligro ultraderechista en Europa parece cuantitativamente menor que el que representa la pléyade de milicias armadas ultraderechistas estadounidenses.

Si algo inquieta en Europa es que ha calado hondo el enfoque estadounidense del problema. Presentar los casos de terrorismo ultraderechista –sean los responsables menores o no lo sean– como actos de “lobos solitarios” carentes de lazos claros con grupos políticos de ultraderecha, y, por tanto, carentes de ideología clara, desenfoca, relativiza y maquilla la emergencia. Es un hecho que la ultraderecha ha ganado mucho terreno y muchos prosélitos entre ciertos gamers y ciertos gymbros, en los dormitorios de ciertos incels y en ciertos gimnasios.

Caleb Vazquez, de 18 años, uno de los dos asesinos del centro islámico de San Diego, fue de los que orgullosamente pasó al acto. En su manifiesto Hijos de Tarrant. La Nueva Cruzada confesaba: “El objetivo principal de esta 'Nueva Cruzada' es reactivar y recuperar el impulso que inició 'San Tarrant', convencer a otros muchos aspirantes a 'santo' de que el momento es ahora y, lo que es más importante, desencadenar la guerra racial […] Mi religión es la raza blanca”.

Ese manifiesto tiene poco de “ensalada ideológica”. Los hijos de “san Tarrant” ya están aquí, no son pocos y, pese a sus peculiaridades individuales, piensan parecido. Definir su actuación como “nihilista” implica despolitizar el principio y fin de su odio. Es una maniobra de “distracción blanca”. El paso al acto de esos chavales no sólo depende de la imitación de los rituales de sus “santos” de referencia, sino que crece gracias al ecumenismo del odio que siembran políticos legales como Trump, Vox, el general Vannacci o Núcleo Nacional. Es decir, gracias al supremacismo blanco más legal.

Concluyamos con dos preguntas de muy difícil respuesta.

Primero, ¿qué hacer? La fiscal Barbara Sargenti apunta varias líneas de actuación: en lo judicial, trabajar en aras de una homogeneización legal europea que tipifique mejor conductas delictivas como la descarga de instrucciones para construir armamento en 3D, aumentar el personal en las Unidades de menores del Ministerio fiscal y, ante un problema de alcance transnacional, lograr que estas no operen sólo a nivel provincial, sino también nacional y, de manera coordinada, transnacional; y en lo policial, más efectivos y mejor preparados.

El pasado jueves, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció la propuesta de ley KIDS que prohíbe que las plataformas de redes sociales accedan a niños menores de 13 años y establece una edad mínima en la UE para que los menores abran una cuenta propia (15 años). Los servicios de redes sociales, intercambio de vídeos, videojuegos en línea, compañeros de IA y chatbots tendrán que demostrar que sus servicios son apropiados para la edad y seguros desde el diseño. En los párrafos 30 y 36 de esa propuesta regulatoria se aborda el problema del alistamiento en red de menores con fines terroristas. Muy oportuna noticia, sin duda.

Segundo y último: no cabe duda de que el efecto último de este fenómeno es la desestabilización de los Estados democráticos. Medra un terrorismo innovador para cuyo combate se requieren muchos recursos. ¿A quién beneficia? ¿Acaso se emplea también a estos chicos, igual que a los migrantes, como armas geopolíticas desestabilizadoras?

PS: Al cierre de este texto un chavalín de 13 años había acuchillado a otra profesora en Roma. El ritual parece “ortodoxo”: grabación en directo y transmisión por Telegram. Alusión a Adam Lanza, de 20 años, autor de la matanza de la escuela primaria de Sandy Hook (26 muertos).

P.D. Al cierre de este texto un chavalín de 13 años había acuchillado a otra profesora en Roma. El ritual parece “ortodoxo”: grabación en directo y transmisión por Telegram. Alusión a Adam Lanza, de 20 años, autor de la matanza de la escuela primaria de Sandy Hook (26 muertos).

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Gorka Larrabeiti es profesor de español residente en Roma.

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