Ceuta ocupa extensas páginas de los diarios y horas de noticias en toda España. Es lógico. Que casi 80.000 marroquíes crucen la frontera en una mañana sin pasaporte —algunos a nado, entre ellos mujeres con niños y menores de edad sin sus padres— siempre es noticia, aunque macabra por los muertos: más de un centenar de ahogados, algunos de los cuales ni siquiera sabían nadar. Es una tragedia.La inteligencia dictamina que este hecho estuvo bien planificado. Sin duda alguna, ha sido una invasión. ¿Por quién? Hay debate sobre quién ha sido la neurona que se reparte entre varios cerebros, nacionales o extranjeros. Recientemente, Aznar, en su reunión con la élite judía, ha dado claras pistas.Aunque España es frontera de Europa, parece que no es así. En Europa se echa en falta un poco de inteligencia y firmeza, quizás porque no se sabe bien quiénes son los aliados o los verdaderos enemigos. Entre Trump y Putin anda el juego. La incapacidad y la irresponsabilidad siempre culpan al otro y la autocrítica brilla por su ausencia.El momento crítico español, muy preocupante, se basa, por un lado, en la acción-reacción y, por otro, en la frivolidad del “a río revuelto…”. “Todo es verdad o mentira; depende del cristal con el que se mira”. En el asunto de Ceuta hay evidencias de que el sistema ha fallado: falló el Estado, en la medida en que sus fuentes de inteligencia fallaron —el Ejecutivo tardó demasiado en tomar conciencia de la situación—; falló la oposición ante un problema de Estado que afecta a todos; y falló Marruecos, que repitió lo que tan bien le salió en el pasado con la Marcha Verde.Entró la Audiencia Nacional para descubrir al culpable. Una tarea difícil para los jueces: resolver un asunto tan complicado, en el que hay varios invitados a la mesa a los que no se podrá interrogar. El problema es que Ceuta está en el Estrecho, que cierra el Mediterráneo, y aquí entra la geopolítica. Como en una novela por entregas, lo sabremos más tarde.No se puede engañar al respetable: ni Marruecos es inocente ni tampoco todas las manifestaciones convocadas por el PP y Vox lo fueron para solidarizarse con los ciudadanos ceutíes, muchos de ellos, por cierto, de religión musulmana y a quienes Vox quiere “cazar”. Somos un país donde la mentira es pecado venial y la hipocresía está a flor de piel. Pero miremos la situación desde otro ángulo.¿Qué pasaría si 80.000 españoles invadiesen el Gibraltar británico? Argentina lo intentó en las Malvinas y sabemos el resultado. La gran diferencia está en el poder internacional del atacado o del atacante. Inglaterra no es Marruecos y España no es Inglaterra; si no, otro gallo cantaría. El mundo ya fue testigo del Macao portugués acaparado por la India o de Hong Kong por China. ¿Qué pasó? Nada. Todo depende del poder que está detrás de cada exigencia.Pero que no engañen al ciudadano con banderas o soflamas que se utilizan vilmente para enfrentar a los pueblos y a los ciudadanos. Hay muchos intereses en juego, en los que Ceuta es una ficha más, y la solución estará en manos de quien tenga el poder en la geoestrategia mundial, un poder que, precisamente y por desgracia, no tienen ni España ni Europa._____________Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre.