En la última entrega de La Vanguardia Dossier, que lleva por título 'Aguas Turbulentas', se analiza la cuestión vital de las rutas marítimas, sostén del comercio mundial, dentro del contexto de las tensiones geopolíticas que vivimos. Ninguno de los conflictos existentes (incluido el de Ceuta) tiene otra causa que el dominio por parte de las grandes potencias de los puertos marítimos y sobre todo de los estrechos: Ormuz, Bad el Manded, Malaca y por supuesto el de Gibraltar. Gracias a uno de los capítulos incluidos dedicado al Estrecho de Gibraltar, cuyo autor, Carlos Expósito, es uno de los principales expertos españoles y europeos en la materia, nos enteramos de muchas claves que pueden explicar por qué la prudencia del gobierno de Pedro Sánchez con Marruecos está más que justificada. Por una parte, tenemos que Algeciras, el principal puerto europeo-español que conecta Europa, África y América, y cuyo extraordinario volumen de movimientos se complementa con el de Tánger Med., creado en 2007, y que es el puerto de mayor volumen de África, por lo que depende de cómo se relacionen ambos para que el futuro de nuestro país en el control de esa ruta y el negocio portuario subsiguiente siga siendo boyante. Por otra parte, nos enteramos de que hay un proyecto, en fase técnica, para unir por vía férrea ambas ciudades mediante un canal submarino similar al que ya opera en el canal de la Mancha, un proyecto faraónico promovido por dos grandes consorcios empresariales de ambos países. Es evidente que Estados Unidos, habida cuenta de lo que está haciendo en Ormuz y lo que pretende en Groenlandia, no está al margen de querer controlar también el estrecho de Gibraltar, para lo cual está utilizando su alianza férrea con Marruecos, país que creemos, y siempre ha sido así, juega a dos barajas, según le convenga en cada momento. Por eso la posición de España (Europa) ha de intentar ser simétrica: diplomacia en las formas mientras se trabaja bajo cuerda tejiendo alianzas efectivas con sus oponentes, léase Argelia y China por parte de España. Pues no tenemos que olvidar que nuestro papel es importante pero secundario dentro de ese maremágnum de las grandes potencias y Europa (España), sabiéndolo, ya es bastante que no se deje avasallar más por el vecino. Lo de Ceuta hay que entenderlo dentro de ese contexto más amplio, el problema es que Marruecos crea que la diplomacia es miopía, por lo que está en nuestras manos no enseñar a Marruecos nuestras cartas; el problema es que Europa no es un bloque homogéneo y su deriva hacia la ultraderecha puede ponernos a los pies de los caballos. La única esperanza del gobierno de Pedro Sánchez es, teniendo todo lo anterior en cuenta, el tiro en el pie que se está dando la derecha-extrema-derecha de PP-Vox, pues por un lado culpabilizan a Marruecos sin reparar que es el ariete de Estados Unidos, y por otro es imposible que renieguen de su amo y protector. Por eso, a la larga, se verá que la política que está llevando el gobierno actual es la más acertada, pues no se olvide que el país en el que hay más inversiones del empresariado español, es precisamente Marruecos… Y me temo que un PP en el poder no podría hacer otra política diferente; la actitud actual es puro postureo patriotero para seguir degastando al gobierno de Pedro Sánchez, y por eso intentará que la crisis ceutí dure lo máximo posible.________________________Javier Herrera Navarro es socio de infoLibre.
En la última entrega de La Vanguardia Dossier, que lleva por título 'Aguas Turbulentas', se analiza la cuestión vital de las rutas marítimas, sostén del comercio mundial, dentro del contexto de las tensiones geopolíticas que vivimos.
Ninguno de los conflictos existentes (incluido el de Ceuta) tiene otra causa que el dominio por parte de las grandes potencias de los puertos marítimos y sobre todo de los estrechos: Ormuz, Bad el Manded, Malaca y por supuesto el de Gibraltar.
Gracias a uno de los capítulos incluidos dedicado al Estrecho de Gibraltar, cuyo autor, Carlos Expósito, es uno de los principales expertos españoles y europeos en la materia, nos enteramos de muchas claves que pueden explicar por qué la prudencia del gobierno de Pedro Sánchez con Marruecos está más que justificada.
Por una parte, tenemos que Algeciras, el principal puerto europeo-español que conecta Europa, África y América, y cuyo extraordinario volumen de movimientos se complementa con el de Tánger Med., creado en 2007, y que es el puerto de mayor volumen de África, por lo que depende de cómo se relacionen ambos para que el futuro de nuestro país en el control de esa ruta y el negocio portuario subsiguiente siga siendo boyante.
Por otra parte, nos enteramos de que hay un proyecto, en fase técnica, para unir por vía férrea ambas ciudades mediante un canal submarino similar al que ya opera en el canal de la Mancha, un proyecto faraónico promovido por dos grandes consorcios empresariales de ambos países.
Es evidente que Estados Unidos, habida cuenta de lo que está haciendo en Ormuz y lo que pretende en Groenlandia, no está al margen de querer controlar también el estrecho de Gibraltar, para lo cual está utilizando su alianza férrea con Marruecos, país que creemos, y siempre ha sido así, juega a dos barajas, según le convenga en cada momento.
Por eso la posición de España (Europa) ha de intentar ser simétrica: diplomacia en las formas mientras se trabaja bajo cuerda tejiendo alianzas efectivas con sus oponentes, léase Argelia y China por parte de España. Pues no tenemos que olvidar que nuestro papel es importante pero secundario dentro de ese maremágnum de las grandes potencias y Europa (España), sabiéndolo, ya es bastante que no se deje avasallar más por el vecino.
El problema es que Europa no es un bloque homogéneo y su deriva hacia la ultraderecha puede ponernos a los pies de los caballos
Lo de Ceuta hay que entenderlo dentro de ese contexto más amplio, el problema es que Marruecos crea que la diplomacia es miopía, por lo que está en nuestras manos no enseñar a Marruecos nuestras cartas; el problema es que Europa no es un bloque homogéneo y su deriva hacia la ultraderecha puede ponernos a los pies de los caballos.
La única esperanza del gobierno de Pedro Sánchez es, teniendo todo lo anterior en cuenta, el tiro en el pie que se está dando la derecha-extrema-derecha de PP-Vox, pues por un lado culpabilizan a Marruecos sin reparar que es el ariete de Estados Unidos, y por otro es imposible que renieguen de su amo y protector.
Por eso, a la larga, se verá que la política que está llevando el gobierno actual es la más acertada, pues no se olvide que el país en el que hay más inversiones del empresariado español, es precisamente Marruecos… Y me temo que un PP en el poder no podría hacer otra política diferente; la actitud actual es puro postureo patriotero para seguir degastando al gobierno de Pedro Sánchez, y por eso intentará que la crisis ceutí dure lo máximo posible.
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Javier Herrera Navarro es socio de infoLibre.