Hay algo en la política española que me resulta cada vez más desconcertante. Cuando desde la derecha se lanza un ataque contra el PSOE, una parte de la izquierda parece sentir la necesidad inmediata de demostrar que también tiene motivos para criticarlo.A Sánchez le han llamado de todo: traidor, felón, mentiroso, vendido, okupa, dictador, enemigo de España… La lista podría ocupar varias líneas más.Y aquí está lo que me llama la atención: ¿cuántas veces hemos visto que la respuesta de la izquierda sea simplemente defender a Sánchez frente al ataque, sin añadir inmediatamente un "pero"?"Sí, pero Sánchez también…". "Bueno, tampoco estoy de acuerdo con…".Por supuesto que hay que reconocer los errores. Hay que criticar las decisiones equivocadas. Pero una cosa es la crítica y otra la autodestrucción.Otra manera de hacer políticaMientras unos parecen preocupados por demostrar que no son sectarios, otros han entendido perfectamente que la política también se juega en el terreno de las emociones, los símbolos y la pertenencia.Una declaración desafortunada, incluso un insulto, de uno de los suyos puede convertirse en consigna. La consigna, en pancarta. La pancarta, en camiseta. Y la camiseta, en símbolo de identidad.Podemos pensar que esa manera de hacer política es exagerada o irresponsable. Pero hay una cosa que no podemos hacer: fingir que no funciona.Porque funciona. Y mucho.Pensemos, por ejemplo, en la crisis migratoria de Ceuta.Se puede criticar al Gobierno por lo que hace mal, por lo que hace tarde o por lo que resulta insuficiente. Es legítimo.Pero cuando se presenta la situación como si el Estado no estuviera haciendo nada, ignorando la respuesta institucional y los recursos movilizados, ya no estamos simplemente ante una crítica. Estamos construyendo un relato en el que todo lo que hace el Gobierno desaparece y solo queda aquello que puede utilizarse contra él.Y eso es precisamente lo que echo de menos en la izquierda: la misma contundencia para desmontar ese relato que la derecha emplea para construirlo.No se trata de "hacer lo mismo que ellos". Se trata de responder con la misma determinación.Si convierten una polémica en una batalla política, no huyamos de la batalla.Porque hay una diferencia entre no querer bajar al barro y quedarse quieto mientras el otro te arroja barro.La política no es un concurso de buenas intenciones. No gana necesariamente quien tiene mejores argumentos ni quien formula la crítica más elocuente.La política también es relato, emoción, identidad y capacidad de movilización.Y si uno de los bandos entiende esas reglas mientras el otro renuncia a utilizarlas por miedo a parecerse demasiado al adversario, puede ocurrir algo muy sencillo:Tener razón y perder.Defenderse no significa renunciar a la dignidad que tanto ha costado construir.No hace falta insultar, mentir ni manipular. Se puede responder con firmeza sin perder las formas. Se puede defender a los tuyos sin justificar sus errores. Se puede combatir un relato sin inventar otro.No hemos llegado hasta aquí para ponernos al mismo nivel que aquello que criticamos. Pero tampoco podemos permitir que la defensa de nuestra dignidad se convierta en nuestra indefensión.La izquierda necesita aprender a defenderse sin dejar de ser ella misma.Porque, en política como en la vida, ser pacífico no significa quedarse indefenso.Quizá haya llegado el momento de quitarse esa mano de la espalda.No para golpear más fuerte.Sino para poder responder.__________________Francisca Ferrer es socia de infoLibre.
Hay algo en la política española que me resulta cada vez más desconcertante. Cuando desde la derecha se lanza un ataque contra el PSOE, una parte de la izquierda parece sentir la necesidad inmediata de demostrar que también tiene motivos para criticarlo.
A Sánchez le han llamado de todo: traidor, felón, mentiroso, vendido, okupa, dictador, enemigo de España… La lista podría ocupar varias líneas más.
Y aquí está lo que me llama la atención: ¿cuántas veces hemos visto que la respuesta de la izquierda sea simplemente defender a Sánchez frente al ataque, sin añadir inmediatamente un "pero"?
"Sí, pero Sánchez también…". "Bueno, tampoco estoy de acuerdo con…".
Por supuesto que hay que reconocer los errores. Hay que criticar las decisiones equivocadas. Pero una cosa es la crítica y otra la autodestrucción.
Otra manera de hacer política
Mientras unos parecen preocupados por demostrar que no son sectarios, otros han entendido perfectamente que la política también se juega en el terreno de las emociones, los símbolos y la pertenencia.
Una declaración desafortunada, incluso un insulto, de uno de los suyos puede convertirse en consigna. La consigna, en pancarta. La pancarta, en camiseta. Y la camiseta, en símbolo de identidad.
Podemos pensar que esa manera de hacer política es exagerada o irresponsable. Pero hay una cosa que no podemos hacer: fingir que no funciona.
Porque funciona. Y mucho.
Ceuta como ejemploEstamos construyendo un relato en el que todo lo que hace el Gobierno desaparece y solo queda aquello que puede utilizarse contra él
Pensemos, por ejemplo, en la crisis migratoria de Ceuta.
Se puede criticar al Gobierno por lo que hace mal, por lo que hace tarde o por lo que resulta insuficiente. Es legítimo.
Pero cuando se presenta la situación como si el Estado no estuviera haciendo nada, ignorando la respuesta institucional y los recursos movilizados, ya no estamos simplemente ante una crítica. Estamos construyendo un relato en el que todo lo que hace el Gobierno desaparece y solo queda aquello que puede utilizarse contra él.
Y eso es precisamente lo que echo de menos en la izquierda: la misma contundencia para desmontar ese relato que la derecha emplea para construirlo.
No se trata de "hacer lo mismo que ellos". Se trata de responder con la misma determinación.
Si convierten una polémica en una batalla política, no huyamos de la batalla.
Porque hay una diferencia entre no querer bajar al barro y quedarse quieto mientras el otro te arroja barro.
Ganar el relato también importaLa política no es un concurso de buenas intenciones. No gana necesariamente quien tiene mejores argumentos ni quien formula la crítica más elocuente.
La política también es relato, emoción, identidad y capacidad de movilización.
Y si uno de los bandos entiende esas reglas mientras el otro renuncia a utilizarlas por miedo a parecerse demasiado al adversario, puede ocurrir algo muy sencillo:
Tener razón y perder.
Defenderse no significa renunciar a la dignidad que tanto ha costado construir.
No hace falta insultar, mentir ni manipular. Se puede responder con firmeza sin perder las formas. Se puede defender a los tuyos sin justificar sus errores. Se puede combatir un relato sin inventar otro.
No hemos llegado hasta aquí para ponernos al mismo nivel que aquello que criticamos. Pero tampoco podemos permitir que la defensa de nuestra dignidad se convierta en nuestra indefensión.
La izquierda necesita aprender a defenderse sin dejar de ser ella misma.
Porque, en política como en la vida, ser pacífico no significa quedarse indefenso.
Quizá haya llegado el momento de quitarse esa mano de la espalda.
No para golpear más fuerte.
Sino para poder responder.
__________________
Francisca Ferrer es socia de infoLibre.
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