Uno de los secretos del magnetismo de Donald Trump es que es un hombre socarrón que parece no respetar a nadie ni tener límites a la hora de disrumpir. Sonríe mucho, se impone físicamente y trata de llenar la habitación con su presencia. Habla con altivez a los líderes de medio mundo reunidos en la Asamblea General de Naciones Unidas, abusa de un presidente en guerra como Volodímir Zelenski o acosa a las periodistas que le acompañan. Quiere ser visto como un hombre fuerte.
Uno de los secretos del magnetismo de Donald Trump es que es un hombre socarrón que parece no respetar a nadie ni tener límites a la hora de disrumpir. Sonríe mucho, se impone físicamente y trata de llenar la habitación con su presencia. Habla con altivez a los líderes de medio mundo reunidos en la Asamblea General de Naciones Unidas, abusa de un presidente en guerra como Volodímir Zelenski o acosa a las periodistas que le acompañan. Quiere ser visto como un hombre fuerte.
Pero, ante el hierático y todopoderoso presidente chino Xi Jinping, el republicano es otra persona. Se desdibuja. Fuerte con el débil, débil con el fuerte. Trata de halagar y se mantiene en exceso formal. Se le ha visto este jueves en Washington entre tenso y mortecino durante la recepción de Xi.
“Tenemos la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar adecuadamente la IA y de garantizar que su desarrollo permanezca siempre bajo control humano y sirva al bienestar de las personas”, ha apuntado Xi.
Trump no está en su mejor momento. Solo uno de cada tres estadounidenses aprueba su gestión; siete de cada diez desaprueban su guerra contra Irán. No puede añadir más factores a la complicada ecuación, a tan solo cinco semanas de las elecciones de medio mandato. Claramente, no quiere escalar con China.
Por eso se ha desvivido en la recepción del presidente chino y su esposa, Peng Liyuan, en la que es la primera visita de Estado de Xi a Estados Unidos en once años.

Washington (Estados Unidos), 23/09/2026.- El presidente de EEUU, Donald Trump, reacciona al paso de un bombardero B-1 durante los himnos nacionales en la bienvenida al presidente chino, Xi Jinping, en la base aérea de Andrews. / BRENDAN SMIALOWSKI / AFP
Para empezar, ha ido a recibirle al aeropuerto. Esta deferencia no la había tenido ningún presidente estadounidense desde 1962, cuando John F. Kennedy se desplazó también al aeródromo de la Base Conjunta Andrews para dar la bienvenida al primer ministro británico Harold Macmillan.
"Gung Ho! ¡Trabajemos juntos!”Ha agasajado a su invitado con la pompa y el boato habitual, y algún que otro decorado de mal gusto: la sala donde ambos líderes han dado sus discursos iniciales estaba presidida por un retrato hiperrealista de Trump levantando el puño y ensangrentado tras su intento de asesinato.
“Gung Ho! ¡Trabajemos juntos!”. Trump ha rescatado esa expresión en mandarín que adoptaron los marines de Estados Unidos tras luchar junto a los chinos contra el fascismo japonés en la Segunda Guerra Mundial. “Del mismo modo que nuestros pueblos trabajaron juntos para ganar aquella guerra, el presidente Xi y yo seguiremos trabajando juntos para forjar un futuro mejor para nuestras dos naciones”, ha dicho.
Una propuesta de futuro al Gobierno de Pekín que contrasta con la guerra comercial que lanzó hace ahora año y medio, el “día de la liberación” (2 de abril de 2025). Una guerra que muchos analistas consideran que Trump no ha conseguido ganar, porque Xi le ha aguantó el pulso, subió los aranceles y le amenazó con no darle acceso a las tierras raras. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha anunciado una prórroga de la tregua arancelaria de dos meses más. Después de las “midterm”, ya se verá.
Discrepancias sobre la Inteligencia ArtificialTrump ha vuelto a insistir ante Xi en cambiar de nombre a la Inteligencia Artificial (IA), que en su neolengua se llamará desde ahora “superinteligencia”. Su último capricho. En el fondo del problema de la IA se entrevén divergencias. Aunque Trump ha asegurado que Xi está con él en dejar volar a la IA sin controles ni guardarraíles, las palabras del chino han apuntado en otra dirección, al defender que su desarrollo permanezca bajo control. China es una dictadura de partido único con un control tecnológico de la población casi total.
“Tanto China como Estados Unidos son países líderes en inteligencia artificial. Tenemos la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar adecuadamente la IA y de garantizar que su desarrollo permanezca siempre bajo control humano y sirva al bienestar de las personas”, ha apuntado Xi.

Washington (Estados Unidos), 24/09/2026.- La primera dama de EEUU, Melania Trump, y Peng Liyuan, esposa del presidente chino, Xi Jinping, durante su visita al Museo Nacional de Arte Asiático del Smithsonian. / FINN GOMEZ / AFP
El presidente chino ha tirado del clásico playbook de la política exterior china y ha anunciado la entrega de dos osos panda gigantes, Pingping y Fu Shuang, que pronto llegarán a su nuevo hogar en el Zoo de Atlanta, “donde se encontrarán con el pueblo estadounidense”. Diplomacia de los pandas, se llama.
Mientras el discurso de Trump ha sido todo concordia, el de Xi contenía algunas advertencias. Como ya hiciera en la visita del estadounidense a Pekín del pasado 14 de mayo, ha mencionado la “trampa de Tucídides”, un concepto de relaciones internacionales que describe el riesgo de conflicto cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a la potencia dominante en el orden mundial. Para evitar el choque, Xi pone condiciones. Antes fue Taiwán; ahora, que Estados Unidos sea justo en el trato con las empresas chinas.

Washington (Estados Unidos), 24/09/2026.- El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, caminan junto al "Paseo de la Fama Presidencial" durante la visita de Estado de Xi a la Casa Blanca. / Yuri Gripas / BLOOMBERG
A puerta cerrada es muy probable que los estadounidenses tengan cuestiones más duras que reprochar a los chinos, por ejemplo la presunta cooperación con Irán para proveerles de coordenadas de los objetivos de ataque gracias a los satélites chinos. El régimen de los Ayatolás ha sido sorprendentemente eficaz en el lanzamiento de misiles y ha dañado más de una decena de bases estadounidenses en la región del Golfo Pérsico.
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“China y Estados Unidos, como dos grandes potencias, tienen la responsabilidad histórica de impulsar el desarrollo y el progreso de la humanidad”, ha declarado solemne Xi. Ambos hablan de gestionar la relación entre dos grandes potencias. Mientras, un multilateralismo renqueante trataba de seguir en la Asamblea General de Naciones Unidas de Nueva York, eclipsada este jueves por la reunión de los dos titanes económicos y militares del mundo actual.
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