Son bonitos, sientan bien a todas y lograrás una imagen muy pulida y elegante.
Es fácil oír hablar del sportswear burgués europeo. Hoy en día está más de moda que nunca, y aunque su origen se rastrea a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX cuando las familias acomodadas europeas desarrollaron una cultura nueva al aire libre, esta estética supuso un antes y un después en la moda. ¿La razón? Representaba una manera de entender la ropa deportiva que escapaba a su función práctica y se convertía en un código de clase, ocio y estilo de vida. De esta forma, las prendas nacidas para jugar al tenis, esquiar, montar a caballo y jugar al golf terminaron incorporándose a cualquier rutina.
Ahora nos parece algo normal, pero por aquel entonces, el deporte también era una demostración de privilegio porque implicaba tener tiempo para disfrutar. Si lo piensas (y salvando las distancias), la actualidad guarda ciertas similitudes. Antes hablábamos del blanco para los club de tenis, las rayas marineras para navegar y los cárdigans y para destinos como la Riviera francesa, Biarritz, St. Moritz o incluso Capri; y en 2026 hablamos de ropa especializada para clubs de runnings, conjuntos aptos para retiros de yoga, e incluso pinzas para el pelo y cantimploras para hacer tus clases de barre o pilates reformer.
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Se habla mucho de Chanel para referirnos a la chaqueta de tweed, pero también fue la responsable de incluir elementos relacionados con el mar, el deporte y el ocio, con el objetivo de volver la sofisticación más cómoda. Un buen ejemplo serían las rayas marineras o los pantalones amplios. Patou hizo algo similar con el tenis a través de Suzanne Lenglen, transformando su uniforme en objetos de deseo. Más adelante, Lacoste condensó esa idea en el polo, y a pesar de ser una prenda nacida del deporte, terminó funcionando como marcador de respetabilidad burguesa.

De ahí salen muchos de sus códigos: polos, pantalones blancos, cárdigans, jerséis anudados sobre los hombros, rombos, rayas marineras, mocasines, botas de montar, chaquetas acolchadas, prendas técnicas de esquí y gafas deportivas. Podríamos estar horas y horas hablando de esto.

Lo interesante de cara a otoño/invierno 2026-2027 es que el streetwear burgués contemporáneo no busca parecer deportivo, sino ocioso. Probablemente esta sea la forma más exacta de definirlo: vestirse como si vinieras de un club de tenis, del barco o de jugar al pádel o de montar a caballo. Además, solo hay que ver algunas de las tendencias más repetidas que todas llevaremos los próximos meses para confirmarlo, desde cárdigan de manga corta, hasta las rayas marineras o incluso como las botas de montar.

Jersey con cuello marinero abotonado de Tommy Hilfiger, 169,90 euros. Es perfecto para aquellas que buscan una prenda con identidad propia, pero que al mismo tiempo sea muy ponible. Es una de mis favoritas de cara a los próximos meses.

Jersey de rombos de Fred Perry, 170 euros. Si buscas un básico con mayor personalidad, este es perfecto. Combina con todo y, además, podrás llevarlo con vaqueros, pantalones de traje e incluso con faldas cortas de inspiración tenis.

Falda de tablas cortas de Lacoste, 50 euros. Hablando de faldas cortas… Si esta tendencia te llama, personalmente este sea el básico que más papel te haga. Podrás llevarlo para hacer deporte, pero también con polos, bombers y jerséis de lana.

Cárdigan de punto de Massimo Dutti, 49,95 euros. Tiene un toque clásico y otro moderno que equilibra a la perfección esta estética. Perfecto para llevar con vaqueros, pero también con pantalones tipo chino, con bermudas o sobre tu look deportivo.
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