Stop a la ocupación sin control del espacio natural con coches y autocaravanas
Después de la pandemia, muchos espacios naturales se convirtieron en objeto del deseo. El delta del Ebro (1,4 millones de visitantes al año), que ya arrastraba problemas de ocupación caótica de los espacios naturales, sufrió los efectos de la masificación, con centenares de coches, furgonetas y autocaravanas campando a sus anchas en enclaves naturales de gran valor. Las imágenes de la icónica barra del Trabucador, junto a la bahía dels Alfacs, y de otros espacios masificados, obligaron a las administraciones con distintas competencias a sentarse y actuar.

Uno de los problemas más graves, la pernoctación entonces de furgonetas y autocaravanas en las playas del delta del Ebro: los técnicos del Parque Natural sumaron 500 vehículos en una noche.

Aquella situación de caos y masificación, cronificada desde hacía lustros, amenazaba la preservación de un espacio natural tan frágil como valioso y la calidad de la experiencia turística. En pocos años se le ha dado un vuelco sorprendente, aunque queda trabajo por hacer, con todavía comportamientos incívicos como los vertidos de basura.
Ha sido clave un trabajo de gestión pública coordinado y constante, bajo el liderazgo del Parque Natural del delta del Ebro. Fundamental, la implicación de los cinco ayuntamientos deltaicos con litoral, de los distintos cuerpos de seguridad (Mossos d’Esquadra, Guardia Civil y Policías locales), del Ministerio para la Transición Ecológica (Costas) y de la Generalitat.
“Los resultados han sido espectaculares. Hemos puesto al mismo nivel de la conservación de la naturaleza, nuestro objetivo principal, la calidad de la experiencia turística”, destaca Imma Juan, responsable del área de uso público del Parque Natural del delta del Ebro, con décadas de vivencias. Ha sido clave la creación de grandes zonas de aparcamiento regulado y también espacios fuera de las playas para que las autocaravanas puedan pernoctar; plazas fuera de los espacios naturales, en los núcleos urbanos del delta.
Ha sido clave la coordinación entre el Parque Natural, los ayuntamientos y los cuerpos de seguridadLas Policías locales, con la ayuda de los Mossos, Agents Rurals y Guardia Civil (Seprona), han realizado una labor primero de pedagogía e información y después de denuncias y sanciones. Las campañas se repiten cada año.
La mayoría de las plazas son gratuitas, pero también se han introducido espacios de aparcamiento de pago, similares a una zona azul, en algunos de los enclaves con más presión y menos capacidad de carga, como sucede junto a la playa de la Marquesa, en Deltebre (Baix Ebre). Hay un aparcamiento con unas 600 plazas. Es la zona de mayor presión humana, solo superada por el Trabucador, porque es también el punto de partida hacia la Punta del Fangar, a 4 kilómetros, con el icónico faro, muy codiciado.

“Entiendo que se tenga que pagar para aparcar si es un dinero que sirve para cuidar un espacio natural que es precioso”, explica un turista del área de Barcelona después de estacionar su vehículo en el parking para disfrutar de un día de playa en la Marquesa. No todos los visitantes lo aceptan del mismo modo. “Hay quienes se enfadan y me lo recriminan porque no entienden que ahora haya que pagar por aparcar”, corrobora uno de los informadores de la zona azul de la Marquesa.

Voluntarioso y de buena fe, explica a quienes tienen la intención de aparcar fuera de las zonas de aparcamiento regulado que, con casi toda probabilidad, serán sancionados. “Mira, a todos estos les he ahorrado (hoy) una multa”.
En esta mañana de agosto, a pesar de los esfuerzos del agente cívico del Ayuntamiento de Deltebre, una minoría de coches empieza a aparcar junto a la carretera de acceso a la playa de la Marquesa. El parking de pago, sobre las once de la mañana, sigue con muchísimo espacio disponible. Algunas jornadas acaban con medio centenar de multas por aparcar en lugares indebidos cerca de la playa de la Marquesa.
La mayoría de turistas acepta los parkings de pago y la imposición de limitaciones, según un estudio de la URVEs una minoría entre centenares y centenares de coches, furgonetas y autocaravanas que se mueven a diario por el delta del Ebro, donde la movilidad mayoritaria de los 650.000 turistas anuales –el resto hasta 1,4 millones de visitantes es población local– se hace en vehículo particular. Son también mayoría los visitantes que aceptan de buen grado la nueva ordenación del aparcamiento si es para proteger el entorno natural, según ha acreditado un estudio publicado por la Universitat Rovira i Virgili (URV).
“El turista entiende que las medidas de regulación tienen la finalidad de preservar el entorno, sobre todo si percibe que la ordenación sirve para mejorar la experiencia turística”, constata Daniel Miravet, investigador del departamento de Geografía (URV), coautor del análisis.

Es fundamental, por tanto, la explicación del porqué de las limitaciones en el uso del vehículo privado, como la regulación o los aparcamientos de pago. “Podemos garantizar así la preservación del espacio natural y una experiencia turística de calidad”, añade Miravet (URV).
“Ha sido una actuación valiente, pero o tomábamos cartas en el asunto o la situación nos pasaba por encima”, razona Juan. La orografía del delta y sus playas, con extensiones kilométricas, han facilitado la ordenación. Saliendo de la barra del Trabucador (600 plazas para aparcar) hacia la playa de los Eucaliptus, hay otra amplia zona para aparcar (700 plazas gratuitas), a pocos metros de la arena y el mar. En este caso, es competencia del Ayuntamiento de Amposta (Montsià).

El trabajo coral de señalización y delimitación con cuerdas de los espacios para aparcar, en coordinación con el Parque Natural, evita el caos que se vivía antes, con vehículos que se repartían sin orden y que a veces acababan casi dentro de las playas o las bahías.
La masificación y el caos puso en jaque la calidad de la experiencia turística y la preservación naturalCada ayuntamiento tiene competencias para decidir si cobra por aparcar y qué medidas concretas toma. Optó por no cobrar, pero sí por ordenar el aparcamiento del Trabucador, el Ayuntamiento de La Ràpita (Montsià). Está cortado además el tráfico a motor a partir de los 1,5 kilómetros. Solo pueden pasar los camiones que van hacia las Salines de la Trinitat o el personal autorizado.
El auge de las actividades náuticas recreativas se ha dejado notar también en los últimos años en el delta del Ebro, en el río y también en las bahías. Conviven en el ecosistema acuático con los pescadores y los mejilloneros, profesionales, los turistas y visitantes que alquilan una embarcación con o sin patrón, una moto de agua, un kayak o realizan otras actividades, como el kite surf. La ordenación del río y las bahías (Alfacs y Fangar) y de los distintos usos es un reto que quiere afrontar el Parque Natural del delta del Ebro con las distintas administraciones. “Necesitamos ordenar para poder conservar las bahías a nivel ambiental y turístico”, destaca Imma Juan, responsable del área de uso público. Uno de los problemas a abordar es la navegación recreativa poco responsable en las bahías o junto a las mejilloneras del delta. Hay además especies de fauna y flora sensibles. Otro de los problemas es la seguridad y respeto entre los distintos usuarios. Se está realizando ahora una diagnosis, ya casi acabada, y la intención es empezar a trabajar en una nueva regulación. “Puede ser un problema en un futuro si no lo abordamos ahora”, añade Juan.
En caso de superar el número de plazas de parking disponibles, la policía local de La Ràpita desvía el tráfico e impide la entrada en la barra del Trabucador. Los momentos de mayor demanda son en Semana Santa, número uno, y agosto.
El eclipse solar total del 12-A fue una gran prueba de fuego para los espacios naturales y la regulación del delta del Ebro. “Las bolsas de aparcamiento facilitaron el estacionamiento ordenado, funcionaron con el eclipse como ha pasado en los días punta”, constata Juan, jefa de uso público del Parque Natural. Se sumaron a las plazas en los espacios naturales los aparcamientos en los núcleos urbanos, con más de 15.000 sitios disponibles el día del eclipse.
