La Plaza Major ha cambiado esta noche el trasiego habitual de turistas por mesas largas, sillas y vecinos cenando al aire libre. El penúltimo 'sopar a la llesca' del verano, impulsado por Brunzit, ha reunido a más de medio millar de personas para reivindicar la recuperación del espacio público para los residentes en una Palma cada vez más orientada al turista.
La Plaza Major ha cambiado esta noche el trasiego habitual de turistas por mesas largas, sillas y vecinos cenando al aire libre. El penúltimo 'sopar a la llesca' del verano, impulsado por Brunzit, ha reunido a más de medio millar de personas para reivindicar la recuperación del espacio público para los residentes en una Palma cada vez más orientada al turista.
Desde antes de las siete de la tarde han comenzado a llegar los primeros vecinos, muchos cargados con bolsas y fiambreras. Las cerca de 400 sillas preparadas por la organización no han tardado en quedarse cortas y, cuando ya no ha habido sitio, muchos se han sentado en el suelo y han montado su propio pícnic. Sobre las mesas había pocas sofisticaciones y mucha cena para compartir: había pamboli, tortillas, ensaladas, aceitunas, hummus, queso, tomate, patatilla, picada, cerveza o refrescos.
«Es una iniciativa muy interesante porque recuperamos espacios que los mallorquines normalmente no podemos ocupar», explicaba Laia Vadell, de 29 años, que intenta acudir a prácticamente todas las cenas. Esta vez ha llegado incluso antes de la hora prevista y ya no ha encontrado mesa, aunque sí ha consegido sillas para cenar con sus amigos. En su menú: pamboli con escalivada y ensalada de pasta: «También es una forma de vernos y aprovechar para cenar todos juntos».
La Plaza Major es precisamente uno de esos lugares por los que Vadell reconoce que habitualmente intenta no pasar: «Está muy masificado. Normalmente iría por calles donde hubiera menos gente». Esta noche, sin embargo, ha encontrado una razón para quedarse, igual que otros centenares de vecinos.
La cena ha sido la octava organizada por Brunzit este verano y ha ocupado la mitad de la plaza. «Es un acto reivindicativo para denunciar que cada vez tenemos menos espacio en la ciudad y una forma de expresarlo», explica un portavoz de la plataforma. La intención, insisten, no es únicamente sentarse a cenar, sino demostrar que Palma todavía conserva un tejido vecinal dispuesto a utilizar y dinamizar sus calles y plazas.
Por eso, la comida se ha combinado con otras actividades. El colectivo de mujeres migrantes Redsistencia ha organizado un taller de chacarera, una danza tradicional argentina, mientras que la agrupación Rissaga ha puesto el 'ball de bot'.
También ha habido espacio para probar un curioso deporte: el ultimate frisbee, con una red instalada en la plaza y un pequeño taller abierto a los asistentes de la mano de Dimonis Ultimate Mallorca. «Hay colectivos y entidades muy activos en Palma y queremos darles visibilidad. Las cenas también sirven para demostrar que hay gente en la ciudad con iniciativas muy interesantes», resume el portavoz de Brunzit.
La de hoy no ha sido la última oportunidad para sacar las mesas a la calle. El próximo miércoles, el último de agosto, Brunzit celebrará el noveno y último ‘sopar a la llesca’ del verano, cuya ubicación revelarán estos días. Por su parte, Madò Farta ha convocado para el próximo 29 de agosto, a las 19.00 horas, en la plaza de España, otro acto reivindicativo para reclamar el derecho de la ciudadanía a ocupar y disfrutar de los espacios públicos.
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