La secuencia de terremotos que está sacudiendo Granada ha puesto el foco en un territorio que, en realidad, es propenso a este tipo de fenómenos
El enjambre sísmico que está sacudiendo Granada y Andalucía ha provocado una gran inquietud entre la población, que ha sentido temblar la tierra bajo sus pies. Granada ha registrado en los últimos días un terremoto de magnitud 4,8 seguido de varias réplicas, algunas superiores a 4. En realidad, el sur de la península ibérica es una zona muy propensa a estos fenómenos, que se producen a diario.
La gran actividad sísmica de la región se debe al encuentro de las placas tectónicas euroasiática y africana, en un límite de placas convergentes. Muchos de los terremotos que desencadena el choque de ambas placas se producen a gran profundidad, motivo por el cual a menudo no se perciben; otros, en cambio, como los de estos días, son muy superficiales y sí se notan. La placa africana empuja a la euroasiática desde el sur unos pocos milímetros al año, un acercamiento conocido como el “beso geológico”.
El geólogo Manuel Regueiro, expresidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG), ha explicado a la agencia Efe que considera que los terremotos que se están registrando en Granada son “totalmente normales”, porque la provincia está situada en una zona sísmica con fallas activas, aunque algunos de ellos han sido “un poco más grandes de lo habitual”.
La zona sísmicamente más activa de la comunidad es precisamente la granadina, con epicentro en La Vega y en la Depresión de Granada. Estos terremotos “llevan ocurriendo cientos de miles de años” y “tampoco son para asustar mucho”, afirma Regueiro, que añade que en esa zona “hay terremotos todos los días de menos de 1,5 de magnitud que no percibe el ser humano”.

Otra zona relativamente activa es la de Almería y la comarca del Campo de Dalías, con seísmos que a lo largo de la historia han alcanzado magnitudes de hasta 6,4. El área de Almería y Málaga representa, además, un peligro latente por los maremotos que podrían generarse a raíz de las sacudidas.
La zona del Golfo de Cádiz y el litoral suroeste, que afecta especialmente, en tierra firme, a Huelva y Cádiz, es abundante en temblores, aunque de escasa entidad; con todo, sigue siendo una zona que podría verse sometida a maremotos, y varios de sus puntos cuentan con planes de evacuación por si se produjeran.
La propia zona de Málaga es una de las más activas de la región, con pequeños terremotos registrados en los días previos al de Granada. La Axarquía, la Serranía de Ronda y Antequera están vinculadas a la misma estructura tectónica, la de las Cordilleras Béticas. Por el contrario, la zona de Jaén es una de las pocas áreas de actividad moderada, frente a las de mayor riesgo.
La importancia de la información a la poblaciónSegún Regueiro, esta secuencia de terremotos, que “asusta un poco más”, “nos pone en guardia para lo que hay que hacer” en estas situaciones. En su opinión, los pueblos que están sufriendo este tipo de seísmos “deberían reunir a la población y explicar las medidas normales” que hay que adoptar, porque “hay que aprenderlas”.
Regueiro añade que “hay un montón de fallas activas en España” y que muchas de ellas “se reactivan cuando se produce un seísmo más profundo”. Los movimientos ocurridos en Granada, señala, pueden producirse también en otras zonas activas de la península, como Catalunya o Galicia.
No hay correlación con los terremotos de Colombia e IndonesiaEl experto ha subrayado que los seísmos de Granada no tienen ninguna relación con los ocurridos en Colombia y en Indonesia. Las placas tectónicas se extienden por todo el mundo, pero eso no significa que “en todos los contactos entre ellas se produzcan terremotos; no hay demostración científica de que el movimiento de una placa en Colombia pueda tener nada que ver con el movimiento de una placa en España”.
El encuentro entre las placas euroasiática y africana ha generado desde siempre pequeños movimientos sísmicos, en una actividad continua que en los últimos días se ha situado en el centro de la actualidad por los enjambres de Granada, pero que, como recuerdan los expertos, no es sino un fenómeno que se repite desde hace cientos de años.