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El movimiento socialista ya gana elecciones en EEUU sobre las bases de suspender la ayuda militar a Israel y abolir el ICE

Дата публикации: 07-08-2026 04:30:00

Los Socialistas Democráticos proponen redactar una nueva Constitución, detener las deportaciones y mejorar la legislación laboral.Más información: El progresista musulmán Abdul El-Sayed gana las primarias demócratas al Senado en Míchigan y da aire al ala izquierda del partido

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Míchigan votó dos veces por la izquierda en una sola noche, pero no eligió dos veces lo mismo.

En las primarias al Senado, celebradas en todo el estado, Abdul El-Sayed —un médico musulmán que se declara capitalista— derrotó con nueves veces menos presupuesto a la candidata del aparato demócrata.

Abdul El-Sayed durante un mitin de campaña en Detroit.

Simultáneamente, en un distrito del área de Detroit, Donavan McKinney arrebató la candidatura demócrata a un congresista millonario con la ayuda de los Socialistas Democráticos de América.

Uno aspira a representar a todo Míchigan en el Senado; el otro, a una parte de Detroit en la Cámara de Representantes. Las dos victorias revelan las distintas velocidades de una revolución dentro del Partido Demócrata.

La organización que ayudó a llevar a Zohran Mamdani a la alcaldía de Nueva York ya gana con candidatos a los que respalda y consigue que otros, aunque rechacen llamarse socialistas, adopten parte de su agenda.

Ha más que duplicado sus afiliados y ha reabierto dentro del partido un debate que parecía enterrado: si basta con reformar el capitalismo o si es necesario sustituirlo.

El capitalista y el candidato de los socialistas

El Partido Demócrata estadounidense es una enorme coalición donde conviven políticos próximos a Wall Street, moderados, progresistas que reclaman un Estado del bienestar más amplio y socialistas que aspiran a reemplazar partes esenciales del sistema económico.

La mayoría acepta el capitalismo y quiere corregir sus excesos.

Zohran Mamdani apoya a Brad Lander en las primarias de Nueva York.

Zohran Mamdani apoya a Brad Lander en las primarias de Nueva York. Eduardo Muñoz Reuters

Los Socialistas Democráticos de América (DSA por sus siglas en inglés) creen que la desigualdad nace de que una minoría controle la riqueza y las empresas, un poder que pretenden trasladar a los trabajadores.

La DSA no es una corriente oficial de los demócratas ni un partido con papeleta propia. Es una organización independiente que utiliza sus primarias porque el sistema apenas deja espacio a terceras formaciones. Por eso, sus candidatos compiten bajo las mismas siglas que los centristas a los que pretenden derrotar.

Pero defender la sanidad universal o subir los impuestos a los ricos no convierte automáticamente a un político en socialista.

El-Sayed representa esa frontera. Quiere gravar a los multimillonarios, abolir la policía migratoria, limitar a las empresas de inteligencia artificial y terminar con la ayuda militar a Israel. Militantes socialistas colaboraron con él, pero la DSA no lo respaldó y él se define como "un capitalista que entiende cómo funciona el capitalismo".

Si vence en noviembre, será el primer musulmán elegido senador en Estados Unidos: las ideas del movimiento habrán prosperado sin su etiqueta.

El alcalde electo de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani.

McKinney representa la otra vía. La DSA sí apoyó a este antiguo organizador sindical de 34 años, criado por su madre y su abuela y que creció entre más de trece mudanzas, muchas por desahucios. Defiende la sanidad universal, los empleos verdes, sindicatos fuertes y el fin de la ayuda a Israel.

El respaldo llegó pocas semanas antes de votar, pese a que algunos militantes cuestionaron las donaciones empresariales que había aceptado en campañas anteriores y su escasa relación previa con el grupo.

No lo obliga a asumir todo el programa nacional, pero, al haber ganado en un distrito abrumadoramente demócrata, tiene casi asegurada su llegada al Congreso.

La Constitución que quieren sustituir

Los Socialistas Democráticos fueron durante décadas testimoniales. Nacieron en 1982 de la mano del escritor Michael Harrington, que aspiraba a construir "el ala izquierda de lo posible".

Bernie Sanders, Zohran Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez, el domingo en un mitin en Nueva York.

Bernie Sanders, Zohran Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez, el domingo en un mitin en Nueva York. Europa Press

Bernie Sanders normalizó la palabra socialismo en 2016 y la primera victoria de Donald Trump multiplicó su militancia, aunque las derrotas, las disputas por Gaza y una crisis presupuestaria la redujeron a poco más de 50.000 miembros en octubre de 2024.

Mamdani invirtió la caída. Sus voluntarios llamaron a más de un millón de puertas y ganó la alcaldía prometiendo congelar los alquileres, ofrecer autobuses gratuitos y crear guarderías públicas.

En junio, nueve de los diez candidatos respaldados por la DSA en Nueva York ganaron sus primarias. El 4 de julio, la organización anunció que había superado los 120.000 afiliados. El avance se extendió después a Denver y Detroit.

Su nuevo programa, Workers Deserve More —"Los trabajadores merecen más"— comienza con una semana laboral de 32 horas sin rebaja salarial, sanidad universal, educación pública gratuita desde preescolar, cancelación de la deuda estudiantil, vivienda pública, control de los alquileres y empleos verdes garantizados por el Estado.

Después pasa de reformar el país a refundarlo.

La organización propone redactar una nueva Constitución, abolir el Colegio Electoral y el Senado y sustituir el bipartidismo por un sistema de partidos similar al europeo. La Presidencia y el Tribunal Supremo desaparecerían tal como existen: el Ejecutivo y los jueces serían elegidos por el Legislativo y quedarían subordinados a él.

Zohran Mamdani, antes del debate de las primarias demócratas para la alcaldía de la ciudad de Nueva York.

Las grandes corporaciones y sectores esenciales como la energía, el transporte o la vivienda pasarían a estar controlados por el Estado, los trabajadores o las comunidades.

El manifiesto también plantea desmilitarizar a la policía y trasladar sus fondos a servicios sociales hasta abolir el sistema policial y penitenciario.

Su copresidenta, Megan Romer, precisa que no pretende vaciar mañana las prisiones, sino alcanzar ese objetivo a largo plazo. Sí reclama eliminar el ICE, detener las deportaciones, amnistiar a los inmigrantes sin papeles y conceder el voto a residentes permanentes y presos.

En el exterior quiere recortar el Pentágono, cerrar bases estadounidenses, levantar las sanciones contra Cuba, Venezuela e Irán y suspender toda ayuda a Israel. También pide procesar a los dirigentes responsables de crímenes de guerra. La propia organización admite que completar el catálogo exigiría levantar "una nueva sociedad desde cero".

Conquistar a los demócratas o romper con ellos

El movimiento sabe qué país desea, pero todavía discute cómo alcanzarlo. En su última cumbre, celebrada en Chicago, unos 600 delegados debatieron bajo una cabeza de ciervo disecada con una gorra roja de Trump y entre camisetas que pedían abolir la policía migratoria.

Detrás del folclore reapareció la división que puede decidir su futuro.

Alexandria Ocasio-Cortez interviene en la Conferencia de Seguridad de Múnich.

Alexandria Ocasio-Cortez interviene en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Reuters

Un sector quiere seguir utilizando las primarias demócratas, que proporcionan papeletas, millones de votantes y una infraestructura que un tercer partido tardaría décadas en construir. Mamdani demuestra que puede funcionar.

El otro teme que cada victoria integre a sus candidatos en la estructura que prometían combatir. Su alternativa, la "ruptura sucia", consiste en competir temporalmente como demócratas mientras construyen una base propia y abandonar el partido cuando sean suficientemente fuertes.

La contradicción puede estallar en 2028. La DSA ha creado un comité para estudiar una candidatura presidencial y algunos militantes quieren impulsar a Alexandria Ocasio-Cortez, aunque ella no ha anunciado si competirá, los más radicales la consideran demasiado próxima al aparato.

El movimiento tendría además que explicar por qué aspira a conquistar una Presidencia que pretende abolir.

Sobre esa discusión planea una pregunta aún mayor: ¿puede un proyecto semejante gobernar la principal superpotencia capitalista del mundo? Estados Unidos ha construido su identidad alrededor de la propiedad privada, el esfuerzo individual y el sueño de que cualquiera puede prosperar sin ayuda del Estado.

Donald Trump en la cena de corresponsales el 24 de julio de 2026.

El capitalismo todavía tiene mejor imagen que el socialismo —un 54% frente a un 39%—, pero su respaldo ha caído seis puntos desde 2021 y apenas cuatro de cada diez menores de 50 años creen que el sueño americano continúa siendo alcanzable.

La oportunidad de la DSA nace de esa decepción. No necesita convencer inmediatamente a una mayoría de que suprima la Presidencia o las cárceles: le basta con normalizar la sanidad universal, el control de los alquileres, la educación gratuita o los impuestos a los multimillonarios.

Su camino más probable no es sustituir de golpe el capitalismo, sino lograr que medidas antes consideradas socialistas terminen pareciendo razonables incluso a quienes rechazan esa palabra.

El proyecto completo continúa estando lejos de reunir una mayoría.

Buena parte de sus victorias se concentra en ciudades progresistas o distritos donde ganar las primarias equivale a obtener el cargo. La misma noche que McKinney venció en Detroit, la socialista Cori Bush fracasó en Misuri.

Los republicanos explotan esa debilidad atribuyendo el manifiesto entero de la DSA a todos los demócratas. Trump ya llama "comunista" a El-Sayed, pese a que este insiste en definirse como capitalista.

El candidato republicano a gobernador de Arizona, Andy Biggs, atiende a la prensa en la noche electoral de las primarias en Dillon Precision en Scottsdale, Arizona.

Su candidatura al Senado será la prueba decisiva. Si gana en un estado que votó por Trump, la izquierda podrá sostener que sus ideas han desbordado Nueva York y las grandes ciudades. Si pierde, los moderados dirán que el movimiento sabe conquistar primarias, pero no mayorías.

La cuestión no es si Estados Unidos se convertirá repentinamente en un país socialista, sino cuánto puede cambiar antes de que sus ciudadanos acepten llamarlo así.

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