El motivo está vinculado al uso que se le daba a esta zona de la ciudad en la Edad Media
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El callejero de ciudades con siglos de historia, como Sevilla, cuenta con un sinfín de vías cuyos nombres no son fruto del azar y explican buena parte de cómo fue la capital en el pasado. Más allá de los lugares que conservan la memoria de personajes ilustres, también existen rincones con nombres asociados a antiguos oficios, conventos desaparecidos, episodios históricos, tradiciones populares e incluso leyendas que han sobrevivido al paso del tiempo.
Y aunque en ocasiones transitemos por estos lugares sin reparar en el nombre que reciben, lo cierto es que muchos de ellos ayudan a comprender cómo era la vida en la ciudad hace siglos y cuáles fueron los acontecimientos que marcaron su evolución.
El barrio de Santa Cruz constituye uno de los mejores ejemplos de esa riqueza toponímica. Entre sus calles se pueden encontrar nombres como Vida, Pimienta o Agua. Este último corresponde, además, a una vía de especial belleza colindante con los muros de los jardines de los Reales Alcázares. Y como en la mayoría de ocasiones, su nombre tiene un porqué basado en la historia, más concretamente, en el uso que tuvo esta zona de la ciudad en los últimos siglos de la Edad Media.
El porqué del nombre de la calle AguaLa calle Agua de Sevilla, que recorre parte de los muros de los jardines de los Reales Alcázares de la ciudad, extendiéndose a lo largo de 140 metros desde la calle Vida hasta la Plaza de Alfaro, recibe este nombre por la función que desempeñó este lugar durante siglos. Este está íntimamente ligado al antiguo sistema hidráulico que abastecía de agua al Real Alcázar y a buena parte de la ciudad y que llegaba, directamente, desde los Caños de Carmona. De ahí el nombre de Agua. Esto se puede apreciar, además, en un azulejo ubicado al inicio de la vía en el que se explica que se está ante parte de la muralla de época islámica "que contiene las conducciones que en periodo cristiano administraban agua al Real Alcázar y a la ciudad".
Los Caños de Carmona constituyeron durante siglos una de las infraestructuras hidráulicas más importantes de Sevilla. Este acueducto, cuyo origen se remonta a la época romana, abasteció de agua a la ciudad desde entonces hasta comienzos del siglo XX, permaneciendo en funcionamiento hasta 1912. Aunque numerosos historiadores sitúan su construcción entre los años 68 y 65 a. C., durante el mandato de Julio César como cuestor de Hispalis, la estructura fue reconstruida casi por completo por los almohades en el siglo XII, que modernizaron el sistema de conducción de agua.
Su nombre procede de la desaparecida Puerta de Carmona, el acceso por el que el agua penetraba en la ciudad. En este punto se levantó un gran depósito desde el que se distribuía el caudal hacia distintos enclaves de Sevilla. El agua abastecía espacios tan relevantes como los Reales Alcázares y las Huertas del Rey —la actual Buhaira—, utilizadas para el regadío por las clases más acomodadas, además de alimentar diversas fuentes públicas que garantizaban el suministro a la población.
Conocer el origen de esta y otras calles permite descubrir una Sevilla menos evidente, en la que cada rincón conserva una parte de la memoria colectiva y convierte un simple paseo en un recorrido por la historia de la ciudad.