La directora catalana propone en 'Lejos de los árboles' una travesía sensorial por los Andes peruanos para explorar las huellas del exilio, la memoria y la identidad
Meritxell Colell (Barcelona, 1983) estrena hoy en el festival de Locarno Lejos de los árboles, su tercer largometraje de ficción tras Con el viento y Dúo, con el que aspira al Leopardo de Oro a la mejor película de la sección oficial del prestigioso certamen de autor, cuyo palmarés se conocerá el sábado. “Es un regalo estrenar en Locarno porque es un festival que quiero mucho como cinéfila. Es un privilegio. Estoy nerviosa, pero muy contenta”, confiesa a La Vanguardia por teléfono.
La realizadora barcelonesa encabeza una destacada representación de cine catalán en la 79ª edición del festival suizo que también cuenta fuera de concurso con el documental Seize moments de ma vie, de Albert Serra, la película infantil Los nuevos, de Rodrigo Plá, y los cortometrajes Los andares, de Sofia Esteve e Isa Luengo, y Primer foc, de Blanca Camell Galí. Lejos de los árboles propone una travesía sensorial entre América y Europa para explorar las huellas del exilio, la memoria familiar y la identidad a través del transformador viaje de Adela, una artista sonora mexicana que recorre la selva y los Andes peruanos para elaborar un mapa sonoro de las lenguas en peligro de desaparición.

Acompañada por Lucho, guía y traductor, sigue el legado de su abuelo fallecido, un republicano catalán que se exilió en México junto a su mujer, que tiene 98 años y está muy delicada de salud. Colell, que también firma el guion, asegura que “las películas surgen de muchos motores” y, después de regresar del rodaje de Dúo, donde contaba la historia de dos coreógrafos cuya gira artística por los Andes hace tambalear su relación, falleció de covid un pariente muy cercano. “No pude despedirme de él y es algo que me quedó por trabajar. Qué pasa cuando no puedes decir adiós, cuando no hay forma de despedirte”. A partir de esta idea, tenía claro que debía desarrollarla con una artista sonora.
En el 2020 conoció a la compositora mexicana Angélica Castelló, cuya obra se concentra en un tejido sonoro alrededor de la fragilidad y el subconsciente. “Empezamos a hablar y me explicó que era nieta de un republicano exiliado. Aquí encajó todo. En vez de partir de una historia propia, encontré un territorio compartido y creamos un relato desde un personaje desplazado porque yo buscaba una artista sonora que viviese en un lugar diferente de su origen”, explica. “Hemos estado seis años juntas, cinco antes del rodaje, y trabajamos mucho desde el diálogo, desde la cocreación para dar forma a un personaje que le es muy cercano”, dice.
La historia, una suerte de road movie, es una coproducción entre España-Perú e Italia y es el proyecto más ambicioso hasta la fecha de Colell. “Perú es muy rica a nivel cultural y estaba en el inicio del proyecto porque durante mi documentación previa descubrí los quipus, una escritura inca a base de nudos muy fascinante. También me ofrecía la posibilidad de ir de la selva al altiplano, lo que hizo que emprendiésemos un viaje épico por este territorio”. A nivel personal, “ha sido un gran reto” porque la cineasta está acostumbrada a trabajar de forma cronológica y en este caso fue “tan fragmentado que tenía miedo de que quedase como un Frankenstein porque eran muchas localizaciones totalmente desordenadas en cierta manera, sobre todo la parte onírica, y la sorpresa fue que cuando entramos en montaje todo encajaba”, reconoce entre risas.
Entre las localizaciones que comenta se encuentra el departamento de Cusco, la selva y los Andes peruanos, así como paisajes de las comarcas del Montsià, las Terres de l'Ebre, el Maresme, el Baix Empordà y la ciudad de Barcelona. La película se elaboró en cinco tandas, comenzando en el 2024, coincidiendo con el avanzado estado de gestación de Colell y combina el rodaje en formato digital con secuencias filmadas en Super 16 mm, utilizadas para materializar recuerdos de la niñez y ensoñaciones de la protagonista, a quien da vida la propia Angélica Castelló, quien firma la banda sonora original. Su personaje de Adela registra todo tipo de sonidos en cassettes y en pleno contacto con una naturaleza desbordante de cascadas y montañas infinitas. Su pelo está teñido de azul y fuma en soledad.

Al lado de Lucho conoce a gente humilde y generosa como un grupo de mujeres que tejen mantas repletas de significado. Ambos conversan sobre música y la familia en su trayecto en coche. Él habla quechua, una lengua indígena que a sus hijos no les gusta. “Me parecía muy importante la necesidad de reivindicar las lenguas minorizadas. De hecho, hace poco descubrí que hay un término, el lingüicidio que tiene que ver con lo que pasó con la Conquista. En los tiempos que vivimos es importante entender que las lenguas corresponden a una forma de ver y vivir el mundo. Adela también ha perdido el catalán y al final siente la necesidad de recuperar el sonido de la lengua de sus abuelos”, asegura. Unos abuelos que se encargaron de criarla con mucho amor: “Le debo todo a ellos”, reconoce la protagonista nostálgica.
Ella tiene su vida en Viena y extraña a su abuela, cada vez más débil, y Paula, la trabajadora doméstica que la cuida -una especie de hermana para Adela-, que están en México, y con las que habla a menudo por videoconferencia. “A Paula -interpretada por la actriz Teresa Sánchez- le queríamos dar la fuerza de una guía casi espiritual para Adela. El otro guía es Lucho. Ambos la confrontan, algo fundamental”, dice Colell sobre el personaje principal, que vive el duelo desde la distancia.

El nombre de Adela se lo debe a Adelita del Campo, una bailarina, actriz, activista feminista y anarquista catalana que estuvo en tres campos de concentración. “Su vida da para una película en sí misma. Con ella también quería reivindicar a las mujeres que no han sido tan visibilizadas en la Guerra Civil y luego el movimiento anarquista, que fue tan importante a principios del siglo XX en el territorio español y parece que ha quedado un poco olvidado o juzgado”.
La película establece un diálogo entre España y México a través de materiales procedentes de los archivos familiares de Pere Calders y Rosa Artís y de imágenes históricas inéditas de la llegada de exiliados republicanos al puerto de Veracruz y los Niños de Morelia. “Fue un proceso complicado y luchamos mucho por conseguir el material. Y tenía claro que quería trabajar con archivo familiar por una cuestión de la memoria personal que se convierte en memoria colectiva”. Tras su paso por Locarno, Lejos de los árboles formará parte de la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián y tendrá su estreno comercial el próximo 11 de diciembre de la mano de RAW Cinema.

Licenciada en Periodismo por la UAB. Redactora en la sección de Cultura especializada en cine
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