Austria ha introducido una particularidad en sus carreteras que llama la atención, el límite de velocidad puede variar en función del tipo de propulsión del vehículo. En determinados tramos de autopista, las restricciones medioambientales reducen la velocidad máxima de 130 a 100 km/h para los vehículos afectados, mientras que los coches eléctricos pueden mantener los 130 km/h si se cumplen las condiciones establecidas.Seguir leyendo....
Austria ha introducido una particularidad en sus carreteras que llama la atención, el límite de velocidad puede variar en función del tipo de propulsión del vehículo. En determinados tramos de autopista, las restricciones medioambientales reducen la velocidad máxima de 130 a 100 km/h para los vehículos afectados, mientras que los coches eléctricos pueden mantener los 130 km/h si se cumplen las condiciones establecidas.
Estas limitaciones están vinculadas a la normativa IG-L (Immissionsschutzgesetz-Luft), una legislación destinada a reducir la contaminación atmosférica. Cuando un tramo está señalizado con estas indicaciones, los vehículos de combustión deben respetar la velocidad reducida, mientras que los eléctricos puros pueden quedar exentos. La excepción no se aplica a los híbridos enchufables, que deben cumplir igualmente el límite IG-L.
Así funcionan los límites IG-L en AustriaLas señales IG-L identifican las restricciones de velocidad establecidas específicamente por motivos relacionados con la calidad del aire. Por ejemplo, en una autopista cuyo límite general es de 130 km/h, una restricción medioambiental puede reducirlo a 100 km/h. Los vehículos eléctricos pueden mantener los 130 km/h cuando la señalización y las condiciones del tramo permiten aplicar la exención.
Esta particularidad también puede encontrarse en determinadas carreteras federales. Si una vía limitada normalmente a 100 km/h pasa a tener una restricción IG-L de 80 km/h, los coches eléctricos pueden continuar circulando a 100 km/h. Sin embargo, la excepción solo afecta a las limitaciones impuestas por motivos medioambientales. Si existe otro límite por obras, seguridad, tráfico o cualquier otra circunstancia, todos los vehículos deben respetarlo.
¿Podría España aplicar el mismo sistema?España ya cuenta con una herramienta que podría servir como punto de partida para diferenciar vehículos según sus emisiones, las etiquetas medioambientales de la DGT. Desde 2016, estas pegatinas clasifican los vehículos en función de su nivel de emisiones y actualmente se utilizan, entre otras cosas, para regular el acceso a las Zonas de Bajas Emisiones. Sin embargo, todavía no determinan la velocidad máxima que puede alcanzar un vehículo.
Por el momento, España aplica los límites de velocidad con independencia del tipo de motor. En autopistas y autovías, el límite genérico para turismos y motocicletas es de 120 km/h, aunque puede reducirse por motivos de seguridad, tráfico o condiciones de la vía. La experiencia de Austria abre un debate sobre si el tipo de propulsión podría convertirse en el futuro en otro criterio para determinar la velocidad máxima en carretera.