Durante la cópula, el macho de la araña Latrodectus hasselti (una araña australiana pariente de las llamadas viudas negras) ejecuta una voltereta hacia atrás: así coloca deliberadamente su abdomen al alcance de la hembra, que puede devorarlo durante o después del apareamiento.
Durante la cópula, el macho de la araña Latrodectus hasselti (una araña australiana pariente de las llamadas viudas negras) ejecuta una voltereta hacia atrás: así coloca deliberadamente su abdomen al alcance de la hembra, que puede devorarlo durante o después del apareamiento.
El gesto tiene una explicación: según una investigación de la Universidad de Hamburgo, publicada en la revista científica Biology Letters, esta conducta extrema parece apoyarse en una base genética sorprendentemente sencilla.
Fecundación masivaLa escena tiene su lógica, por macabra que resulte. Los machos que sobreviven al primer apareamiento pueden copular otra vez y depositar esperma en las dos espermatecas de la hembra, las estructuras donde almacena el material reproductivo. Eso aumenta su probabilidad de fecundar todos los huevos. El salto, por tanto, no sería una forma de rendición, sino una apuesta evolutiva de alto riesgo.
Además, el macho cuenta con otro recurso: durante la cópula estrecha mucho el abdomen. Esa constricción podría limitar los efectos de una mordedura y aumentar sus opciones de salir vivo de la primera ronda. En el peculiar campo de batalla de la selección sexual, conservar el abdomen puede marcar la diferencia entre dejar descendencia o convertirse en cena.
Una prima sin dramaPara averiguar de dónde salen esas conductas, el equipo comparó a la araña australiana con su pariente neozelandesa, Latrodectus katipo. Ambas especies se separaron evolutivamente hace unos 100.000 años, una distancia breve en términos evolutivos. Sin embargo, las hembras de L. katipo no practican canibalismo sexual y sus machos no hacen ni el salto ni el estrechamiento abdominal.
Los investigadores cruzaron hembras de L. katipo con machos de L. hasselti. Después realizaron nuevos cruces con las hembras híbridas para obtener machos de tercera generación que reunían combinaciones distintas de genes de ambas especies. Finalmente, observaron cómo se comportaban esos híbridos al aparearse con hembras de L. katipo, una elección que permitía estudiar la conducta sin que la pareja acabara, literalmente, mal.

Una hembra grande de Latrodectus con un macho de L. hasselti, que ya ha dado una voltereta y está tumbado con el abdomen sobre las piezas bucales de la hembra. / Jasmin Schreiber/Universidad de Hamburgo
Crossing experiments suggest a simple genetic basis of complex male self-sacrifice phenotypes in widow spiders. Kardelen Özgün Uludağ et al. Biol. Lett. (2026) 22 (8): 20260211. DOI:https://doi.org/10.1098/rsbl.2026.0211
Casi la mitad de esos machos híbridos hizo el salto hacia atrás. Sin embargo, no mostró el estrechamiento del abdomen. El resultado indica que ambas conductas no viajan necesariamente juntas en la herencia: pueden depender de factores genéticos distintos, situados en cromosomas diferentes o lo bastante alejados dentro de uno mismo como para separarse con frecuencia al transmitirse a la descendencia.
La investigación no ha identificado todavía los genes concretos responsables de la proeza copulativa. Pero sí desmonta la idea de que una conducta espectacular tiene que responder a un mecanismo genético extraordinariamente enrevesado. A veces, la evolución logra coreografías muy complicadas con unas pocas piezas bien colocadas.
¿Humor natural?En el caso de la araña de espalda roja, una de esas piezas parece ordenar al macho que haga algo poco recomendable para casi cualquier otro animal: dar un salto hacia los dientes de su pareja en el momento del apareamiento. La selección natural, al parecer, también tiene un peculiar sentido del humor.
Fuente: Levante - EMV