Brahim decidió un partido espeso con un tanto al final del primer tiempo. Mourinho siguió haciendo pruebas
Fútbol
Brahim decidió un partido espeso con un tanto al final del primer tiempo. Mourinho siguió haciendo pruebasLos partidos amistosos sirven para que los jugadores se vayan poniendo en forma y adquiriendo lo que se llaman mecanismos, pero lo principal para el aficionado es ir descubriendo las pistas de lo que puede ser el equipo cuando comience la temporada. No es fácil, porque, como le sucedió al Real Madrid en La Coruña, faltan muchos jugadores y el físico da para lo que da, además de que la motivación no ayuda.
Sin embargo, el Trofeo Teresa Herrera dejó una pista muy clara, una senda de migas que puede llevar a lo que quiere Mourinho de su equipo. Sucedió al final del primer tiempo, después de que el Dépor por fin llegase a la portería de Lunin en una jugada a balón parado. El portero ucraniano cogió la pelota y, con el brazo como un gancho, dio una asistencia bestial, desde su área hasta la carrera de Brahim. El jugador de la selección de Marruecos había empezado a correr cuando vio a Lunin con el balón. Estaba en la esquina del área del Real Madrid y, cuando recibió la pelota, ya estaba en el centro del campo.
Es posible, es seguro, que el equipo de José Mourinho vaya a ser muchas cosas distintas a lo largo de la temporada e incluso durante el desarrollo de los partidos, pero seguro que lo que se vio en Riazor es una de sus esencias: jugar como puñales, aprovechar el desorden o el optimismo rival para matar en transiciones rápidas y temibles. De vez en cuando, en las redes sociales, se vuelve a publicar un gol icónico de la primera época de Mou, un gol al contraataque, fabricado todo él al primer toque, un tanto de una belleza absoluta aunque, durante mucho tiempo, marcar a la contra fuese visto con sospecha.
Brahim, en fin, corrió sin mirar atrás hacia la portería contraria y marcó con facilidad, porque es un jugador con clase, quizá demasiado tímido para la jerarquía. Su gol dio el partido y el clásico Teresa Herrera al Real Madrid. Un torneo de toda la vida que ya no tiene el valor de hace años, pero que ayer hizo que los aficionados más maduros tuviesen un pequeño ataque de nostalgia.
Fue un partido espeso, como toca a estas alturas de la pretemporada y del verano, pero con malas noticias para el Dépor, que fue perdiendo futbolistas por lesión. En estos partidos, los entrenadores dudan entre pedir a sus futbolistas que lleven a cabo sus órdenes o que eviten lesiones. Para el equipo de Hidalgo, para Riazor, el partido contra el Real Madrid era un prólogo a lo que viene, un modo de celebrar el regreso a la élite. Y, aunque acabó el choque con derrota, el conjunto gallego puede salir satisfecho porque no dejó que el Real Madrid apenas le hiciese daño y pudo empatar cuando el choque se acercaba al final, pero Lunin lo evitó. El guardameta sabe lo que le toca este año con Mou en el banquillo: lo mismo que en los otros.
El Real Madrid salió con un 4-2-3-1, con Endrick de delantero y con Bernardo Silva jugando junto a Camavinga en el motor de máquinas. Esa fue la otra gran pista. El portugués ha llegado para ser el futbolista que cosa al equipo. Camavinga está jugando mucho esta pretemporada, pero tiene toda la pinta de que es una pista falsa. Estuvo bien el francés, aunque no pudo evitar dejar algún despiste en la salida de balón que cerca estuvo de costar caro.
El Real Madrid no sufrió ni tampoco hizo sufrir en exceso a un rival ordenado y con más motivación. Las ocasiones fueron escasas y en lo que más destacó Endrick fue en golpear a los jugadores rivales. Con el paso de los minutos llegaron los múltiples cambios, que desvirtuaron definitivamente el partido. Eso sí, el Real Madrid cambió a un sistema con tres hombres en el centro del campo, con Camavinga en la base y con Bernardo Silva y Fede Valverde por delante de él.
A Mou le queda otro partido de laboratorio. Después, ya, todo se pone serio.