Ceuta vive una situación crítica que ya recuerda a la vivida en 2021. Cada día, decenas de personas, muchas de ellas menores, se lanzan al mar para huir de la pobreza y atravesar a nado la frontera que separa Marruecos de España. La noche del pasado miércoles fueron más de 200. El CETI de la ciudad ya está desbordado y todo indica que la situación empeorará en los próximos días. En las playas marroquíes aguardan más de mil personas dispuestas a cruzar a nado hasta la costa española. Ante la expectativa de una llegada masiva de migrantes, el gobierno ceutí ha reclamado un mando único que permita afrontar una crisis que supera las capacidades de la ciudad autónoma, pero el Gobierno lo ha rechazado.Esta crisis migratoria debe abordarse con responsabilidad y realismo. Que cientos de personas estén dispuestas a arriesgar su vida para huir de su país de origen constituye una tragedia moral. Cada migrante es un ser humano con una historia propia, casi siempre dramática, y el desafío migratorio solo puede afrontarse desde la protección de su dignidad. Este principio no es contrario al hecho de que las fronteras deben respetarse y que cada Estado debe administrar la entrada de personas a su territorio. Respetar ambos principios es tan complejo como imprescindible. Para ello, el Gobierno central debe disponer cuantos medios sean necesarios y Europa debería asumir como prioridad la gestión de esta frontera tan excepcional. Defender la dignidad de cada persona y garantizar el respeto a la legalidad son exigencias inseparables del bien común que merecen una atención política prioritaria y un debate público sincero, responsable y sereno.
Ceuta vive una situación crítica que ya recuerda a la vivida en 2021. Cada día, decenas de personas, muchas de ellas menores, se lanzan al mar para huir de la pobreza y atravesar a nado la frontera que separa Marruecos de España. La noche del pasado miércoles fueron más de 200. El CETI de la ciudad ya está desbordado y todo indica que la situación empeorará en los próximos días. En las playas marroquíes aguardan más de mil personas dispuestas a cruzar a nado hasta la costa española. Ante la expectativa de una llegada masiva de migrantes, el gobierno ceutí ha reclamado un mando único que permita afrontar una crisis que supera las capacidades de la ciudad autónoma, pero el Gobierno lo ha rechazado.
Esta crisis migratoria debe abordarse con responsabilidad y realismo. Que cientos de personas estén dispuestas a arriesgar su vida para huir de su país de origen constituye una tragedia moral. Cada migrante es un ser humano con una historia propia, casi siempre dramática, y el desafío migratorio solo puede afrontarse desde la protección de su dignidad. Este principio no es contrario al hecho de que las fronteras deben respetarse y que cada Estado debe administrar la entrada de personas a su territorio. Respetar ambos principios es tan complejo como imprescindible. Para ello, el Gobierno central debe disponer cuantos medios sean necesarios y Europa debería asumir como prioridad la gestión de esta frontera tan excepcional. Defender la dignidad de cada persona y garantizar el respeto a la legalidad son exigencias inseparables del bien común que merecen una atención política prioritaria y un debate público sincero, responsable y sereno.