No hace falta comprar una entrada para escuchar ópera este verano en Las Palmas de Gran Canaria. Basta con darse una vuelta por Triana y tener la suerte de coincidir con una de las voces más reconocibles —y peculiares— de la calle.
No hace falta comprar una entrada para escuchar ópera este verano en Las Palmas de Gran Canaria. Basta con darse una vuelta por Triana y tener la suerte de coincidir con una de las voces más reconocibles —y peculiares— de la calle.
Se llama Iván y se da a conocer como Iván de Storm Opera. Este turista alemán ha convertido la céntrica vía de la capital grancanaria en su particular escenario, cantando a pleno pulmón algunos de los grandes clásicos del repertorio popular a cambio de unas monedas.
Este julio y agosto de 2026, sus actuaciones están volviendo a llamar la atención entre quienes pasean por la zona. Y no es difícil entender por qué. En medio del ruido de tiendas, conversaciones y pasos apresurados, de repente aparece una voz que parece querer competir con el mismísimo Luciano Pavarotti.
De repente, Triana se convierte en un teatro de óperaLa escena suele comenzar sin previo aviso. Entre comercios y terrazas, la voz de Iván se eleva por encima del bullicio de Triana. Una de las piezas que ha interpretado es el célebre ‘O sole mio’, canción napolitana convertida durante décadas en terreno habitual para algunas de las grandes voces de la lírica.
Y entonces ocurre algo curioso. Personas que iban de compras frenan el paso. Otras sacan el móvil. Algunas simplemente se quedan mirando, sorprendidas por encontrarse una actuación así en mitad de la calle.
Durante unos minutos, Triana deja de parecer una zona comercial y se transforma en una especie de Teatro alla Scala sin butacas, sin telón y con escaparates como decorado.
Iván de Storm Opera, el tenor callejero de TrianaIván ya había llamado la atención años atrás por sus actuaciones en Las Palmas de Gran Canaria. Su fórmula es sencilla: voz, repertorio operístico y una gorra donde quienes disfrutan de la actuación pueden dejar algunas monedas. No hay focos ni orquesta. Tampoco una platea en silencio.
Su escenario está rodeado de tiendas, viandantes y turistas que pasan a pocos metros, pero eso no parece restarle entrega. Cuando empieza a cantar, lo hace como si delante tuviera un patio de butacas completo.
Y quizá ahí esté buena parte de su encanto.
Un pequeño Pavarotti entre compras y terrazasLa comparación con Pavarotti es inevitable, aunque solo sea por el repertorio, la potencia de la voz y ese gusto por las melodías capaces de hacer girar cabezas a distancia. Naturalmente, Triana no es Módena ni la Arena de Verona. Pero cuando Iván alcanza una nota y varias personas se detienen para escucharlo, durante unos segundos importa bastante poco.
El público improvisado responde como lo haría en cualquier teatro: móviles levantados, miradas de sorpresa y aplausos cuando termina la pieza.
La diferencia es que aquí nadie ha tenido que vestirse de gala ni reservar asiento.